Por Jaime Masó Torres
Recuerdo cuando conocí a Ibelis Cabrales Acosta (1972) en La Habana, recién llegada de Holanda, donde reside hace varios años. Aquella mañana me habló de sus encuentros con una peña de “vanvaneros”, homenajes y todo un programa de actividades, como si se tratara de compromisos adquiridos con una multinacional. Así de serio era el asunto.
Si no recuerdo mal, en los pocos minutos que compartimos, hablamos de un proyecto que venía cocinando y que poco a poco iba tomando forma. Con Rosa Marquetti detrás, ayudando en cuanto podía —como es su costumbre— la idea se transformó en un libro y ese libro ya es una realidad.
Con Formell… en el cielo también se baila. Cómo Los Van Van transformaron mi vida está firmado por Cubana Ibelis (seudónimo por el que es conocida la autora) y fue publicado por la Editorial Letra Minúscula el pasado junio. Para el editor Sergio Bello Canto, el texto goza de la sinceridad y ese toque espontáneo y cautivador de la primera vez; y eso se disfruta mucho. Además, la narración se impregna con el propósito de congregar y armonizar, cual familia toda, a los que se sienten atraídos y quienes son confesos y manifiestos fanáticos de Los Van Van.

Ibelis Cabrales no es una escritora profesional, ni tan siquiera ejerce una profesión relacionada con el mundo de las letras. Ibelis es una melómana declarada; guardiana, como pocos, de la obra de Juan Formell e incansable promotora en redes sociales de todo aquello que guarde relación con la mítica orquesta, fundada en los primeros días de diciembre de 1969.
He aquí algo extremadamente interesante: ¿quiénes están “capacitados” para contar y aportar a la historia musical de un país? ¿Solamente los músicos, los estudiosos, los periodistas, los críticos? Evidentemente, no.
Además del uso correcto de los datos —si se quiere ser riguroso—, y las necesarias aclaraciones que, sobre un hecho, figura o género hacen los musicólogos e historiadores, a la música también le hace falta esa mirada personal, afectiva, desde la posición de quien disfruta el producto, lo vive, lo hace suyo.
Que un melómano cuente su historia de cómo tal cantante u orquesta influyeron en su vida, a mí como lector, me resulta atractivo e incluso sensible.
Es tan importante lo que dice un músico sobre su obra como lo que cuenta un productor o lo que narra un melómano. Al final, esas historias tienen un mismo objetivo, aunque distintas perspectivas y todas—en un mismo nivel— llaman la atención del público.
En este sentido, me detengo en un solo ejemplo: nunca hubiéramos entendido el fenómeno de The Beatles sin los criterios de un personaje tan importante como oscuro llamado Phil Spector y todo lo que se recoge en la biografía Tearing Down the Wall of Sound (Derribando el Muro del Sonido), escrita por Mick Brown y publicada en 2007.
En algún momento quisiera conocer la historia detrás un productor cubano como Jorge Rodríguez, el hombre que ha estado presente en muchas de las grabaciones más importantes de los últimos años en Cuba. De la misma manera, me encantaría leer mañana algún texto sobre Medardo Montero, grabador estrella de Radio Progreso, solicitado por la inmensa mayoría de los cantantes y orquestas allá en los años cincuenta del pasado siglo.
Para contribuir a la salvación de la memoria musical de un país, todas las miradas cuentan.
Un creador como Juan Formell (1942-2014) necesitaba un libro como el que ha escrito Ibelis Cabrales. Se ha estudiado el origen del songo, se han analizado las letras, se conocen cientos de anécdotas, existen documentales, entre ellos destacó Eso que anda, realizado por Ian Padrón hace 15 años. Pero nos hacía falta, desde las letras, un testimonio en primera persona, una experiencia directa para entender cómo la música puede transformar una vida.
Agrada saber que Ibelis Cabrales representa a los “vanvaneros” de Cuba y de otros lugares en el mundo y que ese tren sigue en marcha. Ahora mismo gana tanto el que baila como el que lee.