En 1976 la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) publicó Pablo Milanés (LD-3556) con arreglos de Eduardo Ramos y Emiliano Salvador. En sus notas discográficas el poeta y ensayista Guillermo Rodríguez Rivera afirmó de manera rotunda: “Nuestra vida está en estas canciones. La vida como la sentimos (como la vivimos) los hombres de esta tierra y de este instante”.
Con la dirección musical de Rafael Somavilla y Tony Taño, el tercer LP de Pablo lo componen diez canciones, cuatro de ellas de corte puramente político y el resto, digamos, más filosóficas y existenciales como, por ejemplo, “El tiempo, el implacable, el que pasó” o la erótica “Acuéstate, hazme sentir y derramarme en cada poro de tu cuerpo”:
En posición horizontal
hay pocas cosas que inventar.
Se puede amar,
dar rienda suelta al sexo.
Brillante en su concepción y ejecución, el disco contiene una pieza menos difundida que “Para vivir”, pero igualmente reveladora y cuya historia de fondo nos permite acercarnos a una de las mujeres más hermosas de La Habana setentera: Zoe Álvarez Rodríguez.

“Llegaste a mi cuerpo abierto” es el cuarto tema de la cara A en el original de 33 rpm que lanzó el sello Areíto y lo que se grabó en apenas dos minutos y 27 segundos fue, esencialmente, una declaración formal de amor. Como esperando el nacimiento de algo maravilloso, el sonido triunfal de trompetas da paso a versos como estos:
Comenzar es desacierto
pisar en parajes blandos.
Y aunque me hunda hasta el fango
caminaré largo trecho.
El hombre que canta ha vivido otras experiencias sentimentales (“amada mía que estás en la tierra”, “tú me desnudas con siete razones”) y también ha sufrido el encierro en un campo de concentración. El mismo hombre que se contradice, se opone, que no le interesa la muerte amada, que le ha dado un giro a la canción de su país… ahora está enamorado. Y lo mejor todavía: ha entendido que “amor y belleza van contra las malas ideas”.
Tu cerebro, porque piensas
En 1967 Zoe tiene 22 años y es madre. Nacida en La Habana el 2 de mayo de 1945, la hija del asturiano José Manuel Álvarez y la cubana Delfina Rodríguez había sido educada en un colegio católico y con conocimientos elementales del ballet, pero nunca manifestó interés alguno por el mundo artístico hasta el día en que se cruzó por la avenida 23 con la famosa modelo y profesora Norka Méndez.
“Yo iba caminando por la Rampa y me paró una mujer con voz de mando que me dice: “¡Oye, ven acá! Camíname aquí. Vas a ganarte un billete si trabajas esta noche aquí en el Pabellón”, recordaría Zoe décadas después.

Su elegancia natural le abrió las puertas del modelaje, una profesión a menudo reducida al brillo artificial de la pasarela. En ese sentido, Zoe es una profesional de la imagen, si se quiere distinta a las de su generación y con otras pretensiones.
Aunque protagoniza portadas de revistas, calendarios, campañas publicitarias, en el taller experimental de diseño o el cabaret, Zoe parecía sentirse más cómoda detrás del lente que frente a él.
Empezará, primero, con retratos familiares hasta realizar fotorreportajes publicados en la revista RIL, del Ministerio de la Industria Ligera, y otros medios de prensa. Su trabajo le permite forjar amistades y vínculos dentro de la farándula habanera. Algunas de sus compañeras son rostros muy conocidos como es el caso de Luz María Collazo.
Por tanto, no es casual que a la altura de 1973 participe en las descargas que regularmente se realizan en la casa del tipógrafo y animador cultural Félix Ayón. Magnético y excelente anfitrión, el creador del Gato Tuerto lograba agrupar en su hogar a músicos, escritores, bailarines… No son pocos los artistas de esa época que hoy recuerdan con agrado y cierta nostalgia esos encuentros.
Pablo Milanés también es uno de los que acudirá, siempre que pueda, a la convocatoria de Felito y sus amigos. La amistad con el diseñador gráfico perdurará e incluso le rendirá homenaje en el disco Orígenes (PM Records, 1994) con el tema “Queridos muertos”.
En la casa de Felito, el bayamés conoce a Zoe. Ella tiene 28 años y él 30. Ese día hay risas nerviosas, intercambio de miradas y códigos que sólo ellos dos entenderán. Ha comenzado eso que llaman “amor para vivir”.
Romper es comienzo
Sin la necesidad de firmar diez papeles grises ante la iglesia, ni los hombres, Zoe y Pablo comienzan su relación. Desde 1976 y hasta finales de los años 80s, la presencia de Zoe quedó dispersa en la discografía del cantautor y su huella la encontraremos oculta tras metáforas y declaraciones de amor.
Si “Llegaste a mi cuerpo abierto” es una declaración en toda la regla, el próximo regalo es un himno. El quinto álbum en solitario de Pablo, titulado Aniversario I (LD-3805), grabado en los estudios de la EGREM y presentado en 1979, incluye “Amor” (primer tema de la cara B) y, por supuesto, está inspirado en Zoe.


Se trata de un halago invertido, toda una ironía poética que, finalmente, termina resaltando las virtudes de la amada.
“Para desmitificar aquella belleza, hice una canción significando todo lo contrario de lo que ella era”, confesaría el autor.
“Amor” terminó siendo una de las composiciones más hermosas de Pablo, cantada por intérpretes como Amparo Ochoa y Diego Torres.
Tu cerebro, porque piensas
porque es tu clave y motor.
Va generando la fuerza
que me hace humano y mejor.
A finales de 1980, el 28 de septiembre, le nace a la pareja una niña: Haydée, tocada por la magia fisonómica de su mamá y el talento musical del padre. Rodeada de viejos soneros y trovadores como Octavio Sánchez, “Cotán”; Luis Peña, “El Albino” o Miguelito Cuní, el camino de la niña no puede ser diferente y ya con diez años se escucha su vocecita en el tema “Canto a la abuela”, al lado de su progenitor.
Alejada del modelaje, más cerca de la fotografía y enfocada, ahora, en la crianza de su hija, Zoe pone todo su empeño en el crecimiento académico de Haydée. Está convencida de que será músico.
Más fotos y canciones
Como resultado de su gira por Cuba en 1980, la venezolana Lilia Vera graba a dúo con Pablo un disco que hoy podríamos considerar verdadera reliquia: Pablo Milanés y Lilia Vera. El pregón de las flores (LD-3988), también producido y distribuido por la EGREM.
Pablo asume temas del folclore venezolano y Lilia canta, con su voz y estilo muy característicos, algunas composiciones del cubano.
Según le contó la propia Lilia a la periodista venezolana Lil Rodríguez, fue Pablo quien organizó su estancia en la isla por espacio de un mes para hacer una pequeña gira por la zona oriental del país y grabar el disco.
“Luego cuando él regresó de su también gira cubana nos reunimos en su casa y me dijo: tengo una canción para ti: “Te quiero porque te quiero”, declaró la artista.
Claro que aquel número iba dirigido a Zoe y la intérprete venezolana, lo sabía. Estamos ante otra sentencia para abrirse de corazón a la madre de su hija:
No creo que tu belleza se marchite
si el peso de los años procuró
que otra belleza borre lo más triste
sólo lo más auténtico quedó;
vamos a ver.
Llegados a 1982 se publica el álbum Marta Valdés. Nuestros autores (Areíto-EGREM), en el que la pareja Pablo- Zoe tienen participación. Él interpretando algunos temas de la compositora y guitarrista, y Zoe como autora de los retratos de la propia Marta, Elena Burke, Miguelito Cuní, Miriam Ramos, Alina Sánchez y Argelia Fragoso.
Déjame celebrar la primavera
La relación ha sobrevivido diez años y en ninguna de las canciones dedicadas a Zoe aparece su nombre, ni tan siquiera en un estribillo. El pacto, previamente establecido, no se debe violar, ni se hará.
A la carga, otra vez, en 1984, el cantautor presenta Comienzo y final de una verde mañana (LD-4233), producido por Eduardo Ramos y con la dirección musical de Jorge Aragón. La cara B del disco lo abre uno de los temas de tono erótico-sensual más conocidos en la obra de un inspiradísimo Pablo, maestro en utilizar imágenes de la naturaleza para ensalzar las cualidades físicas y humanas de la mujer con la que comparte su intimidad.

La mención a “diez noviembres” así como la reiteración: “volver a repetirte que te quiero”, nos conecta a otra de sus canciones y revela la destinataria de aquella alabanza femenil.
A la postre, “Comienzo y final…” se convertiría en uno de los temas más aclamados por los seguidores de Milanés y versionado por artistas tan diversos como Caetano Veloso, el salsero Gilberto Santa Rosa, César López, Rosario Flores, Ivette Cepeda, Annia Linares, Haydée y Suyleen Milanés, José Ángel Trelles y Moneda Dura, entre otros.
Algo más que una canción
A punto de terminar la década de los 80s, el final de la relación entre Zoe y Pablo, se asoma. Han sido 16 años de entrega y pasiones desbordadas, pero el punto definitivo es inminente. Lo que empezó con una declaración y luego un himno, una oda, una reafirmación, terminó en una súplica directa y sin ambages: “Quiero recobrar lo que he perdido”.
En toda la canción está presente ese anhelo de recuperar y resarcir los olvidos que probablemente provocaron la ruptura. Pablo no se oculta en construcciones poéticas demasiado rebuscadas, necesita que su mensaje se entienda:
Quiero recobrar lo que he perdido
antes de que pierda de una vez
lo único que dentro de mi olvido
pudo sostenerme sin caer.
Con “Quiero ser de nuevo el que te amó”, último tema de la pentalogía musical inspirada en Zoe Álvarez —incluido en el álbum Proposiciones (LD-4566)— terminaba también una historia de amor y un sueño vivido con muchas ganas.
Quizás nunca sepamos cuántas canciones conservan la huella silenciosa de Zoe Álvarez. La realidad es que a través de estas cinco podemos medir la profundidad de una historia que trascendió la intimidad de una pareja y encontró abrigo en el universo musical Milanés.
Zoe Álvarez acaba de cumplir 81 años. En su casa de La Habana permanecen inéditas varias fotografías y portadas como testimonio gráfico de la mujer hermosa que fue musa de un gigante musical de nuestro tiempo.