Un estudio independiente sobre la alarmante situación de Cuba afirma que la intervención de Estados Unidos es la variable con mayores probabilidades para superar la crisis política, económica y humanitaria que golpea a la isla, y evitar así la desaparición de la nación cubana.
El dossier Intervención en Cuba: ¿indeseable, preferible o imprescindible?, publicado por el laboratorio de ideas Cuba Siglo 21, reabre uno de los debates más controvertidos y emocionalmente polarizados de la actualidad cubana ante la posibilidad de una intervención estadounidense.
Encuestas recientes citadas por el estudio y realizadas con participación mixta de residentes en Cuba y en la diáspora sugieren que una parte significativa de la población contempla favorablemente esa posibilidad ante el deterioro acelerado de las condiciones de vida y la ausencia de perspectivas de cambio.
“Cuba atraviesa una crisis existencial comparable —e incluso superior— a la de finales del siglo XIX y dadas las condiciones actuales, la ayuda decisiva de Estados Unidos constituye la variable con mayores probabilidades de conducir a una Cuba libre y próspera”, afirma el documento, elaborado por el historiador y analista político Juan Antonio Blanco, residente en Miami.
La tesis del estudio desafía frontalmente décadas de narrativa oficial sobre soberanía y patriotismo, y sostiene que el debate contemporáneo no gira en torno a preferencias ideológicas ni a simpatías hacia Washington, sino a la pregunta concreta y urgente de si un pueblo empobrecido, desarmado, fragmentado y sometido por un aparato represivo puede por sí solo rescatar la soberanía perdida?
El espejo de 1898
Blanco, establece un paralelismo directo entre la situación cubana actual y la crisis de la guerra de independencia, y recuerda que, a finales del siglo XIX, los independentistas cubanos enfrentaban un escenario devastador: hambre, epidemias, destrucción económica y una guerra que para muchos aun no tenía un desenlace claro contra una potencia colonial militarmente superior.
El texto sostiene que la intervención estadounidense de 1898 no fue un hecho impuesto desde Washington ni un accidente histórico, sino “el resultado de una gestión deliberada de algunos de principales líderes mambises y representantes en Estados Unidos del Partido Revolucionario Cubano”.
“Máximo Gómez, Tomás Estrada Palma y otros habrían concluido a fines de 1896 que alcanzar una victoria exclusivamente con sus propias fuerzas y a corto plazo era una perspectiva incierta y comenzaron a impulsar activamente la participación estadounidense”, asegura el autor.
De acuerdo con Blanco, esa reinterpretación histórica conduce a una afirmación particularmente provocadora del documento: bajo los parámetros discursivos del gobierno cubano, pues próceres independentistas como Máximo Gómez e incluso Antonio Maceo serían hoy catalogadas como “traidores” o “anexionistas”.
El dossier señala que Antonio Maceo celebró el cambio político que representó la elección del presidente estadounidense William McKinley y llegó a difundir entre sus tropas la expectativa positiva de una intervención norteamericana, mientras Gómez y Estrada Palma realizaban gestiones diplomáticas para materializar ese apoyo.
“Lo que hoy está en discusión es la viabilidad misma de la nación cubana en el siglo XXI”, agrega el documento.
Ley Helms-Burton: ¿garante de soberanía?
Frente a la narrativa oficial que presenta cualquier injerencia externa como el fin de la nación, el estudio sostiene que existen mecanismos legales diseñados precisamente para proteger la soberanía cubana.
Blanco asevera que al igual que la Enmienda Teller en 1898 garantizó que Estados Unidos no se anexaría la isla, la actual Ley Helms-Burton rige la política estadounidense hacia Cuba bajo el compromiso de que, tras una fase inicial de estabilización, se convoquen elecciones libres para devolver el control soberano al pueblo cubano.
“El temor a la anexión es identificado como un recurso de propaganda vacío, ya que hoy ninguna fuerza política relevante en Estados Unidos desea asumir la carga fiscal y migratoria que supondría integrar como ciudadanos a millones de ciudadanos empobrecidos”, considera el autor.
La manipulación del temor
El documento dedica una parte importante a desmontar lo que denomina “la manipulación del temor”. Según Blanco, el gobierno cubano y sectores afines han convertido el miedo en herramienta política para desacreditar cualquier debate sobre apoyo externo.
La idea de anexión, las advertencias sobre inevitables masacres indiscriminadas por tropas extranjeras, el supuesto futuro saqueo económico por Estados Unidos y los cubanoamericanos o la noción de que el pueblo resistiría ferozmente una intervención son presentadas por el dossier como recursos propagandísticos dirigidos a bloquear el debate.
El dossier afirma que la idea acerca de la posibilidad de algún tipo de intervención o apoyo coercitivo estadounidense se ha ido “normalizando” dentro y fuera de Cuba.
Para Cuba Siglo 21, la discusión dejó de pertenecer al terreno de lo impensable y en 2026 entró en la Ventana de Overton de criterios razonables.
Un debate abierto
Blanco considera que mantener el statu quo resulta inviable y que la oposición basada exclusivamente en denuncias, protestas pacíficas y llamados al diálogo difícilmente logrará alterar por si sola el equilibrio de poder existente. Tampoco un pueblo hambreado, desarmado y desconectado puede vencer por sí mismo la brutalidad del aparato represivo.
El estudio identifica como escenario más probable y con mayores posibilidades de éxito una combinación de protestas masivas internas protegidas por el apoyo coercitivo –incluso militar– de Estados Unidos y su capacidad de castigar las fuerzas represoras de manera selectiva.
El dossier persigue un objetivo evidente: romper silencios, abrir el debate y obligar a replantear viejas certezas sobre patriotismo, soberanía y las lecciones históricas de 1898.
“En un país donde el agotamiento social y la desesperanza crecen al mismo ritmo que la crisis, la pregunta que deja abierta resulta incómoda pero difícil de eludir: si los mambises pidieron ayuda cuando la libertad parecía inalcanzable, ¿por qué hoy se pretende que ese debate continúe siendo un tabú?”, se cuestiona el documento.