
Ozzie Guillén, el controversial mánager de los Marlins, anunció un viaje de urgencia este martes a Miami para aclarar ante la comunidad sus explosivas declaraciones sobre Fidel Castro.
Guillén dejará el equipo en Filadelfia, donde los Marlins iniciaron este lunes una serie de tres juegos con los Filis, para tomar un avión y ofrecer una conferencia de prensa frente al flamente estadio de La Pequeña Habana. Los medios de comunicación han sido convocados para las 10 a.m.
“Quiero aclarar todo y dar la posibilidad para que la gente pueda hablarme frente a frente», dijo Guillén abordado por los periodistas el domingo, luego de concluir la subserie con los Rojos en Cincinnati.
El mánager, de 48 años, confesó además que está muy apenado y que no ha podido dormir en los últimos tres días a causa de este asunto.
Una tormenta política
Pero Guillén, famoso por sus declaraciones excéntricas, debe saber que con eso no basta en el sur de la Florida, después de haber creado una tormenta política.
Y el asunto ha derivado ya en la petición de su renuncia como timonel de los Marlins, apenas cinco juegos después de haber arrancado la temporada del 2012.
El comisionado Joe Martínez, presidente de la Comisión de Miami-Dade, ya salió al ruedo pidiendo «acciones decisivas» contra el mánager venezolano.
En una carta enviada a Jeffrey Loria, dueño de los Marlins, Martínez abogó por que las figuras públicas deben de estar conscientes de las consecuencias de sus declaraciones públicas.
“Cualquier persona que dice que respeta y admira a un individuo que representa la opresión y el dominio de un país y sus ciudadanos debe causar una preocupación grave”, escribió el comisionado cubanoamericano. “Si el señor Guillén se siente así por un hombre que ha traído décadas de abuso y violaciones de los derechos civiles para sus cuidadanos, tal vez debería mudarse allí y vivir como el cubano común”.
Encantamiento con Fidel Castro
Además, el alcalde del condado Carlos Giménez y el comisionado de la ciudad de Miami, Francis Suárez, le han pedido su renuncia, convirtiendo el asunto en puro espectáculo político.
La tormenta tiene que ver nada menos que con un supuesto elogio -a medias, equívoco, malinterpretado pero sin dudas comprometedor- a Fidel Castro, el Satanás para la comunidad exiliada.
Si se lee con detenimiento la declaración en la revista Time, esto fue lo que dijo Guillén: «Me encanta Fidel Castro. Yo respeto a Fidel Castro. ¿Sabes por qué? Mucha gente ha tratado de matar a Fidel Castro durante los últimos 60 años, pero ese hijo de puta todavía está ahí’’.
La frase tiene un contenido antagónico que pudiera pasar como una excentricidad en otras latitudes, pero no en el condado de Miami-Dade, y mucho menos cuando el nuevo estadio inaugurado en esta temporada, a un costo de $615 millones de dólares, está creando dolores de cabeza en el vecindario de La Pequeña Habana por las dificultades con los parqueos.
Peor aún, los Marlins arrancaron perdiendo tres de sus primeros cuatro juegos, ahora que la franquicia no es ya la Cenicienta de Grandes Ligas, sino la sexta que más dinero desembolsó en el 2012, con una nómina salarial de $118 millones de dólares.
Y que Viva Chávez
Tras las declaraciones, el torbellino no ha parado. No es el primer desaguisado político de Guillén, que cuando ganó la Serie Mundial del 2005 con los Medias Blancas de Chicago gritó «¡Viva Chávez!»
Guillén no es un desconocedor de la realidad de Miami. Aquí ganó la Serie Mundial del 2003 y sabe cómo se bate el mantecado por estos lugares.
Este lunes la radio en español con llamadas telefónicas en vivo estalló en críticas que casi reclamaban el linchamiento. Y no faltaron insultos que realmente desacreditan el espíritu democrático y civilizado que debe primar en una comunidad que dice defender las libertades ciudadanas fundamentales. Pasiones aparte, calificar de imbécil y tarado a un mánager de Grandes Ligas o a quien sea no es aceptable, por mucho patriotismo que enarbole el insultador radial.
Tampoco podían faltar los gritos y las diatribas al pie del Restaurante Versailles de la Calle Ocho.
Para completar la avalancha anti-Guillén, sobrevino la nota de protesta folclórica, a cargo de Vigilia Mambisa.
El dirigente de Vigilia Mambisa anunció que la organización hará «un boicot» a los Marlins y no comprará ningún boleto para la temporada hasta que Guillén no renuncie.
La aplanadora en acción
Por lo pronto no comprará boletos, y tal vez después encuentren alguna manera de cómo usar la aplanadora.
El acalorado debate en el sur de la Florida está resonando ya en la prensa norteamericana, que es lo último que necesitaba la franquicia de los Marlins en estos momentos.
«¿Debe ser castigado Ozzie Guillén por sus comentarios sobre Fidel Castro?«, se cuestionó este lunes el influyente diario Los Angeles Times en una encuesta con los principales columnistas de béisbol en Estados Unidos.
De todo, lo más sabio que he escuchado hasta ahora lo dijo el primera base de los Marlins, Gaby Sánchez, el único jugador cubanoamericano de la franquicia miamense: «Drama for nothing».
Y creo que de eso se trata. De una tormenta en un vaso de agua, otra vez por una estupidez lanzada al aire sobre un dictador que languidece en la isla, pero que no deja de seguir ocupando los primeros planos en el territorio de sus víctimas.
Lo que tiene que hacer Guillén es dirigir con buen tino a la novena de Miami y olvidarse de la política, de Hugo Chávez y de Fidel Castro. En todo caso no son ellos ni es por hablar de ellos que los Marlins le pagarán los $10 millones de dólares de su contrato por los próximos cuatro años.