Tiene razón Jaime Masó Torres cuando dice que sus palabras sobre la vida y la obra de María Teresa Vera, más que una biografía son un reportaje.
Tiene razón y no: porque en las páginas de lo que ha escrito en Veinte años y más, publicado este año por Roque Libros en Países Bajos, la eficacia en la solución de continuidad de una vida se nos presenta de manera muy convincente en la modalidad literaria que la crítica califica precisamente como biografía.
Experiencia tiene este periodista devenido acucioso escritor para dar forma de libro a la trayectoria de personalidades de la música como es el título Musicalísima. Beatriz Márquez, un viaje de memorias (2022), publicado por Ediciones Cubanas de Artex y ediciones Unos & Otros de Estados Unidos. En este caso una figura viva cuya colaboración con entrevistas y su propia presencia fueron esenciales para la conformación de una historia real.
Pero ensartar de manera cronológica la existencia vital de María Teresa Vera (1895-1965), su labor fue realmente de mayor riesgo, porque a pesar de que las referencias en una anterior biografía existían, los años de investigación del crítico cimematográfico Jorge Calderón, autor de María Teresa Vera (1986), dejaron espacios que fue necesario completar.
La biografía como género ha recorrido un largo camino. La crítica deslinda claramente lo real, lo fabulado y lo autobiográfico en la manera de dar a conocer datos de interés, anécdotas y hechos relevantes de héroes, personajes anónimos y otros, y se reconoce que es en el Renacimiento cuando cobra notoriedad como género literario por dejar de ser –como en la Antigüedad y el Medioevo– moralizantes y edulcoradas.
Llama la atención que en la historia literaria hay pocas o ninguna nota sobre esta modalidad en América Latina y el Caribe; sin embargo, ejemplos existen que verifican la existencia de excelentes biógrafos por estas regiones.
Jorge Luis Borges se significa por sus biografías fabuladas y más recientemente un cubano Evelio Traba sorprendió por la manera en que convirtió la vida de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la patria cubana, en una biografía novelada: El camino de la desobediencia (Ediciones Boloña, 2017).
Es el propio Borges quien refiriéndose a las escrituras de vidas, en una entrevista con Arturo Carrizo (recogida con posterioridad en Cuadernos Hispanoamericanos, 1992) expresa una curiosa reflexión: «Yo he sospechado alguna vez, que cualquier vida humana por intrincada y popular que sea, consta en realidad de un momento en que el hombre sabe para siempre quien es».
Y es precisamente lo que supo intencionar Jaime Masó en este recorrido sobre María Teresa Vera, una vida tal cual, asumida, no solo a través de momentos personales, sino insertando las acciones y el recorrido de la artista dentro del contexto histórico social que le perteneció.
Hay establecido, de manera afortunada, un paralelo entre ella, magnífica e impresionante cantante, con su época y con otras figuras de linaje y relevancia en el mundo de la música y el arte en general en Cuba.
Las opiniones de la prensa, el público y el autor refrendan la importancia en el espacio de la cultura de Cuba de una artista cuyo repertorio fue mucho más allá de la interpretación de un solo género musical, y en eso es exhaustivo porque ve más de un mérito en la figura sobre la cual nos está llamando constantemente la atención.
El desfile de obras, artistas y el acontecer cultural en Cuba y el mundo, es relevante.
Conmueve la manera en que expresa lo que podríamos considerar ascensión y caída de figuras que merecieron mejores destinos, si se tiene en cuenta lo significativo de sus obras para la cultura del país. Por eso de manera magistral inserta los comentarios llenos de verdad y lirismo de Nicolás Guillén y Gastón Baquero sobre los últimos días y la infortunada muerte de Manuel Corona.
El autor reflexiona y establece juicios sobre por qué una obra u otra es más o menos importante dentro de los ámbitos musicales, y eso contribuye a que los lectores menos instruidos sepan también diferenciar la escala de valores a la que se refiere y con las que los intérpretes lidiaron y convirtieron en éxitos en una época en que la radio, la televisión y las casas discográficas promovían en Cuba y el extranjero las voces de nuestros artistas.
Es muy delicada la manera en que introduce datos sobre la vida doméstica, privada y sexual de María Teresa, ese respeto hacia la individualidad de la artista, la significación que ella le da a la familia y a la amistad. La iconografía que muestra también es aportadora y establece un balance agradable entre textos y testimonios gráficos, lo cual le da al libro bondades que se agradecen.
No olvidar a María Teresa Vera, hija ilustre de Guanajay por decreto y de Cuba, por amor, se percibe como espíritu revelador en este libro.
Felicito a Jaime, por este nuevo libro, con deseos de poder en el futuro, ver nuevas páginas de maravilla, surgidas de su voluntad y su intelecto.