Las trajinadas –y confirmadas—versiones sobre las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos, y una reciente mención del presidente Donald Trump a la poderosa familia Fanjul, merecen escarbar un poco la memoria en torno a estos temas, que tienen una larga cola en la historia reciente, pero que solemos olvidar con exceso de liviandad cubana.
Los intentos de propiciar un canal de conversaciones para potenciales acuerdos con el régimen cubano por parte de los máximos estamentos del poder político y financiero de Estados Unidos han sido recurrentes, desde la propia década los años 60, con mayor o menor visibilidad, e incluyen a connnotados políticos, magnantes y consorcios empresariales. Algunas de esas movidas han permanecido encubiertas por diversos motivos, pero el involucramiento de personalidades y hombres de negocios de la comunidad cubanoamericana es un hecho consumado, con diversos niveles de alcance y participación.
Repaso esta carta de la Colección de los Hermanos Braga, Sección de Estudios Especiales de la Biblioteca Smathers, en la Universidad de Florida, porque resulta ilustrativa. Está fechada el 3 de septiembre de 1974 y fue enviada por el magnate azucarero Alfonso Fanjul y Gómez Mena a su primo también influyente empresario George Braga. No hay que darle muchas vueltas para entenderla como parte de la estrecha conexión entre la política de Washington hacia Cuba y el poder de la élite más acaudalada de la nación, en este caso cubanoamericana.

Hay que ponerle un poco de contexto al documento. Después de la apertura impulsada por el presidente Richard Nixon para establecer relaciones con China y Rumanía, Estados Unidos inició gestiones para negociar los términos del restablecimiento de los lazos diplomáticos con Cuba, pero el escándalo de Watergate detuvo momentáneamente los trámites.
El presidente Jimmy Carter retomó la labor donde la había dejado Nixon, tratando de involucrar hasta la Coca Cola. A pesar del obstáculo que constituyó la intervención de Cuba en la guerra de Angola, con Carter se logró avanzar en la apertura de secciones consulares por primera vez desde 1960, la liberación de más de 3,000 presos políticos, y los viajes familiares, asuntos que están presentes en la misiva de Fanjul.
Obviamente, como ha sucedido en otros períodos, la tentativa de negociación no estaba extendida a otras figuras de la entonces emergente comunidad política y empresarial cubana del sur de Florida, por lo cual Alfy Fanjul pide al destinatario de la carta no hacer público el mensaje por las “razones que puedes entender”, y que no son otras que los posicionamientos de línea dura y reacia a la negociación que prevalecían entre sectores del exilio. ¿Les suena el panorama, 50 años después?
La referencia a Alfy Fanjul, patriarca familiar hoy con 88 años, tiene que ver con la nueva tramoya de negociaciones entre La Habana y Washington, y la referencia de Trump a la familia Fanjul durante una presentación ante la prensa en la Oficina Oval, el pasado lunes.
No han sido casuales ni las menciones a los Fanjul y a otros empresarios cubanoamericanos, ni el intercambio con Jorge Mas Santos durante su visita con el Inter Miami a la Casa Blanca, ni las repetidas referencias de Trump al eventual regreso a su tierra de los cubanos que fueron expulsados por Fidel Castro e hicieron fortuna en Estados Unidos. Y lo que queda claro con estas fintas y tanteos es que la salida de una salida por la vía económica para la crisis cubana ha estado moviéndose y conversándose en las altas esferas de la administración estadounidense.
El conglomerado empresarial del Grupo Fanjul incluye a Florida Crystals, ASR Group y Central Romana Corporation. Los negocios de la corporación están diversificados en la agricultura, el sector inmobiliario, los complejos turísticos y la generación de energía renovable, con operaciones y activos a nivel global en Estados Unidos, Europa y República Dominicana. Las empresas agrícolas de los Fanjul tienen la capacidad de producir seis millones de toneladas de azúcar al año, una cifra a la que ni siquiera se acerca actualmente la industria azucarera en la isla.

Estamos hablando de pesos pesados en el ámbito empresarial y financiero en Estados Unidos. Una “visión economicista” para el cambio en Cuba comprende el capital y los fondos de inversión para la reconstrucción del país, que es de lo que realmente estaría fraguándose por la parte estadounidense. No me quedan dudas que desde esa perspectiva han emergido en fechas recientes las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, sobre la urgencia de transformar una economía disfuncional y el fracasado sistema de Cuba.
Hay suficientes trazas históricas para pensar que los Fanjul pudieran estar detrás de este entramado de opciones para el futuro en Cuba.
Debe recordarse que los Fanjul, Alfy afiliado a los demócratas, y José Francisco “Pepe” como republicano, han sido factores clave de influencia sobre las administraciones estadounidenses por las últimas cuatro décadas. La familia controla un imperio azucarero e inmobiliario valorado en unos $8,200 millones de dólares, y sus contribuciones a las campañas presidenciales y congresionales han sido un factor crucial en el escenario de la Florida.
En abril de 2012 y febrero de 2013, Alfy Fanjul realizó sus primeras visitas a Cuba como parte de una delegación organizada por Brookings Institution. Durante su estancia en La Habana se reunió con los ministros de Relaciones Exteriores y de Agricultura, y con posterioridad hubo otros viajes exploratorios a la isla.
En un artículo para The Washington Post, en 2014, Alfy Fanjul habló sobre sus viajes a Cuba y su interés por retornar allí los vastos activos azucareros de su familia. La confesión encendió entonces la polémica con la Asociación Nacional de Propietarios de Ingenios Azucareros de Cuba, defensores de una conducta de verticalidad anticastrista.
El magnate dejó claro que su intención de expandir su negocio familiar hacia su país de origen era solo una quimera que esperaba por tiempos propicios: «En este momento, no existe para nosotros forma alguna de considerar la inversión en Cuba. ¿Cómo se puede cerrar un trato si legalmente no está permitido hacerlo? Si se llegara a un acuerdo entre Cuba y Estados Unidos —y si legalmente fuera viable, con un marco normativo adecuado debidamente establecido y en vigor—, entonces evaluaríamos esa posibilidad».
En el caso de Pepe Fanjul, de 82 años, ha sido portentoso donante de los políticos republicanos, un patrocinador de larga data de Marco Rubio y un animado recaudador y contribuyente de las campañas de Trump, quien es además vecino de Mar-a-Lago, en West Palm Beach.
Un dato muy signifgicativo es que Pepe y su esposa Emilia Fanjul se cuentan entre los donantes que financiaron la demolición del Ala Este de la Casa Blanca, así como la construcción del controversial Salón de Baile de $200 millones de dólares. Y Emilia fue nombrada fideicomisaria del Kennedy Center en enero de 2025.
Un prontuario que no podemos desestimar en ese escenario accidentado e inconcluso que ha sido la política de Estados Unidos hacia Cuba.