Red Avispa: Mitos y trastiendas

Las referencias a la Red Avispa han vuelto a aflorar esta semana en un foro en Washington DC, en vísperas de cumplirse 28 años del desmantelamiento de esa organización de espionaje en el sur de Florida.
Los últimos tres espías liberados por Estados Unidos junto a Raúl Castro tras el regreso a Cuba, en diciembre de 2014. Foto: Estudios Revolución.

En la estela del Informe del Departamento de Estado que calificó a la Red Avispa como “una de las más grandes redes de espionaje cubano destapadas en suelo americano”, pero sin referencia a cuáles son las otras identificadas, el tema ha vuelto a aflorar en un foro en Washington DC, en vísperas de cumplirse 28 años del desmantelamiento de esa organización criminal en nuestros predios.

Las referencias a la Red Avispa se escucharon en el foro “¿El enemigo interno?”, que tuvo lugar esta semana en la sede de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) en Washington DC, como ejemplo de “que la inteligencia cubana es una de las más efectivas del mundo”, a pesar de que su banda más famosa, The Cuban Five, no se encumbró por espiar con pericia, sino en virtud de mera agitación y propaganda.

El sábado 12 de septiembre de 1998, una redada del FBI atrapó a diez espías de Fidel Castro en el sur de Florida. Ya en el trayecto a la cárcel federal en Miami, el presunto jefe de la red, Gerardo Hernández Nordelo, alias Giro, confesó al agente especial del FBI Oscar Montoto: “De colega a colega, usted sabe que no puedo discutir nada”. Y antes de entrar a la cárcel preguntó: “¿Cuál de nosotros la cagó?”

Montoto repuso que no sabía, pero la respuesta era que todos.

Ambos deslices indican por qué los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) no debían vanagloriarse de tener a Hernández Nordelo como Coordinador Nacional e ingrediente gourmet de la caldosa septembrista: Giro ilustra ejemplarmente la cagazón de no cumplir bien las tareas del giro, aunque sean de la revolución.

(Des)orden terminante

Siendo capitán de los Servicios de Inteligencia de Castro (SICA), Giro posó en Estados Unidos como el artista gráfico cuentapropista Manuel Viramontes, oriundo de Texas y aplatanado en Puerto Rico. A este oficial ilegal —sin disfraz diplomático— el Centro Principal de la Dirección de Inteligencia (CPDI) dio la orden tajante de que, si caía preso, jurara por su madre que era Viramontes. Y si se comprobaba que no lo era, tenía entonces que jurar por la Virgen de la Caridad del Cobre que era el marielito Roberto García Fernández.

Los diez primeros detenidos de la Red Avispa, identificados con sus alias. Foto: TMH.

Esta leyenda básica incluía haber comprado en $2,500 la documentación falsa de Viramontes a un desconocido, así como recitar este cuento del CPDI: “[Tras] los hechos en la embajada del Perú, viniste en un barco comandado por un negro fuerte con bigote, que dirás creer ser un cubano, y que para evitar las multas aplicables a los que traían cubanos, te dejó clandestinamente junto a un grupo de siete en un punto de la costa sin documentación alguna”.

Tres lindas corazonadas

Además de revelarse enseguida como agentón frente a Montoto, Giro cometió otros errores que, junto a deserciones y pifias de sus subordinados, atrajeron la atención de la contrainteligencia estadounidense. Sin embargo, la tradición cubiche de los héroes inservibles exalta a The Cuban Five (o Los Cinco) por pasar años y más años en prisión sin rajarse, aunque hayan caído en ella por meter la pata.

El CPDI previó tres posibilidades de que Giro fuera arrestado: al contactar con algún agente bajo su control, verse con diplomáticos cubanos o caer en el jamo de la policía local por accidente de tránsito u otra eventualidad. En todo caso Giro tenía que plantarse como Viramontes y sólo en última instancia echar mano a la leyenda del marielito. Incluso disponía de otra leyenda de emergencia si veía acercarse mucho la candela: adoptar la identidad del puertorriqueño Daniel Cabrera, residente en West Palm Beach, y largarse de vuelta a Cuba.

Los espías de Castro (2020). Ilustración: ENDAC.

Pero Giro no espantó la mula ni siquiera al recibir, el 4 de septiembre de 1998, un aviso alarmante de otro oficial ilegal de la Red Avispa, Ramón Labañino [Allan], quien reportó que su maletín con computadora y discos había sido robado de la habitación del hotel de Oakland [California] donde paraba.

Giro se quedó y Allan regresó a su apartamento de 1776 Polk Street en Hollywood, Florida, justo a tiempo para ser atrapado con Giro y ocho más en la tarraya que el FBI tiró desde allí hasta la casa de la novia de Antonio Guerrero (Lorient) en Big Pine Key, a unas 140 millas [224 km] en línea recta hacia el sur.

Sorpresas de la vida

Giro distaba mucho de ser buen seguroso. Al CPDI informó que no sabía bien si la pérdida de su computadora en México se debía a robo o extravío; ya en Estados Unidos echó a perder su beeper por tirarse a la piscina con él metido en un bolsillo del short y en otra ocasión tuvo que hacerse el hara-kiri por extraviar un ID falso.

Vale recordar que el escrutinio y control del FBI sobre la red se hizo efectivo a partir de 1996, tras el derribo de las avionetas de la organización Hermanos al Rescate por cazas de la fuerza aérea cubana. Aunque las autoridades estadounidenses tuvieron conocimiento de la existencia del entramado de espionaje en el sur de Florida desde 1993, no sería hasta después de ocurrir el dramático hecho del 24 de febrero de 1996 que las evidencias confrontadas por el FBI en relación con una pifia de uno de los oficiales ilegales de la red, movilizaron la acción contra los espías cubanos.

Aquel sábado 12 de septiembre, Giro fue sacado tempranito de su cama. Agentes del FBI habían estado visitando durante tres años su apartamento de un solo cuarto en 18100 Atlantic Boulevard, North Miami Beach, que había rentado por $580 al mes, sin preocuparse por instalar protección contra intrusos.

Este jefe de red ni siquiera exigía compartimentar información. Algunas avispas se conocían y hasta se metían tupes entre sí; sus correos electrónicos despedían con frecuencia el tufo de panfleto castrista. Entretanto, los agentes del FBI dieron en el apartamento de Giro con una bandeja que, en sección secreta, guardaba papeles comprometedores; copiaron miles de páginas almacenadas en disquetes de computadora, grabaron llamadas telefónicas y descifraron mensajes en clave.

Razón de ser

El 19 de octubre de 1998, Fidel Castro declaró a CNN en Oporto, Portugal, que sus SICArios se habían infiltrado tan sólo entre grupos de exiliados en Estados Unidos para “conocer las actividades terroristas que desde allí se organizan y se financian contra Cuba”. Remachó con que “no nos interesan en absoluto informaciones militares”, pero los mensajes del CPDI descifrados por el FBI revelan operaciones que desmitifican la exclusividad antiterrorista de la red, por ejemplo:

  • Operación Surco: “El objetivo principal es lograr la penetración del Estado Mayor del Comando Sur, el cual comienza a funcionar en la nueva construcción radicada en Miami a partir de septiembre de 1997”. Desde mediados de 1996, los agentes Joseph Santos [Mario] y Amarylis Silveiro [Julia] venían realizando tareas de levantamiento operativo del área [El Doral, Florida], adonde se trasladaría desde Panamá el cuartel general del Comando Sur.
  • Operación Aeropuerto: “El objetivo fundamental de la operación es radicar a Antonio Guerrero en Key West a fin de llevar a cabo la penetración y obtención de información de la estación aeronaval [Boca Chica]”. Lorient, ciudadano americano por nacimiento (Miami, 1958), se avecindó en Cayo Hueso luego de breve estancia (1991-92) en Panamá y consiguió trabajo en dicha estación.

Por eso sería importante a los efectos de la documentación histórica que el proyecto de publicar íntegros en un compendio todos los mensajes intercambiados entre la Dirección de Inteligencia y los oficiales ilegales de la Red Avispa –más de 5 mil páginas descodificadas por el FBI como evidencia de los juicios a los Cinco– pueda llevarse a vías de hecho. Constituiría un valioso aporte a la verdad histórica que queda por registrar y un justo esclarecimiento de los reales propósitos de esta trama de espionaje en favor del pueblo cubano.

Toda la pimpante agitprop sobre Los Cinco gira en torno al absurdo de que los oficiales y agentes de inteligencia de un Estado pueden infiltrarse en otro sin que tengan que arrear como reos de espionaje al ser cazados.

Para incurrir en el delito de espionaje no importa el resultado, sino el acuerdo y la intención. Basta estar al acecho con ánimo de proceder “to the injury of the United States or to the advantage of a foreign nation” (18 U.S.C. § 794). Así que, aunque no causaron daños ni perjuicios a Estados Unidos, pues nunca obtuvieron información clasificada ni pusieron en peligro la seguridad nacional, las avispas perpetraron el delito de espionaje por actuar a favor de nación extranjera.

Mejor en pareja

Esta red tuvo la ventaja táctica de reclutar una cohorte de ciudadanos americanos por nacimiento, como René González (Chicago, 1956), Linda Hernández (Nueva York, 1957) y George Garí (Brooklyn, 1957), quienes de chiquitos habían sido repatriados a Cuba, pero ya mayorcitos regresaron a Estados Unidos para espiar a favor de Castro. Así mismo aprovechó la ventaja del espionaje en pareja. Al panal llegaron o estuvieron a punto de llegar al menos estos matrimonios:

  • Gerardo Hernández [Giro] y Adriana Pérez [Bonsai] afrontaron la cuita de que estando ella lista para entrar en Estados Unidos, el FBI se llevó en la golilla a su esposo.
  • Joseph Santos [Mario] y Amarylis Silverio [Julia], profesores de disciplinas de computación en la Universidad Central de Las Villas (Santa Clara), vinieron a Estados Unidos en 1993 para reorientarse al espionaje y encajarían, respectivamente, cuatro y tres años y medio de cárcel en virtud de pacto de culpabilidad con la fiscalía.
  • Nilo [Manolo] y Linda [Judith] Hernández, pactaron igualmente con la fiscalía para rebajar sus condenas a siete añitos.
  • George [Luis] y Marisol [Margot] Garí, fueron detenidos en Orlando, Florida, casi tres años después de la redada de 1998, se declararon culpables y cumplieron siete y tres años y medio, respectivamente.
  • Daniel Rafuls [José] y Vivian Sabater [Tania], profesores de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, entendieron el riesgo en el recto sentido aristotélico de acercarse lo terrible y espantaron temprano a Cuba.
  • Edgerton Ivor Levy [Ariel] y su esposa Ivette Bermello [Laura], profesores también de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, optaron igualmente por seguir a Aristóteles, pero en eso de que el cambio siempre es dulce: acudieron al FBI a poco de poner los pies en Estados Unidos y fueron las piezas clave para la identificación y seguimiento de la red.
  • René González [Castor] y Olga Salanueva [Ida] corrieron distinta suerte. Aquel fue condenado a 15 años y sería el primero de Los Cinco que volvió a Cuba; ella estaba acabadita de llegar, pasó tres meses en prisión y salió deportada.

¿Cinco héroes al tiro?

La red dio pie incluso a una película de coproducción internacional: Wasp Network (2019), escrita y dirigida por el cineasta francés Olivier Assayas. El filme fracasó en la taquilla con sólo $1,541,687 recaudados, pero logró acomodarse en Netflix. Este thriller de espías infestado de drama coral tiene una escena ilustrativamente decepcionante en un ranchón-bar estilo Tiki (fotograma debajo).

Aquí Giro, Ida y Castor jaranean a gusto con el cáncer terminal de Jorge Mas Canosa, líder de la Fundación Nacional Cubano Americana, y se muestran poco sensibles con las explosiones en centros turísticos de Cuba entre abril y octubre de 1997, a sabiendas de que haberlas evitado era su responsabilidad, pues de lo contrario, ¿espías para qué?

Escena del file Red Avispa (2019). De izquierda a derecha, Gael García Bernal (Giro), Penélope Cruz (Ida) y Edgar Ramírez (Castor).

Tras cumplirse la profecía de Castro: ¡Volverán!, Los Cinco fueron sublimados en 2015 como Héroes de la República de Cuba, como si sus méritos extraordinarios pasaran de aguantar en prisión sin doblegarse, pero poco después de que fueran declarados culpables —el 8 de junio de 2001— por jurado en corte federal de Miami, Howard Hunt (1918-2007) puso en solfa a «esos cinco torpes [que] estuvieron andando de puntillas y haciendo espionaje simulado».

Así lo reportó la periodista Carol Rosenberg en “Plotter of Bay of Pigs, Watergate conspirator: ‘File and forget’ Castro” (The Miami Herald, 28 de junio de 2001). Y Hunt sabía de qué estaba hablando, no sólo por ser autor prolífico y reconocido de la literatura y el cine de espionaje, sino también porque antes de pasar 33 meses en chirona a consecuencia  de enredarse como “plomero” en el escándalo de Watergate, había sido uno de los leones tusados de la CIA en los tiempos de guerra más abierta entre Estados Unidos y Cuba, que no convino recordar en el trompeteado informe del Departamento de Estado sobre la capital del comunismo del siglo XXI.

Hunt remachó tachando de ridículo que los contribuyentes de Estados Unidos pagaran los gastos de cárcel de Los Cinco y apuntó que la opción racional sería cambiarlos por reos de Castro. Así fue al cabo de 13 años.

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