
Ramón Alejandro*
Que lo queramos o no, aquellos que hemos escogido vivir en Norteamérica o en Europa, hemos entrado a hacer parte de una civilización asombrosamente vertiginosa. No solo es la primera que ha roto con todos los precedentes sistemas tradicionales de pensamiento, sino que aplicando sus más recientes descubrimientos científicos a esa infinidad de prodigiosos artefactos que llamamos la tecnología, ha creado un mundo nuevo que hubiera dejado boquiabiertos a los mismos Leonardo da Vinci y Julio Verne, que en sus respectivos tiempos fueron los más fecundos visionarios en el campo los más variados inventos técnicos.
Este nuevo mundo nuestro evoluciona tan rápido, que a todos nos resulta bastante difícil incorporar sus sucesivas novedades, no sólo nos es difícil hacerlo a aquellos que nacimos hace más de medio siglo, sino igualmente a muchos jóvenes.
No les bastó a los hombres de ciencia occidentales, romper la estructura de aquel átomo que antaño pretendió ser la partícula mínima de la materia, sino que de infinitesimalmente más pequeño en infinitesimalmente mínimo se llegó a descubrir que la materia es una ilusión de nuestros sentidos, y que a ciencia cierta solo existe una misteriosa energía que se transforma bajo diversas formas y substancias, todas engañosas. Sondeando hasta profundidades anteriormente inconcebibles del Universo, las cámaras fotográficas del telescopio Hubble que gira fuera de nuestra atmósfera en el espacio aledaño a la Tierra, nos ha demostrado que hasta el mismísimo Tiempo ha resultado ser una ficción forjada para nuestra cotidiana comodidad sin la más mínima realidad. Así la noción espacial y temporal de nuestros antepasados ha quedado reducida a la dimensión de una canica, o una perla, en relación con la nuestra que no tiene límites posibles a los cuales podamos soñar con llegar a topar un día.
Sabios endiablados
Pero aquella revolución que constituyó primero la fusión y después la fisión del átomo, que ya de por sí bastaba para fabricar en serie armas de destrucción masiva capaces de borrar a la propia humanidad de nuestro planeta, no fue todo, y ni siquiera fue lo más desestabilizante. Hoy se están creando, con mucho sigilo, en ciertos privilegiados laboratorios, formas de vida viral y bacterial en las cuales se combinan el ADN humano con el de esas formas elementales de la vida. Esperemos que uno de esos engendros no se les escape de su bien guardado recinto y salga a proliferar a su aire por cuenta propia a campo traviesa, infectando lo que nos queda de la naturaleza original de nuestro planeta con sus incontrolables facultades y mezclándose a las demás formas de vida.
Pero no contentos con esos maravillosos resultados, los endiablados sabios ya se preparan a hacer lo mismo con ciertos antropoides como nuestros primos los chimpancés, abriendo la posibilidad de crear cruces entre las diferentes especies, como hasta ahora solamente se había hecho, que yo sepa, entre el caballo y el burro y el león y el tigre. De ahora en adelante la puerta está abierta a la creación de razas de seres comparables a los humanos, hechos por nosotros mismos según nuestra fantasía o nuestras necesidades. Para nuestra diversión, beneficio material, terror generalizado o satisfacción personal de los inventores. Tratemos de concebir por un momento las complicadas relaciones que tendremos con ellos y tratemos de calcular cual estatuto social y jurídico estaremos en condiciones de darles en nuestras comunidades.
Ya puedo imaginar a un padre cubano muy indignado expresando categóricamente,-yo tengo un amigo de esa nueva especie de mutantes, es muy buena persona y me entiendo muy bien con él, pero de ahí a que se case con mi hija, ¡de ninguna manera¡
Códigos morales caducos
En la actualidad, para los científicos de las sociedades más avanzadas, la cuestión crucial es cómo concebir a partir de los códigos morales precedentes, actualmente caducos a causa de las nuevas circunstancias creadas por los avances de las ciencias, un nuevo código moral que pueda regimentar eficazmente el resbaloso dominio de lo que es lícito, o simplemente justo y deseable realizar, entre todas las innumerables perspectivas inéditas de lo que ya les es posible hacer, en especial en el campo de la biología experimental, la física, la medicina con sus transplantes de órganos y manipulación de embarazos à la carte in vitro, hasta la utilización de drogas para inducir convicciones y estados de ánimo a voluntad en neuropsiquiatría, así como las cada vez más sofisticadas armas de guerra y su uso abusivo.
El eugenismo podría levantar de nuevo su cabeza de Medusa e inducirnos a mejorar según criterios arbitrarios la misma esencia humana y determinar el funcionamiento de su mente a gusto de gobiernos con ideologías fantasiosas o de camarillas de científicos a sueldo de empresas privadas, o simplemente de ciertos millonarios excéntricos a la caza de nuevas emociones. La libertad parece habérsenos ido de las manos y no será fácil volver a meterla en cintura, porque está muy bien enraizado en la naturaleza humana el amor que a ella le profesamos. El progreso nos tiene fascinados, y nos dejamos llevar por él adonde quiera llevarnos.
Un desproporcionado poder ya está en las manos de los más pudientes, material, política, científica e intelectualmente de hoy en día, mucho más que nunca antes le hubo estado dado tenerlo a ningún otro exclusivo grupo de hombres durante todo el curso precedente de la Historia de la Humanidad. Nunca hubo tal disparidad entre el que puede escoger libremente su destino, y determinar el de los demás, y aquel que no puede escogerlo y se tiene que contentar con ir por donde lo lleven sus superiores jerárquicos.
El paraíso de Antonio Molina
Paralelamente a este mundo desarrollado existe otro mundo, en el cual ciertas naciones, y hasta civilizaciones tradicionales enteras, han quedado definitivamente postergadas en la carrera al desarrollo y yacen rezagadas en un limbo de impotencia marginal, al borde de la extinción por hambre y epidemias, y la total dependencia financiera de las orondas potencias políticas dominantes y sus ambiciosas multinacionales.
Una de las melancolías más justificadas de nosotros, los exiliados cubanos, es la de recordar con tristeza aquellos tiempos cuando el cantaor andaluz Antonio Molina, admirado y agradecido por la manera en que fuera tratado a su paso por La Habana, cantaba a todo lo que le daba su agudo galillo, proclamando a Cuba como un Paraíso lleno de flores al cual quería unir a España por un puente de plata. Hoy Cuba se ha convertido en un sembradío de flor de peo, con cuyas mefíticas flores los adiestrados miembros de los comités de defensa de la Revolución confeccionan perversos cartuchitos para introducirlos por las ventanas de los disidentes, entre otras tristezas de las muy variadas y lamentables realidades de la Cuba de hoy.
La Civilización Occidental sigue su extraordinario destino, mientras en la que fue nuestra tierra, el grotesco equipo gobernante, cómicamente se devana los sesos para decidirse si por fin incluye a los forradores de botones entre los oficios que pudieran ser realizados por cuenta propia por individuos, o si es el Estado Soberano quién deba asumir esa supuestamente primordial industria nacional, mientras que por la mano izquierda, apenas disimuladamente, le suceden cosas extrañas y accidentes truculentos a quien se distinga demasiado en el liderazgo de una eventual oposición política, como le sucedió a Oswaldo Payá.
El que puede, puede, aunque poco pueda, porque aunque únicamente sea allí en su ladrillito, que es donde único puede, no dejará por nada del mundo de ejercer su Poder.
Disfrutándolo tremendamente, sabiéndose impune detrás de la sacrosanta soberanía nacional.
De La Engañadora al Engañador en Jefe
Por aquellos, hoy añorados años cincuenta, también pudimos escuchar por radio cierto chachachá titulado La Engañadora, sin percatarnos que era un presagio de lo que estaba a punto de sucedernos. El Engañador en Jefe ya estaba ajustándoles sus apetitosas almohaditas al cuerpo de la seductora Revolución. En efecto, en la encrucijada de aquel Primero de Enero del 1959, el socio agarró, para nunca más soltar, las riendas del poder de nuestra soberana nación, para conducirla por el camino equivocado. El camino que la ha llevado a ser parte de aquellos pueblos definitivamente excluidos del desarrollo técnico, social, moral, económico y hasta demográfico, mientras las élites intelectuales de los pueblos elegidos, que de curiosa manera resultan ser predominantemente democráticos y adoradores de la libre empresa y el libre comercio, inauguran una nueva era de civilización que nos traerá imprevisibles consecuencias tan excitantes como prodigiosas, que por supuesto estarán también plagadas de novedosos peligros.
Cuba ha quedado fuera de ese dinámico mundo desarrollado, del cual nuestro país hubiera quizás podido hacer parte si no nos hubiéramos dejado encandilar por aquellas halagadoras promesas de la Engañadora Nacional, que igual que aquella de la esquina de Prado y Neptuno nos provocó con sus postizos encantos . Lo tomamos a broma, como de costumbre, sin darnos cuenta de que la protagonista de la letra de esa canción era una imagen fiel de nuestro propio futuro inmediato, y la prueba de nuestra alarmante falta de criterio político y visión del futuro.
En consecuencia, aquellas flores paradisíacas que inspiraron a Antonio Molina se nos volvieron flor de peo, y aquel puente de plata se vio transitado por un copioso tropel de presurosos descendientes de antiguos inmigrantes españoles repatriándose en masa hacia la tierra de sus abuelos, prefiriendo arrostrar las crisis cíclicas del capitalismo globalizado a esperar sentados en calzoncillos en frente de su casa jugando al dominó, hasta que Raúl Castro se decida a permitirles poner un taller de forrar botones en su portal.
A pesar de estar viviendo en este mundo actual tan ancho y ajeno, tan lleno de encantos, promesas y sorprendentes novedades como de sobresaltos, seguimos pensando en lo que hubiéramos podido ser y no fuimos. Humanos y cubanos somos, y seguiremos siéndolo contra viento y marea, genio y figura hasta la sepultura.
Nuestro ombligo es estrechito y mezquino, pero es nuestro ombligo.
*Reflexiones de la Caimana es una sección de crónicas y testimonios que publica semanalmente el pintor cubano Ramón Alejandro en CaféFuerte.