Demolición en la Casa Blanca: La Historia que se derrumba

La emblemática East Wing de la Casa Blanca quedará totalmente demolida este fin de semana para dar paso al nuevo salón de baile que forma parte de los proyectos de reformación del presidente Donald Trump.

La emblemática East Wing (Ala Este) de la Casa Blanca quedará totalmente demolida este fin de semana para dar paso a un nuevo salón de baile, que forma parte de los proyectos de reformación del presidente Donald Trump durante su segunda estancia en el recinto de máximo simbolismo y poder de Estados Unidos.

La demolición ha sido objeto de polémica e indignación por parte de historiadores y arquitectos preocupados por la conservación patrimonial de una edificación que es considerada un símbolo de la nación americana.

Elizabeth Anne Ford, ex primera dama de Estados Unidos, tenía una definición esencial sobre lo que significó el Ala Este para el espíritu americano: ‘Si el Ala Oeste es la mente de la nación, entonces el Ala Este es su corazón”.

En los muros y las paredes del East Wing estaba una historia que parecía destinada a preservarse y compartirse con las generaciones futuras. A partir de ahora, ese pedazo de memoria viva dejará de existir para ser remplazado por una millonaria inversión privada que roza los $300 millones de dólares.

Esa fue la entrada formal a la mansión presidencial, lugar de juramentaciones y eventos sociales durante más de un siglo en Estados Unidos, y  un espacio de actividades para la primera dama desde la época de Eleanor Roosevelt.

La sección fue construida durante el mandato del presidente Theodore Roosevelt, en 1902, cuando se llamaba Terraza Este, y posteriormente reconstruida durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt para ocultar un nuevo búnker subterráneo de emergencia.

A la vez, albergó a personal y oficinas adicionales de la Casa Blanca durante largos años. Justo debajo del Ala Este se encuentra el Centro de Operaciones de Emergencia Presidencial, un búnker subterráneo a prueba de bombas para el presidente, construido durante la Segunda Guerra Mundial, y no está claro aún si la venidera construcción del salón de baile lo afectará.

Aún se conservan el teatro presidencial y una pasarela cubierta llamada Columnata Este que conecta con la residencia principal, así como el Jardín Jacqueline Kennedy, ubicado justo al sur de la columnata.

El jardín, que suele identificarse como Jardín Este o Jardín de la Primera Dama, es un espacio tradicional para recepciones al aire libre.

Su desaparición es arrancar un pedazo de Historia al país, transformando el lugar en algo ajeno a su sentido primigenio y su uso tradicional. Como va el Ala Este va el corazón de la nación.

Curiosamente, las reconstrucciones previas de la preservada Ala Este, particularmente en tiempos de guerra, recibieron siempre fuertes críticas de ambos partidos, con severos cuestionamientos republicanos por considerar que se trataba de un despilfarro y un gasto innecesario, según consta en los registros de la Asociación Histórica de la Casa Blanca.

Sin embargo, la utilidad de sus adiciones y el respeto por los valores arquitectónicos de la edificación evaporó regularmente las críticas.

Las imágenes del arrollador golpe de las grúas de demolición y el desplome de las estructuras del Ala Este son realmente impactantes, y ningún estadounidense puede dejar de verlas sin arropar, al menos, un sentimiento de nostalgia.

Para la construcción del salón de baile varios acaudalados monopolios y familias, algunas del jardín miamense, se han apuntado. De cualquier manera, debe quedar establecido que esta movida es un acto de derrumbe, un borrón del patrimonio conservado por generaciones. Es importante registrarlo para la Historia que se cuente desde una perspectiva de respeto por los hechos incanjeables.

La memoria no se derrumba, se conserva. Es una lección que se prolonga desde la antigüedad, porque en la memoria se afirma el alma de los pueblos. Ojalá y esta demolición no sea un mal presagio para nuestro corazón americano.

Aquí una selección de fotos ya históricas del East Wing que fue, que desaparece por voluntad presidencial y que tal vez los estadounidenses del futuro intenten reedificar para el orgullo propio y de la nación que somos y que hemos querido ser.  

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