Estampas de la república: Si el entierro de Chibás hubiera llegado a Palacio

En el velorio del líder ortodoxo, Fidel Castro propuso al periodista y representante a la Cámara, José Pardo Llada, secuestrar el cadáver, y en vez de llevarlo al cementerio Colón llevarlo hasta Palacio, seguidos por un mar de pueblo.

Por Antonio Conte

El 19 de febrero de 1923, un grupo de jóvenes intelectuales protagonizó en un salón de la Academia de Ciencias de Cuba lo que la historia recogería como Protesta de los Trece. El grupo lo integraban Rubén Martínez Villena, Calixto Masó, José Antonio Fernández de Castro, Félix Lizaso,  Francisco Ichaso, Luis Gómez Wangüemert, Alberto Lamar, Juan Marinello, José Z. Tallet, José Manuel Acosta, Primitivo Cordero, Jorge Mañach y J.L. García Pedrosa. La mayoría se destacó después en el mundo de las letras, el periodismo y en la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado, aunque profesaban diferentes ideologías.

Pertenecían todos a una generación polémica y pensante, de la que fue paladín Julio Antonio Mella. La protesta se produjo durante el gobierno de Alfredo Zayas, motivada por el escándalo del convento de Santa Clara, comprado por el Estado a una empresa privada por la suma de dos millones 300 mil pesos. La iglesia había vendido el convento a la misma entidad por un millón en momentos en que la economía marchaba viento en popa. Cuando el gobierno compró el convento, el país atravesaba por otra crisis, conocida como las “vacas flacas”.

Generación de revolucionarios

El malestar de la población por aquel relajo cobró cuerpo en la Protesta de los Trece, cuando se homenajeaba a la escritora uruguaya Paulina Luissi, en presencia del ministro Erasmo Regüeiferos, uno de los implicados en la compra del convento.

El grupo se encontraba en el salón. El poeta y abogado Rubén Martínez Villena interrumpió el homenaje, se levantó junto a sus compañeros y leyó la proclama que, entre otras cosas, decía: Perdonen todos que nos retiremos. En este acto interviene el Doctor Erasmo Regüeiferos, que olvidando su pasado y actuación, sin advertir el grave daño que causaría su gesto, ha firmado un decreto ilícito que encubre un negocio repelente y torpe. Los Trece se largaron de inmediato e hicieron público el manifiesto, redactado por Rubén, en la primera plana del periódico Heraldo de Cuba.

A la generación del los Trece pertenecieron Eduardo René Chibás y Carlos Prío Socarrás, ambos revolucionarios de la década de los años treinta. Prío fue Presidente de Cuba de 1948 al 10 de marzo de 1952, cuando fue derribado por un golpe de Estado encabezado por Fulgencio Batista. Chibás, proveniente del Partido Auténtico, donde militaba Prío, se fue con su música a otra parte y fundó en 1947 el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), cuyo lema era “Vergüenza contra dinero”, y su arma una escoba con la que se pretendía barrer la corrupción que asolaba a la nación.

Chibás denunció al ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango, también combatiente contra la dictadura de Machado, abogado y profesor universitario, de haberse robado parte del presupuesto nacional. Sánchez Arango retó a Chibás a que presentara las pruebas del robo. El 5 de agosto de 1951, ante la imposibilidad de presentar una sola prueba a la opinión pública y al Congreso, Chibás optó por dispararse un balazo en la ingle durante su programa de radio que transmitía cada domingo la emisora CMQ. De postularse a las elecciones presidenciales programadas para el año siguiente, como se esperaba, hubiera ganado por una milla, pues fue un hombre admirado por las multitudes y una esperanza para la república. El 17 de agosto Eddy Chibás cerró sus ojos para siempre, dejando a la deriva a cientos de miles de seguidores.

Loco de remate

En el velorio del líder, en la Universidad de La Habana, el joven abogado Fidel Castro propuso al periodista y representante a la Cámara, José Pardo Llada, ambos miembros del Partido Ortodoxo, secuestrar el cadáver, y en vez de llevarlo al cementerio Colón, bajar por la calle San Lázaro hasta Palacio seguidos por un mar de pueblo.

-Cuando lleguemos a Palacio seguro que Prío se apendeja y se va. Entonces tú te quedas de Presidente y me nombras Vice a mí.

-Oye, guajiro -respondió Pardo-, tú sí que estás loco de remate.

La caminata de la Universidad hasta el cementerio fue una manifestación de tristeza popular. Pardo Llada, Luis Orlando Rodríguez y Leonardo Fernández Sánchez despidieron el duelo. Dicen que Castro no era santo de la devoción de Chibás.

Cuarenta años después visité a Pardo en Cali, Colombia, donde residía. Le pregunté si la anécdota era cierta.

-No sólo eso. Una vez entrevisté a Prío en Miami, algunos años antes de que se suicidara y le hice el cuento. Me dijo que si nos hubiéramos aparecido en Palacio con el muerto, él hubiera espantado la mula.

No era probable que Pardo y Castro se proclamaran Presidente y Vice luego de la estampida de Prío. Aunque en aquellos tiempos cualquier cosa era posible en Cuba.

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