
Por Sergio Valdivieso
El deshielo entre Cuba y Estados Unidos escalará un nuevo peldaño con el encuentro de militares y funcionarios de seguridad de ambos países en una conferencia anual para la región del Caribe, que patrocina el Comando Sur.
La confluencia de militares de los otrora enemigos regionales forma parte de los pasos de acercamiento que han impulsado las relaciones bilaterales, pero en realidad no es una novedad. Desde hace años, con más o menos encubrimiento, jefes militares de ambos bandos se vienen reuniendo en el territorio de la Base Naval de Guantánamo desde finales de los años 90 para coordinar acciones comunes en torno al enclave compartido.
Más recientemente, el pasado septiembre, médicos cubanos fueron recibidos en el barco hospital USS Comfort en septiembre durante una visita humanitaria a Puerto Príncipe, Haití.
El Comando Sur confirmó la asisitencia de Cuba a la Conferencia de Seguridad de las Naciones del Caribe (CANSEC), fijada entre el 27 y el 30 de enero en Kingston, Jamaica. A la reunión asistirán representantes de 16 países caribeños, además de Estados Unidos, Canadá, Francia, Holanda y el Reino Unido.
Desafíos comunes
«Hemos normalizado las relaciones diplomáticas e, independientemente de lo que opinemos sobre nuestros respectivos sistemas políticos, tenemos desafíos sumamente comunes», dijo el General John F. Kelly, jefe saliente del Comando Sur.
El traspaso de mando se realizará este jueves en la sede del Comando Sur en Miami, en una ceremonia que contará con la asistencia del Secretario de Defensa, Ashton Carter. Kelly será reemplazado por el Almirante Kurt W. Tidd.
Cuba no ha confirmado aún su asistencia públicamente, pero se trata de un asunto de puro trámite. Venezuela, sin embargo, no asistirá.
Las conferencias de CANSEC han estado dedicadas a temas como el narcotráfico, el contrabando de armas de armas y el tráfico de inmigrantes en la región, pero es probable que la presencia de una delegación cubana ponga sobre la mesa el tema de la Base Naval de Guantánamo. O tal vez a alguno de los militares estadounidenses se les ocurra lanzar el tema del misil Hellfire, que terminó «involuntariamente» enviado a Cuba desde Francia en el 2014, y que el gobierno de Raúl Castro ha hecho caso omiso sobre las peticiones de su devolución.
Tal vez, porque según dijo el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, «este es un asunto que la administración [de Obama] se toma muy en serio». Aunque en la luna de normalización que se fragua entre ambas partes es comprensible que el misil perdido no pase de ser un chiste de sobremesa, no así el tema de Guantánamo.
En el foco de la normalización
La base de Guantánamo está en las demandas de Cuba para normalizar las relaciones con Estados Unidos y no es descabellado pensar que la representación de La Habana discuta en el cónclave militar el futuro del territorio ocupado desde 1902.
Aunque Washington ha dicho que la base no es negociable como parte del restablecimiento de las relaciones con Cuba, la administración ha dado suficientes pruebas de que otras cosas «no negociables» han formado parte de acuerdos y transacciones entre ambas partes. El presidente Barack Obama ha insistido como parte de su política en el cierre del centro de detención, algo que volvió a repetir durante su úitimo discurso sobre el Estado de la Unión, la noche de este martes.
«Voy a seguir trabajando para cerrar la prisión de Guantánamo: es cara, innecesaria, y sólo sirve como un folleto de reclutamiento para nuestros enemigos», dijo el presidente.
La posibilidad de clausurar el centro de prisioneros vinculados a acciones terroristas facilitaría el camino para una posterior negociación con Cuba, Las claves sobre el futuro de Guantánamo parecen estar definidas en la estrategia política de Washington a largo plazo y que el General Kelly ha deslizado en su entrevista de despedida del Comando Sur: el territorio de la Base Naval podría ser administrado conjuntamente entre los dos países y los cubanos podrían trabajar allí como ocurría en el pasado.
Aunque esta no es la solución definitiva que quiere Raúl Castro, sería al menos un primer paso en la transición de poderes, al estilo del Canal de Panamá. Y Kingston es un buen escenario para tantear la opción que continuaría allanando el camino de la cooperación en lugar del diferendo.