
Por Eric Reynoso
Terminó el suspense: Villa Clara hizo ya las maletas y va de regreso a La Habana en las próximas horas tras quedar eliminado de la Serie del Caribe.
Los cubanos aguardaban por el desenlace de los partidos de la jornada para saber si se incluían entre los cuatro finalistas del torneo o tomaban el camino del retorno a casa, luego de un desempeño más que lamentable en su reaparición en el clásico beisbolero regional.
A primera hora, la victoria de 7×6 de los Tigres del Licey sobre los Naranjeros de Hermosillo dio un aliento a las esperanzas villaclareñas. Pero en la noche los Indios de Mayagüez le rompieron el invicto a los anfitriones Navegantes de Magallanes para sepultar las aspiraciones cubanas y mandar a Villa Clara al sótano del campeonato, al que regresaron tras 54 años de ausencia.
Un golpe para despertar
Aunque era posible, clasificar a una semifinal con 1-3 resultaba tremendamente engañoso.
Hubiera sido grandioso meterse en la discusión del título, toda vez que la última participación de un equipo cubano, en 1960, el Cienfuegos se coronó campeón. En 12 participaciones acumuladas hasta ahora en series del Caribe, Cuba había alcanzado siete títulos y nunca quedó fuera del podio de premiaciones.
Pero corren otros tiempos y la pelota cubana no está para ganar otra cosa que no sean lecciones y asimilar el golpe como un llamado a capítulo. La crisis de anquilosamiento del béisbol en la isla está en su punto y no se logrará salir de ella mientras no se asuma la necesidad de dar un giro radical, una verdadera vuelta de tuerca.
El papelazo de Villa Clara en Isla Margarita es para un análisis serio, más allá de la fábula de la oruga y la mariposa que nos propone el cronista del diario Granma, como para tranquilizar las almas trémulas y solas que alguna vez se tragaron el triunfo del amateurismo y aún no pueden sacudirse los viejos dogmas ideológicos.
El video de Gourriel
Un video de apenas cuatro minutos tomado en el estadio de Nueva Esparta a Yulieski Gourriel ilustra fehacientemente la indefensión y las trabas que han arrastrado a la pelota cubana hasta estos trances vergonzosos.
«No teníamos idea de cómo se jugaba aquí (…) Llegamos aquí sin conocer ningún contrario», afirma Gourriel, que dice haberse sentido muy incómodo enfrentando a compatriotas suyos que representaban los clubes rivales.
«Algo que nos chocó, de una manera u otra se había evitado y hasta pensamos que no iba a suceder… Para nosotros es algo difícil y tenerlos de contrario fue… no nos sentíamos bien», confesó Gourriel a los periodistas.
Ese encierro físico y mental, la mentalidad de coto cerrado que emana de sus declaraciones es un mal extendido entre los funcionarios y los atletas por largos años. El cambio que amerita el béisbol nacional no tendrá resultados al doblar la esquina, pero empieza por el primer paso.
El béisbol cubano necesita una apertura hacia el mundo, que implica confrontar con equipos de nivel, permitir la libre participación de sus jugadores en ligas profesionales con autonomía para el manejo de los contratos y dejar a un lado los controles gubernamentales sobre las decisiones de sus atletas, como si fueran peones de una ideología cautiva. Señores de La Habana, la pelota no puede dirigirse como se manda un ejército o se manipula una brigada especial de choque.
Ya Cuba está invitada para la 57 Serie del Caribe, a celebrarse en San Juan, Puerto Rico, en el 2015. Para entonces habrá que aspirar a algo necesariamente mejor.
Video con declaraciones de Yulieski Gourriel: