Puerto Rico, doble reto del béisbol cubano

A pocas horas de que despegue en Puerto Rico un torneo panamericano de béisbol,  los cubanos quieren echar a un lado su pesar. Solo ese sentimiento invade a los aficionados de la Isla si el equipo nacional de pelota -como se le dice en buen criollo- regresa derrotado de una competencia.

Hace cuatro  años las Grandes Ligas lograron lo que resultaba inimaginable: enfrentar a un equipo de Cuba contra  profesionales. Sólo los pitonisos imaginaron entonces que los hombres que partieron de La Habana salvarían etapa tras etapa, en la primera edición del World Baseball Classic, hasta llegar a la discusión del título.

Paradójicamente, el segundo puesto en el primer Clásico fue antesala de una serie de derrotas de Cuba,  que ha cedido ante Estados Unidos en dos finales de la Copa Mundial y que cayó ante Corea del Sur en los más recientes Juegos Olímpicos.

Aunque 1999 había marcado el ingreso oficial de profesionales a las competencias de la IBAF (Federación Internacional de Béisbol), en ocasión de los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, nunca como en el Clásico se enrolaron estrellas de primerísimo nivel.

La selección cubana

Ante cada torneo, los funcionarios deportivos de la Isla se afanan en convocar a los peloteros más expertos, aquellos aparentemente inmunes a las ofertas de los cazadores de talentos.

Así en 2009, en ocasión del II Clásico, Eduardo Paret fue designado por enésima vez para el campo corto, pese a que se ausentó durante varias semanas, por problemas familiares,  del campeonato nacional; el villaclareño no logro batear de hit  en  nueve turnos durante su paso por el Foro Sol mexicano y el Petco Park de San Diego.

En definitiva, Cuba se arriesgó con figuras prometedoras como los jardineros Yoenis Cespedes y Alfredo Despaigne, asi como el tirador zurdo Aroldis Chapman, un jovencito que disparaba con relativa facilidad lanzamientos rectos por encima de 95 millas por hora, y que en alguna ocasión alcanzó en su país la  vertiginosa cota de 102 mph.

Chapman había sido desestimado  antes de cara a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Se mencionaron entonces supuestas indisciplinas –según la versión oficial- pero todo tuvo que ver con sospechosas visitas nocturnas a las playas, como conocimos los más informados.

Chapman lanzó por  Cuba en San Diego, pero abandonó la escuadra tricolor meses más tarde, en Europa. Lo demás es harto conocido, incluido su lanzamiento récord de 105 millas por hora a las órdenes del Cincinnati.

Pero ese hombre no es la más reciente baja del equipo de la Isla: hace solo semanas llegó a México el prometedor jardinero Leonys Martín,  uno de los debutantes en la Copa Mundial 2009.

Forzosamente, caras nuevas han debido asomarse al equipo de la nación que durante varios decenios dominó el béisbol internacional.  Mientras tanto, en las calles y en el campo, pegados a la radio o ante el televisor,  los cubanos más humildes esperan ahora, ansiosamente, las medallas de oro en la inminente cita sobre los diamantes boricuas, que se extenderá del 1ro. al 13 de octubre.

Otros, desde sus oficinas refrigeradas, cruzan los dedos,  rogando sobre todo porque ninguno de los peloteros decida, libremente, tomar allí mismo el camino del deporte profesional.

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