Relaciones Cuba-EEUU: La enconada batalla por nuestro hombre en La Habana

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Roberta Jacobson y Jeffrey DeLaurentis al iniciarse la primera ronda de conversaciones con Cuba, el pasado enero, en el Palacio de Convenciones en La Habana.

Por John Hudson*
Si alguien piensa que Loretta Lynch, la candidata para reemplazar a Eric Holder como Secretario de Justicia de Estados Unidos, se enfrenta a una encarnizada batalla de confirmación, reserve un pensamiento para el próximo embajador en Cuba.
El gobierno de Obama dice que quiere reabrir la embajada de Estados Unidos en La Habana a principios de abril, una ambiciosa fecha de lanzamiento que ha desencadenado una oleada de especulaciones en los círculos diplomáticos sobre quién será el nominado por la Casa Blanca para un puesto que no se ha llenado desde que el ya fallecido Embajador Philip Bonsal fue retirado en 1960 en el apogeo de la Guerra Fría.
A diferencia de Lynch, que chirriaba por el Comité Judicial del Senado con la ayuda de tres votos republicanos, muchos se preguntan en el Departamento de Estado si algún candidato -no partidista o de gran prestigio- será capaz de sobrevivir al fuego y el azufre del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, hogar de los dos halcones más belicosos del país respecto a Cuba: Robert Menéndez (demócrata por Nueva Jersey) y Marco Rubio (republicano por Florida).
El nombre de Jeffrey DeLaurentis
La próxima batalla pone gran importancia en la selección de un candidato que pueda navegar por el traicionero proceso de confirmación y comenzar a implementar el acercamiento Cuba con el apoyo tácito de la cámara alta del Congreso.
El Departamento de Estado y la Casa Blanca declinaron hacer comentarios para este artículo, pero una gran cantidad de asesores del Congreso y expertos en América Latina dijeron que un hombre se encuentra en el tope de la pequeña lista: Jeffrey DeLaurentis, jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.
Miembro de carrera del servicio exterior que se ha desempeñado en varios puestos, incluyendo dos trabajos anteriores en La Habana, la designación de DeLaurentis no sería vista como un cargo político y, en el caso de una prolongada pelea de confirmación, podría dirigir simultáneamente la embajada como su encargado de negocios.
«La lógica en el Departamento de Estado, según mi entendimiento, es que DeLaurentis es una buena opción por un par de razones», dijo un asesor del Congreso con información de funcionarios de la administración. «Es un diplomático de carrera, y si se designa una persona política, no hay manera que usted pueda obtener su confirmación con ellos, sobre todo con el senador Rubio  aspirando a la presidencia».
Rubio y otros halcones cubanos de ambos partidos ya se están preparando para una pelea. El jueves, un ayudante del el senador de Florida dijo a Foreign Policy que Rubio «hará todo lo posible para bloquear un embajador sin cambios fundamentales en el comportamiento del régimen, en particular sobre la democracia y los derechos humanos».
Reputación apolítica
Los grupos asociados con el lobby cubanoamericano, como el Centro para una Cuba Libre, dicen que DeLaurentis, de ser nominado, se verá en apuros para defender la política de la Casa Blanca sobre Cuba. «No creo que DeLaurentis o el Departamento de Estado fueran consultados hasta más de un año después del inicio de las negociaciones entre Estados Unidos y Cuba», dijo Frank Calzón, director ejecutivo de la entidad. «Ahora vamos a tener una persona de carrera puesta en una posición de defensa de lo que el presidente quiera hacer, lo que podría ser muy engorroso».
Afortunadamente para DeLaurentis, ha tenido cuidado en cultivar una reputación apolítica entre los observadores de Cuba y es ampliamente respetado dentro del Departamento de Estado.
«Mi impresión es que Jeff puede ser la causa de su buena relación con Roberta Jacobson,  subsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental», dijo Peter Billerbeck,  asesor de política exterior de Third Way. «Ellos estan gestionando la mayor parte de la apertura hacia Cuba desde el Consejo de Seguridad Nacional; un tipo de carrera en el puesto tendría sentido».
Peter Schechter, director del Centro de América Latina del Consejo Atlántico, estuvo de acuerdo. «Incluso con otros grandes candidatos, ¿por qué no habríamos de mantener la persona que ya está ahí y haciendo un trabajo excepcional?», consideró.
Otros nombres sobre la mesa
Dos asesores del Senado involucrados en el tema también dijeron que la nominación de DeLaurentis es probable, pero advirtieron que no se ha decidido aún y que la selección podría ir en otra dirección.
Otros que gravitan como posibles contendientes son Peter Quilter, secretario de Administración y Finanzas de la Organización de Estados Americanos (OEA); Fulton Armstrong, un asociado al Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la American University; y Michael Kozak, subsecretario de Estado para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo.
La representante Barbara Lee (D-California), una elocuente defensora de la normalización de relaciones con Cuba, fue mencionada como un candidato principal por el diario San Francisco Chronicle el pasado enero, pero desde entonces ella ha negado esos rumores en múltiples ocasiones.
Otra opción para la Casa Blanca sería no nombrar embajador en absoluto y evitar una confrontación con el Congreso en un momento en que otros asuntos de política exterior, como el acuerdo nuclear de Irán, la autorización para el uso de la fuerza militar contra el Estado islámico y la agresión rusa en Ucrania, están creando sus propios dolores de cabeza en el Capitolio.
«La opción más fácil es mantener allí a… DeLaurentis como «encargado» -una designación temporal que vendría una vez que la sección de intereses se convierta en embajada», dijo Ted Piccone, miembro de rango en la Brookings Institution.
Más rápido que lo esperado
La Casa Blanca no descarta ninguna de las opciones anteriores. Pero sus esfuerzos de reforma están avanzando más rápido de lo que muchos expertos externos esperaban desde el anuncio de Obama y el presidente cubano Raúl Castro en diciembre de que Estados Unidos y Cuba podrían restablecer relaciones diplomáticas después de un congelamiento de 50 años.
El viernes pasado, los dos países concluyeron una segunda ronda de conversaciones históricas y dijeron que Washington podría reabrir su embajada en La Habana antes de la Cumbre de las Américas, que comienza el 10 de abril, si se superan las diferencias.
Jacobson, la diplomática estadounidense para América Latina, describió las conversaciones como «productivas y alentadoras».
«Con el tipo de cooperación que hemos tenido hoy, ciertamente me siento… optimista, pero comprometida y reconozco el trabajo que aún se tiene que hacer», dijo el viernes pasado.
Durante el encuentro, los negociadores de ambos países abordaron cuestiones logísticas y políticas, como las restricciones a los diplomáticos que salen de Washington y La Habana, el acceso diplomático a activistas de la oposición, y la colocación de Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo.
Parte fácil, parte difícil
La jefa de la delegación de Cuba, Josefina Vidal, no exigió la eliminación de Cuba de la lista como condición previa para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, pero dijo que era un «tema muy importante». Washington ha dicho que va a revisar la permanencia de Cuba en la lista, pero se opone a vincular los dos temas.
En términos prácticos, la apertura de las embajadas es la parte fácil. Una vez que los dos países intercambien notas diplomáticas, la Sección de Intereses de Estados Unidos-un edificio de siete pisos al lado del Malecón de La Habana- simplemente necesita un nuevo signo y está abierto para los negocios. Lo mismo ocurre con la Sección de Intereses de Cuba, una regia residencia en el barrio Adams Morgan de Washington DC.
La parte difícil es conseguir que La Habana dé a los diplomáticos estadounidenses un mayor acceso al público cubano, incluidos los activistas políticos y disidentes -un punto clave entre las dos partes.
Desde los ataques terroristas del 9/11, el gobierno cubano ha apostado guardias y cámaras fuera de la Sección de Intereses de Estados Unidos con el pretexto de «protección». Los funcionarios estadounidenses, sin embargo, lo ven como una forma de acoso, señalando que los visitantes cubanos son puestos en un lista del gobierno como disidentes potenciales, y que los peatones al azar se les dice que caminen al otro lado de la calle. Idealmente, a los funcionarios estadounidenses les gustaría reunirse libremente con los cubanos de todas las tendencias, pero La Habana ha resistido estas demandas, conscientes de la larga historia de esfuerzos encubiertos para un cambio de régimen en la isla comunista.
Esperanzados y pesimistas
En las próximas semanas, las dos partes también participarán en una serie de reuniones de menor nivel en temas que van desde la aviación civil y el contrabando de drogas a la trata de personas y la banca. Aunque muchos republicanos en el Congreso han ridiculizado las reformas políticas de Obama, la decisión atrajo elogios en América Latina, sobre todo entre los jefes de Estado de la región.
Sin embargo, algunos funcionarios siguen manteniendo la esperanza de que un Congreso controlado por los republicanos podría confirmar un candidato a embajador. Señalan que el apoyo a las reformas de Obama sobre Cuba por los republicanos Jeff Flake, de Arizona, y Rand Paul, de Kentucky -y un reconocimiento por Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, sobre la ineficacia de la política de embargo a Cuba por 53 años-, son signos positivos.
Otros, dentro y fuera del Capitolio, son más pesimistas. Revisando las últimas semanas de declaraciones en el Congreso, un funcionario del Departamento de Estado dijo que las probabilidades no están a favor de la administración Obama. «Hay mucho descontento entre los republicanos acerca de esto y es imposible decir que una confirmación sucederá», dijo el funcionario.
*Veterano reportero de la revista Foreign Policy, especializado en asuntos de diplomacia y seguridad nacional. Traducción: CaféFuerte.

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