Por José Antonio Michelena
La activista Berta Soler, líder del movimiento Damas de Blanco, acaba de recibir el Premio Solidaridad Lech Wałęsa. La ceremonia del premio, celebrada este martes en el Hotel Biltmore de Miami, fue presidida por el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia, Radosław Sikorski.
La galardonada no estuvo presente por estar impedida de viajar («regulada» es la clasificación impuesta por el régimen cubano), pero participó en línea en la ceremonia.
“Hoy no puedo estar [allí] porque la tiranía comunista de Cuba me impone la salida sin retorno, condición que no acepto, pues yo me quedo en Cuba. Estoy honrada y agradecida por este premio. Las Damas de Blanco y yo les agradecemos al Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Polonia por este reconocimiento, que es el resultado de veintidós años de lucha en Cuba por la libertad por los presos políticos”, dijo Soler.

Veinte años atrás, el Parlamento Europeo seleccionó a cinco miembros de las Damas de Blanco, incluyendo a Berta Soler para recibir el Premio Sájarov. Creado dos años antes, el movimiento fue creado por las esposas y familiaresde los presos políticos de la llamada Primavera Negra de 2003.
Soler se sumó a las Damas de Blanco desde su fundación para luchar por la libertad de su esposo, Ángel Moya Acosta, quien fuera sentenciado a veinte años de prisión, de los cuales cumplió ocho. Moya Acosta y Félix Navarro fueron los últimos prisioneros liberados del Grupo de los 75, pues ambos se negaron (junto a otros diez) a aceptar un exilio forzoso y decidieron quedarse en Cuba.
En sus más de dos décadas de existencia, las Damas de Blanco han atravesado diversas formas de represión por parte de la policía política, pero han persistido en sus propósitos y en su voluntad de asistir los domingos a la iglesia de Santa Rita, en Miramar. Aunque desde 2022 a Berta se lo impiden, de la peor manera, cada semana.
Si alguien tiene alguna duda sobre el acoso y la represión que sufren los disidentes y opositores al régimen cubano, no tiene más que asomarse por los alrededores de la vivienda de Berta Soler y Ángel Moya Acosta, en Lawton, municipio Diez de Octubre. Allí verá patrullas de la policía en todo el entorno, así como agentes y colaboradores de la Seguridad del Estado apostados en comercios, plazas y aceras, especialmente los domingos.
Ningún otro opositor u opositora, con excepción de José Daniel Ferrer, es víctima de un acoso de tal magnitud. Quienes hayan leído El Castillo, de Franz Kafka, recordarán a los funcionarios metidos en la cama del agrimensor. Así de delirante es el acoso que sufren Ángel Moya y Berta Soler.
Los domingos, para impedir que Berta asista a la iglesia de Santa Rita, sube más el acoso y la represión. Es entonces cuando tienen lugar los mítines de repudio que organiza la policía política. En esas acciones involucran a personas que traen en ómnibus y camiones cerrados desde otros municipios.

Berta Soler ha sufrido, además, en su ya larga lucha por la libertad y los derechos humanos, muchas campañas de desprestigio a su reputación para dañar su credibilidad, una práctica habitual del régimen en contra de los opositores y de las opositoras.
Durante 10 años de residencia en Lawton fui testigo de los hechos que relato, así como de haber escuchado, ocasionalmente, falsedades en torno a Soler, que incluyen frases despectivas por el color de su piel. Berta puede ser una leona cuando la atacan, pero cuando hablas con ella, fuera de esos contextos, es una mujer educada, sosegada, amable.
Cómo lo logra, cómo ha podido lidiar, durante tanto tiempo, con la represión y el acoso. Cómo no la han quebrado. Tampoco a José Daniel Ferrer. De dónde sacan ellos tanta fuerza. Es algo que no podemos saber nosotros, simples mortales.
El Premio Solidaridad Lech Wałęsa agrega un reconocimiento de alta valía a Berta Soler, pero no la protegerá de los represores. Ella los seguirá afrontando, como en los últimos 22 años. Hasta un día, porque la oscuridad no podrá ser eterna.