
Por Daniel Benítez
Una denuncia anónima guió a agentes de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) hasta la captura de Uvinaldo Planas Núñez y Wilfredo Jay Machado, acusados de robarse 66 juntas de goma del marco de ventanillas de ómnibus nuevos en la base de Bahía, en La Habana.
El reporte publicado esta semana en la prensa provincial no indica la fecha en que ocurrió el hurto y solo se limita a decir que los implicados fueron condenados a penas de privación de libertad durante un juicio efectuado en el Tribunal Municipal Popular de Habana del Este, el pasado mayo.
«Mucho se ha hablado sobre el transporte público y en especial de su precaria situación en la capital, la cual aún con ómnibus nuevos se ve afectada por la gran confluencia de público (…) Infelizmente, las indisciplinas sociales y conductas delictivas de algunos sectores contribuyen negativamente en este aspecto», manifestó el reporte, aparecido en el periódico Tribuna de La Habana.
Aparentemente tanto Planas, de 27 años, como Jay, de 30, admitieron ser los autores del hurto y explicaron que las piezas robadas, que permiten un cierre efectivo de las ventanillas de las guaguas, tenían como destino el mercado negro.
Las juntas de goma suelen ser altamente valoradas por los choferes de «almendrones» y otros vehículos particulares.
Aunque no se especificaron los términos de la sanción, para casos de hurto el Código Penal cubano estipula privación de libertad de uno a tres años; la condena puede ser de dos a cinco años si el infractor, con ánimo de lucro, sustrae un vehículo o se apodera de cualquiera de sus partes componentes o piezas.
Vándalos sobre la vía
El pasado sábado, Tribuna de la Habana también reportó sobre hechos vandálicos contra las señales de tránsito, los cuales parecen ir en incremento en todo el país.
La publicación lanzó la alarma ante el resurgir del vandalismo y la violencia que se aprecia de manera creciente entre los jóvenes, y reclamó cambiar las reglas del juego y aplicar mayor severidad junto a «un llamado a la conciencia ciudadana».
«Hablamos de un malsano e irresponsable proceder, con consecuencias potencialmente riesgosas. No es fenómeno inédito, aunque por momentos prácticamente desaparece. Ahora, tras un período de relativa calma, experimenta un rebrote, con tendencia al incremento. Y lo más triste es que, de un tiempo a esta parte, también la han emprendido contra los gabinetes (cajas reguladoras) de los semáforos», señaló el artículo.
Durante los primeros cuatro meses del 2015, fueron afectadas un total de 144 marcas viales. Los vándalos parecen estar en busca de cualquier elemento como tornillos, tuercas, planchas metálicas o cabillas que luego sirvan para labores de construcción.
Entre las obras emprendidas con los elementos robados figuran construcciones, corrales para animales, garajes improvisados y talleres de herrería,
Placer de destrucción
También las autoridades determinaron que algunos de los daños son provocados por personas insensibles que persiguen estas símbolos para usarlos como decoración en las casas, copiando estilos vistos en las telenovelas de turno, o sencillamente por el placer de destruir.
Las cifras oficiales indican que tan solo en nueve meses del 2014 un total de 600 señales fueron vandalizadas a lo largo del país, un aumento de 275 con respecto al año precedente. Las provincias con el mayor numero de afectaciones son Santiago de Cuba, Camagüey y La Habana.
Esta situación resulta alarmante para quienes circulan por las calles y carreteras de la isla, donde ocurre un alto número de accidentes anualmente como consecuencia, entre otros factores, del deterioro del parque automovilístico, el mal estado de las vías y la pobre señalización en zonas urbanas y rurales.
El costo de cada señal esta fijado entre 60 y 70 pesos, de los cuales el gobierno asegura que el 75 por ciento es en divisas.
Aunque sin entrar específicamente en el terreno de la destrucción la modalidad de colocar carteles promocionales de eventos musicales también tiene su espacio.
Incluso se reveló además que en ciertos sitios se ha empleado pintura para obstruir la señal con el motivo de que, fundamentalmente, los turistas busquen ayuda e información de los lugareños, que cobran por el servicio o toman ventaja de la situación para robarles.