
Por Carlos Cabrera Pérez
Gobierno y oposición cubanos se aprestan a librar en la próxima Cumbre de las Américas, a partir del 10 de abril en Panamá, otra batalla de melancolía que reafirmará la incapacidad casi congénita para dialogar con sosiego y despilfarrar los escasos recursos económicos de ambas partes en aras de lo que creen la política.
Los países de la región asistirán gozosos al espectáculo pues cuanto peor le vaya a Cuba, mejor les irá a ellos, porque el bloqueo político que ejerce el régimen cubano contra su propio pueblo mantiene reducido a soldados y mendigos el capital humano que ha generado la revolución catrista.
Hace un par de días, el gobierno cubano convocó a una reunión con sus ONGs que planean acudir a la cita de Ciudad de Panamá para pergeñar la estrategia de combate frente al enemigo, léase otros cubanos, y Abel Prieto tuvo otro de sus momentos sublimes, al asegurar que en Cuba el Estado no lo controla todo, aunque todo sea estatal.
Ofensiva oficialista y discurso de pacotilla
La ofensiva oficialista -si cabe otra palabra, déjenme saber- estuvo liderada por Prieto, que es asesor de Raúl Castro, y secundada por el estratega de línea combativa y sempiterno viceministro de Cultura, Fernando Rojas. El principal escenario escogido fue la Casa de las Américas -¿una institución no gubernamental?-, donde un debilitado Roberto Fernández Retamar balbuceó unas palabras de bienvenida retórica a los convocados. Hubo también una reunión paralela en la la Casa del Alba Cultural, que no es lo mismo que la Casa de las Américas, pero es igual.
«Nuestra delegación podrá decir mucho sobre democracia y participación, porque esta Revolución se levantó sobre la participación popular. Nuestra sociedad civil no nació en un laboratorio de tecnócratas, sino del crisol de una Revolución verdadera», afirmó Prieto con el reiterativo y cansado argumento de la «autenticidad» del proceso cubano.
Otras frases antológicas de Prieto preparando la «plataforma más completa posible» de cara al evento regional son verdaderas joyas de colección: «No se puede confundir lo no estatal con lo contrarrevolucionario» y «Lo que fracasó en el mundo fue una experiencia socialista específica, no el socialismo como sistema». Dos muy buenas frases para el enérgico cederista cuentapropista o el muy independiente jurista que compondrá la delegación a Panamá, que en el imaginario cubano reciente es país propicio para adquirir pacotilla y efectos electrodomésticos a buenos precios.
Un pequeño problema
Más allá del truco de usar a la FMC, UPEC, CTC, UNEAC, ANAP y el resto de entramados de asociaciones al servicio del castrismo como supuestas ONGs independientes, el absurdo de Prieto no reconoce un pequeño, ligero problema: todas ellas se financian con dinero estatal, y cuando alguien cobra de un Estado no es otra cosa que un funcionario. Si ese Estado es totalitario, pues no puede ser más que un soldado librador de batallas a conveniencia del poder.
Raúl Castro fue más sincero que Abel Prieto, al asegurar en su discurso ante la Cumbre Extraordinaria del ALBA, celebrada recientemente en Caracas, que las verdaderas ONGs cubanas irían a Panamá a “desenmascarar a mercenarios y sus patronos”.
La oposición anticastrista sigue jugando la baza de la representatividad internacional y despilfarrando sus esfuerzos y dineros en foros que conocen de sobra al castrismo y su naturaleza injusta, en vez de estar junto a los cubanos de a pie, acompañándolos en su difícil día a día y demostrando que –juntos- pueden construir una alternativa democrática.
Antonio G. Rodiles ha publicado una Carta Abierta al General Raúl Castro Ruz en la que le avisa que será desenmascarado en la Cumbre de las Américas, reitera el calamitoso rosario que acumula la dictadura en materia de libertad y justicia, y califica al gobernante cubano y a su antecesor y hermano como “los peores hijos” de Cuba.
Cualquier observador no cubano, entenderá que tildando de mercenarios y malos hijos al oponente, poco espacio queda para el diálogo urgente que reclama Cuba, exangüe económicamente y con una población que se debate entre el hastío, la incertidumbre y la esperanza que abrió el espíritu del 17 de diciembre.
Estrategia para un diálogo nacional
El resto de agrupaciones opositoras aún no han fijado su posición en la próxima cumbre regional, con la excepción del ya citado Rodiles y del ala socialdemócrata que ha anunciado un programa político de izquierda democrática, uniendo esfuerzos y estrategias de Socialismo Participativo y Democrático (SPD), Izquierda Democrática y Socialista (IDyS) y Nuevo Proyecto Socialista (NPS).
Un anuncio alentador porque basa su estrategia en un diálogo nacional y permite vislumbrar la existencia de un freno al posible movimiento de péndulo hacia posiciones de Derecha y neoliberales que se producirá en muchos cubanos a la desaparición del tardocastrismo.
Al menos, dos opositores al gobierno cubano ya han conseguido ser nominados Candidatos a Delegados (Concejal de barrio) por sus vecinos, que han desafiado las lógicas presiones del entramado castrista, y han reconocido la valentía y los méritos de Julio Aleaga Pesant y Yuniel López O’Farrill, quienes tendrán que competir con el miedo que infundan los gedosianos a la población.
Y las Damas de Blanco, que estuvieron hace poco en Coppelia compartiendo con la población que hacían la cola para tomar helados, acaban de confirmar que su ruptura es una realidad y el movimiento cívico más esperanzador de las últimas décadas se parte en tres por la incapacidad para dialogar y generar consenso, mientras el castrismo sigue siendo –aparencialmente- un bloque monolítico.
Ahora no faltarán los exaltados que intentarán culpar de todo a la Seguridad cubana, pero sería bueno que cada uno empiece a cargar con su pesao, como reza el grafiti de la Bodeguita del Medio, y evitar darle tanto poder a un cuerpo represivo que habrá que democratizar, como ha ocurrido en todo tránsito de dictadura a democracia.
Convivencia de vecinos recelosos
Por tanto, gobierno y oposición comienzan a convivir como dos vecinos que se miran con recelo y jamás confraternizan como si Cuba fuera reino de prosperidad que pudiera permitirse enfrentar a unos cubanos contra otros eternamente.
No obstante, será divertido ver las caras del resto de asistentes a la Cumbre de Panamá, cuando comience el desfile de las ONGs oficialistas y sus discursos repitan la letanía oficial de más de 50 años, de sanidad, educación, el cruel e inhumano bloqueo imperialista y los logros alcanzados.
Políticos, periodistas y observadores comprobarán asombrados la vitalidad de esa parte de la sociedad cubana con pensamiento único y entusiasmo permanente por el poder que ha dividido a la familia cubana, ha empobrecido a la nación y ha convertido a Cuba en uno de los países más dependiente del mundo: ayer la URSS, hoy Venezuela, y entre medias, las migajas de donaciones… y siempre el exilio, ah, el vituperado exilio que se ha volcado solidariamente con sus familias y amigos.
Y, si no es mucho pedir, sería deseable que gobierno y opositores eviten apellidar a la sociedad. Resulta que la sociedad siempre es civil; el resto son militares, curas, políticos, etcétera, pero la sociedad civil es un disparate muy usado, como logros alcanzados y las antípodas, en vez de los antípodas, donde ahora mismo parecen estar opositores y gobernantes.