
Editorial publicado en el diario The New York Times en su edición digital del sábado 20 de junio del 2015, pidiendo el levantamiento de las restricciones de viajes turísticos a Cuba.
Con seguridad , Jartum, Teherán, Damasco y Pyongyang no son destinos turísticos muy populares. Pero son lugares que los estadounidenses pueden visitar sin violar la ley federal. Sin embargo, viajar a Cuba como turista sigue estando prohibido. Llegar allí con propósitos autorizados sigue siendo innecesariamente difícil y costoso.
La prohibición -única prohibición de viajes a la que los ciudadanos estadounidenses están sometidos actualmente- nunca tuvo sentido, y está particularmente descolocada en una era de ampliar el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba.
Un proyecto de ley presentado a principios de este año por un grupo bipartidista de senadores que quieren derogar la prohibición de viajar es la más digna de la serie de iniciativas legislativas generadas por la decisión del presidente Obama para restablecer las relaciones diplomáticas con La Habana, el pasado diciembre. El proyecto rescindiría disposiciones de leyes aprobadas en 1996 y 2000 que prohiben los viajes de los estadounidenses como parte de una estrategia para castigar y aislar a Cuba con la esperanza de lograr un cambio democrático en ese país. El flujo más libre de personas, bienes e ideas es mucho más probable que conduzca a reformas significativas en la isla.
El proyecto de ley, presentado por los senadores Jeff Flake, republicano por Arizona, y Patrick Leahy, demócrata por Vermont, tiene 43 copatrocinadores. Los senadores de Nueva York, Kirsten Gillibrand y Charles Schumer, aún no lo han firmado, pero sus oficinas, dijeron el sábado que lo harían la próxima semana. Al otro lado, con un tono subido pero en cantidad disminuida, un grupo de legisladores, que parecen dispuestos a no dejar escapar la era de la Guerra Fría, están impulsando iniciativas que prolongarían -y en algunos casos intensificarían- la red de sanciones que impone Estados Unidos a Cuba.
Algunos, por ejemplo, han introducido disposiciones en proyectos de ley que restringen al Departamento de Estado para gastar dinero en actualizar su antiguo edificio de la misión diplomática en Cuba en momentos en que los dos países buscan restablecer relaciones diplomáticas plenas. Ese pequeña paso solamente dañaría a diplomáticos estadounidenses que trabajan en un entorno difícil.
En las próximas semanas, legisladores del Senado y la Cámara tendrán que conciliar sus visiones de la política hacia Cuba, ya que negocian la factura anual de la ayuda exterior. La Cámara ha destinado $30 millones de dólares para programas prodemocracia, $10 millones más de los que solicitó el gobierno de Obama. Eso es imprudente. Desde 2009, el Departamento de Estado ha administrado para gastar solo $66,5 millones de los más de $114 millones que el Congreso ha reservado para esos programas. Washington ha luchado para gastar el dinero, porque los programas estadounidenses que tratan de fomentar las reformas democráticas en Cuba son ilegales y algunos han tenido que valerse de subterfugios.
Mientras fomentar las reformas democráticas, y respaldar a los disidentes es sin dudas un empeño encomiable, Estados Unidos puede tener un mayor impacto mediante la búsqueda de formas de apoyar los empresarios privados y levantar las sanciones económicas. La versión de la Cámara del proyecto de ley de ayuda exterior prohíbe tontamente el uso de fondos para ayudar a crecer el sector privado de Cuba. Las sanciones que se mantienen en vigor limitan las transacciones bancarias y hacen enormemente difícil para los cubanos establecer negocios con la comunidad internacional.
Sin embargo, empresas estadounidenses como Google y el servicio de casa de alquiler Airbnb están recibiendo su presencia en el mercado cubano, proporcionando a cubanos de a pie con información y oportunidades que no estaban disponibles. Los cubanoamericanos, por su parte, están encontrando cada vez más formas de invertir en la isla y reavivar sus conexiones.
La trayectoria es inconfundible. Las encuestas de opinión muestran que la mayoría de los cubanos de la isla y los estadounidenses están a favor del acercamiento. El Congreso no debe esperar más para hacer su parte.
Este editorial se ha actualizado para reflejar que las oficinas de Kirsten Gillibrand y Charles Schumer dijeron que apoyarían el proyecto de ley para derogar la prohibición de viajes a Cuba.
Traducción: CafeFuerte
Texto del editorial en inglés