
Por Juan Reynaldo Sánchez*
El anuncio de la designación de Orlando Borrego Díaz como asesor del gobierno de Nicolás Maduro como «hombre para la «restructuración» del andamiaje administrativo y económico del chavismo ha desatado una ola de especulaciones y juicios a partir de los datos biográficos -tomados casi todos de versiones oficiales- que circulan acerca de este oscuro personaje.
No voy a repasar ni a cuestionar la sucesión de hechos y andanzas que se vienen mencionando en relación con Borrego. No estaba al tanto de la trayectoria del contador y lugarteniente del Che Guevara devenido doctor en Economía y prolífico autor en años recientes. Pero la vuelta de Borrego a la palestra política me ha remontado en la memoria a 1977, justamente el año en que fui promovido al primer anillo de la escolta personal de Fidel Castro.
Hasta ese momento desconocía de la existencia de Borrego. Pero al llegar a la Seguridad Personal conocí a Cesareo Rivero Crespo, Esteban Brito Lorenzo y Elvin Fontaine Ortiz, tres oficiales que habían ingresado a la escolta de Fidel Castro. Los tres habían formado parte del cuerpo de seguridad del Che hasta que el guerrillero argentino saliera de Cuba.
Dibujando al personaje
En varias conversaciones sostenidas con el trío de ex escoltas del Che por esos días, Borrego fue dibujándose ante mí como un personaje siniestro. Una suerte de Fouché con habilidad suficiente para asegurarse su supervivencia a toda costa y mantenerse en posiciones de poder, astuto y ágil para mover los hilos de la maldad.
Borrego se incorporó a la columna «Ciro Redondo» al mando del Che a fines de 1958 y llegó a obtener los grados de primer teniente del Ejército Rebelde.
Después del triunfo revolucionario de 1959 se instaló en la Fortaleza de La Cabaña de La Habana con su jefe y fungió como su ayudante personal en aquella etapa. No obstante, su ayudantía fue algo más que una función de auxiliar, pues en virtud de su instrucción educacional Borrego cumplió -por órdenes directas del Che- otras horrendas misiones.
Fue así como con apenas 21 años, el Che lo nombró como juez comisionado de los tribunales revolucionarios, a pesar de que no tenía entrenamiento legal o judicial.
Y vino entonces una ola de fusilamientos que impuso el terror en el país como vía expedita para mantener el poder revolucionario. Debe recordarse que hasta ese momento no existía la pena de muerte en Cuba, pues la Constitución de 1940 la prohibía en su Artículo 25. De modo que el gobierno revolucionario se dio a la tarea de modificar el legado de la Carta Magna y el 10 de enero de 1959 se promulgó una nueva ley tratando de dar viso legal a la pena de muerte y su aplicación retroactiva (las leyes se aplican retroactivamente solo y cuando sea de beneficio para el reo, pero con Fidel Castro resultó todo lo contrario).
Fusilamientos ordenados
Recuerdo que cada vez que a Fidel Castro le hablaban sobre la cantidad de fusilamientos en Cuba durante los primeros años de la revolución, siempre ponía la excusa que en la historia de la humanidad hubo revoluciones más sangrientas que la cubana, entre ellas la revolución francesa, que llevó a la guillotina entre 20 y 30 mil personas. (Curiosa justificación revolucionaria: las víctimas de la guillotina francesa fueron sentenciadas por tribunales revolucionarios como los constituidos en Cuba a comienzos de 1959).
Los testimonios de mis colegas de la escolta daban cuenta de que en esos nefastos días, el Che y Borrego se reunían con jueces y fiscales para determinar de antemano las sanciones de los encarcelados en La Cabaña. Ambos instruían a los miembros de los tribunales con la máxima de que «no se preocupen tanto por las pruebas, preocúpense si es necesario fusilarlos o no».
De esa manera al menos 79 reos fueron condenados a la pena de muerte por fusilamiento. La cifra registra los fusilamientos en solo 10 meses, entre 1959 y 1960, lo que arroja un alarmante promedio de siete fusilamientos mensuales.
Por si fuera poco, Borrego también formaba parte de la comisión de apelaciones que presidía el Che para los casos de pena de muerte. De los más de 79 casos evaluados ninguno obtuvo la revocación de la sanción máxima.
Borrego también acompañó al Che en el Ministerio de Industrias, fue viceministro de la Industria Azucarera y asesor del Consejo de Ministros,
Desde entonces, con más o menos visibilidad, Borrego comenzó a encadenar su aval de economista. Un economista de la planificación socialista cuyos «éxitos» no pueden contabilizarse en resultados concretos, ni sus teorías librescas han demostrado hasta hoy efectividad alguna en el acontecer cubano.
Las reseñas de presentación que leo a propósito de su misión en Venezuela insisten en rescatar sus vínculos con el sector económico y en relacionar sus libros de economía política del socialismo. La parte que no leo en la biografía del asesor cubano -y en lo que Borrego demostró ser tenebrosamente eficaz- es la de su responsabilidad en los encarcelamientos, los procesos judiciales fraudulentos y la determinación para avalar fusilamientos, como me contaron los exescoltas del Che hace más de 30 años.
Cabría preguntarse en esta hora, cuál es realmente la asesoría que busca Maduro de Borrego.
*Juan Reynaldo Sánchez perteneció al cuerpo de seguridad personal de Fidel Castro entre 1968 y 1994, con grado de teniente coronel. Fue destituido y cumplió prisión en Cuba. Logró abandonar la isla en el 2008 y actualmente reside en Miami. Su libro testimonial La vida oculta de Fidel Castro, en colaboración con el periodista Axel Gylden, acaba de publicarse en Francia por la editorial Michel Lafon.
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