A la vuelta de medio siglo de la magna tragedia del 6 de octubre de 1976, continúa arrastrándose por entre mentideros y redes sociales que la voladura de la aeronave civil DC-8-43 en el vuelo 455 de Cubana de Aviación, a poco de despegar del aeropuerto Seawell de Barbados fue una operación de falsa bandera urdida por Fidel Castro.
Todavía circula la ficción de que agentes de la Dirección General de Inteligencia (DGI) reclutaron al exiliado díscolo Ricardo Aníbal Morales Navarrete, alias El Mono, para que por $18 mil dólares perpetrara el crimen de Barbados, que arrojó el saldo de 73 muertos.
Semejante fábula tiene como única y exclusiva fuente al finado Luis Posada Carriles:
- En sus memorias —Los caminos del guerrero (1994)— Posada soltó que, a solas con él, El Mono confesó llorando haber cumplido aquel encargo criminal.
- En conversación con los periodistas Oscar Corral y Alfonso Chardy (“Posada speaks to Herald”, The Miami Herald, 17 de mayo de 2005), Posada aseveró que tenía un espía dentro de la embajada de Cuba en Caracas, quien proveyó intel de que, a principios de 1976, agentes de la DGI en Ciudad México habían pagado $18 mil dólares a El Mono para sabotear el avión.
La cadena
El Mono tenía la lengua suelta y eslabonó una confesión en privado y tres en público de su intervención en el crimen de Barbados, pero jamás implicó a la DGI:
- Caracas, octubre 23-24, 1976. Confía a su amigo Raúl Díaz haber planeado la voladura del avión con Posada, Frank Castro y Gustavo Castillo en el Anauco Hilton de Caracas. Díaz era oficial de la Oficina contra el Crimen Organizado del Departamento de Seguridad Pública de Miami-Dade y dio parte al FBI.
- Miami, diciembre 9-10 de 1981. Concede entrevista filmada al periodista Francisco Chao y asevera que la decisión de sabotear el avión se había tomado en reunión de la Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias (CORU), pero que Orlando Bosch —líder de CORU— y Posada eran inocentes. La entrevista se sacó del olvido en el programa “En una hora” (GenTV, Miami) a las cinco de la tarde del sábado 22 de enero de 2011.
- Miami, abril 5 de 1982. Depone como testigo de cargo, bajo juramento y con inmunidad,en la Causa 81-17247 (Estado de Florida) por narcotráfico y precisa que su misión había sido “vigilar los vuelos regulares y suministrar los explosivos a través de otro,” así como que Bosch no tenía responsabilidad alguna.
- Miami, diciembre 4 de 1982. Conversa con Humberto Estenoz, en entrevista para el periodiquito El Mundo, y puntualiza “que entre los detenidos [Bosch, Posada y los venezolanos Hernán Ricardo y Freddy Lugo] hay “tres inocentes y un culpable”, así como que eran cómplices el presidente Carlos Andrés Pérez y Orlando García Vázquez, jefe de la Dirección Nacional de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) de Venezuela.
El alegato de inocencia de Posada incluyó justificar el operativo de CORU con que Cubana de Aviación era un “organismo de la fuerza aérea” de Castro dedicado a transportar hombres y equipos a Angola. Igual justificación daría el comentarista radi(c)al Armando Pérez Roura a The Miami Herald, el 3 de abril de 1983.
Sin embargo, la inocencia de Posada y las justificaciones correlativas decaen frente a los eslabones forjados en el proceso judicial, como la confesión detallada de Hernán Ricardo, empleado de Posada, al lugarteniente de policía de Trinidad Tobago, Dennis Ramdwar, sin que nadie del G-2 de Castro anduviera por allí, y los documentos incriminatorios ocupados por la policía de Caracas en la casa de Posada, que doblaba como sede de su compañía anónima de Investigaciones Comerciales e Industriales (ICICA).
Por entre aplazamientos y cambios de jurisdicción, dictámenes periciales opuestos, fallos absolutorios revocados en apelación y otras peripecias procesales, la judicatura venezolana demoró más de una década en resolver el caso. Para julio de 1987 dictaba el fallo definitivo: Bosch salió absuelto por falta de pruebas; Ricardo y Lugo encajaron sendas condenas de 20 años, y la sentencia de Posada quedó pendiente porque se había fugado —en su tercer intento— de la cárcel de San Juan de los Morros (Guárico) el 8 de agosto de 1985.
El Mono
Desde fines de 1974, El Mono [AMDESK-1 para la CIA] servía como el comisario Moisés de la DISIP bajo el mando de García Vasquez [WKTANGO-1 para la CIA], quien a su vez era hombre de confianza del presidente Carlos Andrés Pérez. El comisario Moisés fue precisamente quien detuvo a Bosch y a Posada en Caracas tras la voladura del avión en Barbados.

El Mono debió haber nacido el 14 de junio de 1939 en La Habana y entrado al G-2 de Castro a los 20 años y pico, pero tuvo la ocurrencia de asilarse en la embajada de Brasil y el 29 de noviembre de 1960 estaba ya en Miami.
Aunque aparece en listas de la Brigada de Asalto 2506, su afiliación oficial a la CIA data del 10 de febrero de 1964, tras pasar satisfactoriamente el detector de mentiras e ingresar en el grupo de infiltración y sabotaje AMDESK.
Para septiembre del mismo año, El Mono se largaba como voluntario al Congo en misión internacionalista de la CIA. Al regreso sería apartado de la estación de la propia CIA en Miami (JMWAVE) por meter las narices en operaciones ajenas, que incluyó contactar a esposas de oficiales asignados.
En su reportaje “The Informant” (Harper’s, Volumen 264, Número 1580, enero de 1982, pp. 29-39), el escritor free lance John Rothchild refirió que, antes de conseguir empleo con Vázquez, El Mono se había reorientado ya en Estados Unidos hacia la carrera de informante, que ejerció con el FBI, el Buró de Narcóticos y Drogas Peligrosas (BNDD, rebautizado como DEA hacia 1973), t los servicios de Rentas Internas (IRS) y de Aduana (USCS)…
En calidad de informante del FBI, El Mono fue testigo de cargo en el juicio penal contra Bosch, jefe del grupo anticastrista beligerante Poder Cubano, por agujerear el casco de un carguero polaco —el 16 de septiembre de 1968 en el puerto de Miami— con disparo de cañón sin retroceso de 57 mm. De ahí que, al toparse el 8 de septiembre de 1976 en el aeropuerto de Maiquetía con El Mono y pedirle este que lo perdonara, Bosch soltó: “Perdón sí, pero olvido no”.
El 20 de diciembre de 1982, El Mono llegó al restaurante-bar Rogers on the Greens, en Key Biscayne, Florida, con Nancy Cid, exesposa de Juan Cid, codueño del establecimiento, contra quien ella pleiteaba aún la custodia de los hijos. En conato de bronca con el detective privado Orlando Torres, El Mono hizo un ademán hacia el tobillo y no pudo completarlo al anticipársele un balazo de Torres en la cabeza, una acción que las autoridades consideraron en legítima defensa.
Hipótesis primaria
Tal como la intervención de la DGI en el crimen de Barbados es puro embuste de Posada, la culpa que Castro descargó sobre la CIA no tiene mínimo cuanto de prueba. La mejor explicación sigue siendo que militantes anticastristas inclinados a compensar con explosivos el déficit de fuerza política y militar para tumbar a Castro, incluyeron aquel avión entre sus objetivos de guerra.

Y de nada vale el aviso confidencial que –el 9 de octubre de 1976– recibió el ataché legal (FBI) de la embajada americana en Caracas, Joseph Leo, acerca de que la acción había salido mal porque la voladura debió sobrevenir con el avión en tierra y al parecer no se había ajustado bien el mecanismo de tiempo.
El monumento principal que recuerda a las 73 vIctimas del atentado en Barbados fue erigido en 1998 en Paynes Pay, Saint James, muy cerca de Bridgetown. Forma parte de nuestra interminable tragedia, que cobra desde hace tiempo dimensiones transnacionales.
En la historia de Cuba, de cualquier lado que se escriba con apego a las evidencias verificables, permanecerá como un crimen horrendo.
ENTREVISTA A RICARDO MORALES NAVARRETE, EL MONO, EN 1982