Humberto Calzada o el misterioso fulgor de lo cubano

Calzada le dio identidad visual a Miami y definió como nadie una sensibilidad de lo cubanoamericano. Su pintura fue para mí un hallazgo revelador, una luminosa provocación sensual que comportaba también el desarraigo y la ausencia.

Ha muerto Humberto Calzada (1944-2025), un pintor extraordinario que refundó con sus lienzos un mundo cubano de nostalgias, ensoñaciones y visiones entrecruzadas del pasado y el futuro: casas vacías (pero habitadas), vitrales reverberantes, tejados y portones, pisos de lustrosos mosaicos y espacios inundados de agua y de luz. Y todo permeado de un azul intenso, penetrante, que es una clave de vitalidad en su obra.

Un arte de rara seducción que es a la vez rescate de una memoria arquitectónica en fuga y configuración espléndida de porvenir, que no es otra cosa que sueños aplazados.

Calzada le dio identidad visual a Miami y definió como nadie una sensibilidad de lo cubanoamericano. Su pintura fue para mí un hallazgo revelador, una luminosa provocación sensual que comportaba también el desarraigo y la ausencia. Descubrí casi simultáneamente los caserones y las puertas de Emilio Sánchez (1921-1999) y las creaciones arquitectónicas de Calzada, y  en las visiones contrastadas de sus respectivas poéticas encaré, dolorosamente, la certidumbre de un país perdido.

Portada del libro publicado por Lowe Art Museum-UM en 2006.

Creo que alguna vez terminé por confesarle que, durante mis primeros meses de exiliado, en el hogar donde me acogió generosamente mi familia, un enorme cuadro suyo me sirvió de refugio emocional en las jornadas difíciles de adaptación. En ese momento de ruptura cuando terminas por asumir el no retorno.

Calzada, que llegó al exilio con su familia en 1960, quiso estudiar arquitectura, se graduó finalmente de ingeniero industrial por la Universidad de Miami, en 1966, y llegó a realizar después una maestría en Finanzas. Pero la pintura lo sedujo a tiempo completo desde mediados de los años 70 y consiguió posicionarse en el mercado del arte con excelentes dividendos, como parte de la llamada Miami Generation, aunque él no se sentía plenamente identificado con esa clasificación un grupo que nunca fue, más allá de compartir catálogos.

Years of Elusive Attachments (Años de vínculos esquivos)/ 1999.

En 1978, Calzada participaría en una exposición colectiva en el Lowe Art Museum, titulada “Artistas latinoamericanos del sureste de la Florida”. Fue un momento clave para enrumbar su carrera y abrirse paso hacia el pleno reconocimiento como artista plástico.

Pero junto al artista de trascendencia indiscutible, debe hacerse un aparte para reconocer la excepcional condición humana de Calzada, siempre dispuesto a tender una mano a sus compatriotas, siempre abierto a dialogar y establecer puentes de comunicación. Su generosidad, comprensión y ánimo solidario estaban en un nivel fuera de serie, y a veces se pasaba de rosca en la tolerancia de ciertos malagradecidos.

Puente de mar/ 2005.

Fue consecuente con sus actos y sus decisiones, y con lo que le dictaba su conciencia. Y se fue a Cuba en varias ocasiones, en viajes de emociones encontradas que también le permitieron afianzar su apropiación estética sobre el deterioro del ámbito cubano. Nunca se recuperó de la violenta impresión que le causó La Habana en ruinas, destartalada y decrépita, irreconocible para quienes vivieron su época de esplendor.

Conversador ameno, anfitrión de desbordada hospitalidad, Calzada acogió y promovió en su propio hogar tertulias, encuentros de amigos, conversatorios, lanzamientos de libros… Era el puerto seguro donde recalaban, siempre con beneplácito, proyectos, iniciativas, cartas de apoyo y visitantes desde todos los confines cubanos.

Calzada de Luyanó y Calle Ensenada (acrílico sobre fotografía de Hector Trujillo)/ 2022.

Repaso ahora a manera de homenaje el libro Humberto Calzada (Lowe Art Museum, UM, 2006), un compendio, espléndidamente ilustrado, de las casas imaginadas, los pasadizos, las puertas entreabiertas y las invitaciones a los espacios visuales que el artista se empeñó en legarnos como patrimonio pictórico a su paso por estos parajes de fervor cubano. Me refugio, sin embargo, en esa otra residencia construida para resguardarnos de la intemperie que nos acecha como nación, puestos a salvo de todos los derrumbes, de todas las fracturas y todos los extravíos, en el sagrado territorio de la bondad.

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