Un día en la vida de Fidel Castro: El cerco de la desmemoria

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Fidel Castro y Bernardo Benes en La Habana en 1978.

Por Miguel Fernández Díaz
El 8 de junio de 1959, Día del Abogado, Fidel Castro aprovechó la “oportunidad emocionante [de] hablarles a mis compañeros de profesión” en el Habana Hilton y soltó que nunca hubo “tantos abogados en un gobierno” como en el suyo. Agregó que los ministros solían llamar afectuosamente a Osvaldo Dorticós “El Congreso”, porque “es el que redacta las leyes y por cuyas manos pasan las iniciativas y las medidas legales”.
Para darse legitimidad, Castro refirió “que a una inmensa mayoría del pueblo no solo le faltaba la libertad, no solo le faltaba la seguridad, sino que le faltaba también el pan [y] esa inmensa mayoría del país había concebido una gran esperanza en la revolución”. También dijo algo que acabaría por volverse contra él mismo: su revolución tenía lugar en “una isla capaz de dar un modo de vida decoroso no a la exigua población de seis millones de habitantes, sino a una población cinco o seis veces mayor, con trabajo para todos, con riquezas para todos, con beneficios para todos”.
Aquel Día del Abogado -años más tarde se denominaría Día del Trabajador Jurídico- Castro entregó el premio (diploma y 100 pesos) a la mejor tesis de grado del curso anterior en la Escuela de Derecho (Universidad de La Habana), que correspondió a Bernardo Benes Baikowitz por su enfoque jurídico del capital de la sociedad anónima. Para entrar en el concurso, la novia de Benes había tenido que mecanografiar la tesis a tecla forzada.
Vueltas de la vida
Castro no se olvidaría de aquel abogado, que entró al bufete Zaydin y para 1960 marchaba al exilio, donde se hizo banquero y hasta se enroló en el comité de finanzas del Plan Torriente, concebido hacia 1970 para derrocar el gobierno revolucionario con expediciones desde países latinoamericanos. El 23 de agosto de 1977, Benes fue abordado en Panamá por dos oficiales del Ministerio del Interior (MININT): José Luis Padrón y Antonio de la Guardia, “el apoderado de Castro y su ayudante”, respectivamente, según el propio Benes en sus memorias.
Padrón y De la Guardia venían con la propuesta irresistible de montar el negocio redondo de viajes y envíos a Cuba bajo la cobertura de reunificar a la familia. Benes voló a Jamaica el 12 de diciembre de 1978 y de allí siguió disfrazado a reunirse con Castro en La Habana. Para abril de 1979 Benes constituía la corporación Operación Reunificación Cubana, Inc., con la profesora María Cristina Herrera, el pintor Vicente Dopico, el cura José Reyes y el Dr. Octavio Pino.
En una de las reuniones con Castro, Benes notó que usaba botas Florsheim y a la visita siguiente trajo de regalo unas Johnson & Murphy que debieron costar $650 dólares.
Negociaciones secretas
Al cabo, Benes -de ascendencia judía- sería apodado el Schindler cubiche por la gestión de reunificación familiar y la liberación de unos 3,600 presos políticos. Sólo que semejante papel no se atribuye a Benes por ninguno de los funcionarios de la administración Carter que tomaron parte en las ocho reuniones secretas (mayo de 1978-septiembre de 1980) con representantes de Castro para ver cómo podían normalizarse las relaciones Cuba-Estados Unidos.
Jimmy Carter ni siquiera lo menciona en su White House Diary (2010), que revela al presidente de Coca Cola, Paul Austin, como enviado especial ante Castro en 1978. Tampoco el Consejero de Seguridad Nacional encargado de América Latina y el Caribe, Robert A. Pastor, menciona a Benes en sus memorias (Whirlpool: U.S. Foreign Policy Toward Latin America and the Caribbean, 1992). Y eso que Pastor encabezó las negociaciones secretas con Castro en Cuernavaca (1978), donde se acordó precisamente liberar a los presos políticos.
En un solo párrafo de la página 146 de su libro The Closest of Enemies (1988), el jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, Wayne Smith, alude a Benes como simple recadero. Wayne aclaró de paso que de los cacareados 3,600 presos políticos, apenas un tercio guardaba todavía prisión y de estos últimos, la mitad traían su causa de salida ilegal del país, que antes del Código Penal de 1979 se juzgaba como delito contra la Seguridad del Estado.
Nada más que Carter hizo el primer ademán conciliatorio, Castro mandó a montar quioscos en Estados Unidos para ofrecer a los exiliados o refugiados, a precio de monopolio, pasajes a Cuba y servicios de envío de paquetes y remesas. En Miami arribaron como adelantados Max “El Guatón” Marambio (alias Carlos Alfonso) y Fernando Fuentes Coba, quienes se encargaron de montar las empresas Havanatur y American Airways Charters (AAC), respectivamente.
Agenda de 1978
En aquel entonces el Departamento de Estado expuso un plan de cinco puntos para avanzar hacia la normalización de las relaciones. Cuba debía:

  1. Liberar a todos los presos políticos con ciudadanía estadounidenses y repatriar a otros
  2. Poner en libertad a los miles de presos políticos cubanos
  3. Autorizar la reunificación de las familias cubanas divididas
  4. Retirar las fuerzas militares de África
  5. Compensar a las empresas y ciudadanos estadounidenses expropiados

Esta última exigencia se consideraba la única premisa indispensable para levantar el embargo. Castro se negó a retirar sus tropas de Angola y accedió a compensar a los expropiados siempre que Estados Unidos pagara la factura de los daños causados por el embargo y otras agresiones.
La reunificación familiar y la liberación de los presos políticos estaban sobre el tapete desde que el enviado especial de la administración Nixon, Pat Holt, viajó a La Habana en julio de 1974. El 11 de enero de 1975, el asistente de Henry Kissinger, Lawrence Eagleburger, y el diplomático Ramón Sánchez-Parodi Montoto, quien sería el primer jefe de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington, volvieron a discutir ambos temas en Nueva York.
Según Benes, el 15 de mayo de 1985 fue al reenganche con Castro como enviado especial del presidente Reagan, quien proponía restablecer las relaciones diplomáticas, levantar totalmente el embargo y hasta restablecer una cuota azucarera para Cuba, a cambio de que Castro dejara de exportar su revolución hacia América Latina.
Castro habría contestado a Benes: “Dile a tu presidente que acepto su ramo de olivo”. Pero todo se malogró, apenas cinco días después, el 20 de mayo de 1985, con la salida de Radio Martí.

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