Cernuda Arte: Tesoros cubanos en Miami

El coleccionista y galerista Ramón Cernuda celebra 25 años de la fundación de su galería museo de arte cubano, y revela los planes en marcha para donar su valiosa colección a una reconocida institución con fines educativos y culturales.

El coleccionista, galerista y promotor de las artes Ramón Cernuda está enfrascado en un torbellino de planes para los meses finales del año. Su galería Cernuda Arte, ubicada en el corazón de Coral Gables, está celebrando 25 años de fundada y se apresta a festejar el acontecimiento por todo lo alto.

El próximo 7 de noviembre se inagurará en su sede Modern Art in 1940’s Cuba: A Historical Exhibition, una ambiciosa muestra con 150 obras de los vanguardistas cubanos de primera y segunda generación, y que auspiciará también el lanzamiento de un documentado libro sobre el tema del profesor e historiador Alejandro Anreus, conferencias y visitas dirigidas sobre la exhibición.

Pero el galerista no ha dejado tampoco de pensar en el futuro del patrimonio artístico que atesora entre las paredes de la institución y las de su propia casa en Miami. Su colección de más de 2,000 obras de arte cubano es una de las más valiosas del mundo, y sus dueños, Nercys y Ramón Cernuda, quieren entregarla a una institución reconocida que pueda preservarla y darle un destino educativo y cultural a lo que ha sido la apasionada dedicación de una familia cubana exiliada por toda su vida.

Mientras ese momento se concreta, Cernuda Arte sigue invitando al público del sur de la Florida a viajar por la historia y el presente de la pintura cubana desplegada en sus salones, una enriquecedora aventura visual que junta el hallazgo de memorables piezas y de grandes maestros con el placer del aprendizaje.

¿Cuál es el destino que tú quisieras darle a esta impresionante colección de pintura cubana de todos los tiempos?

Desde hace un tiempo, en años recientes, mi esposa y yo hemos iniciado conversaciones con varios museos para preparar la posible donación de la colección completa o de distintas partes de la colección a distintos museos. Hemos estado en conversaciones con tres museos del área de Miami y también con otras instituciones prestigiosas en Estados Unidos. Ese sería para nosotros el desenlace más apropiado para que la colección quede en manos públicas y darle así una utilidad educativa y cultural a lo que ha sido el trabajo de toda una vida.

¿Qué cantidad de obras integran la colección estos momentos?

La colección familiar cuenta con unas 280 ó 300 obras y en la colección de la galería hay más de 2,200 obras, o sea que estamos hablando de unas 2,500 obras, aproximadamente. En realidad, llega un momento en que ya ni te acuerdas de lo que tienes cuando ya son tantas las obras acumuladas a través del tiempo. Cumplimos más de 50 años mi esposa y yo en esta aventura de coleccionar arte.

¿Recuerdas cuál fue la primera pintura de la colección?

Sí, la colección se inauguró en 1973 con un cuadro de Andrés García [1916-1981], un pintor que tuvo gran acogida y mucho reconocimiento en la década de 1930, como parte de la segunda generación de la vanguardia en Cuba.  Andrés García exhibió con los grandes pintores cubanos de principios del siglo XX, pero lamentablemente era muy difícil sobrevivir como pintor en aquella época. El coleccionismo cubano de esa etapa era muy limitado y las familias más adineradas preferían coleccionar arte de Europa, mayormente de España, Francia e Italia, porque eso era lo que entonces brindaba prestigio. El arte cubano contemporáneo en aquel momento no era visto como un arte prestigioso y Andrés García tuvo que dejar la pintura y dedicarse a hacer ilustraciones comerciales; se dedicó durante muchos años a realizar las portadas de la revista Carteles y ahora se le conoce más como ilustrador gráfico que como pintor. Es el caso de un gran pintor que devino ilustrador, como mismo sucedió con Enrique Riverón [1902–1998]. Lo que pasa es que Riverón tuvo un segundo aire aquí en Estados Unidos. Logró que algunos museos se interesaran por su obra y que algunos coleccionistas lo apoyarán. No podía vivir totalmente de su pintura, pero siguió haciéndola, siguió exhibiéndola y algunos dineros ingresaban a la familia. Tuve el enorme gusto de conocerlos a ambos.

¿Tenían entonces ustedes la visión de conformar una colección o simplemente adquirir arte por puro disfrute personal?

En 1973 yo acababa de graduarme de la Universidad de Puerto Rico y con los primeros dineros que ahorré para comprarme un televisor, que era el sueño personal, tener un televisor propio. Pero cambié de idea y terminé comprándome dos obras de Andrés García. De hecho, las tengo todavía conmigo. Desde ese momento nos dedicamos mi esposa y yo a desarrollar una colección de pintura con énfasis en los grandes maestros cubanos, primero de las vanguardias, y después también nos enfocamos en el arte colonial que tiene muy buenos artistas, y en el arte de lo que acuñamos como la temprana república, desde 1902, y luego hasta 1958. Concentramos nuestras energías en hacernos de esa colección y tiempo después empezamos a desarrollar la colección de arte contemporáneo.

Ramón Cernuda en su despacho. Foto: CF.

¿Cuándo se establece la galería Cernuda Arte?

Se funda en 2000, 27 años después de haber iniciado nosotros la colección. Hasta esa fecha no habíamos vendido una sola pintura. En ese tiempo habíamos participado en el ya difunto Museo Cubano de Arte y Cultura de Miami, publicamos algunos libros de arte y promovimos la escritura de ensayos sobre pintura cubana.

A propósito que lo mencionas, me interesa abordar el tema del Museo Cubano de Miami, que te tuvo entre los integrantes fundadores. ¿Cómo recuerdas esa experiencia que estuvo marcada por la controversia y hasta la confrontación violenta a comienzos de los años 80?

Ese primer museo cubano fue visionario en cuanto a integrar el arte cubano de las dos orillas, pensando que si era arte cubano no importaba donde se produjera, y, por supuesto, había que contar con la matriz artística de lo cubano que estaba en Cuba. Fue una etapa muy difícil. El Museo se funda el 10 de octubre de 1982, aunque desde antes ya tenía su directiva de la cual yo era parte. Exhibió arte en distintos lugares donde nos prestaban paredes y espacios para montar exposiciones hasta que finalmente tuvimos nuestro local, un edificio que había sido una estación de bomberos y que nos fue cedido por la ciudad de Miami. Ahí creamos el museo en 1982 con la concepción de origen de que el arte es independiente del lugar donde vive el artista y de qué ideas políticas, sociales y culturales pueda tener. Si la calidad de la obra lo amerita, el artista debe ser conocido, reconocido y exhibido. De hecho, el museo abrió sus puertas con una exposición de Víctor Manuel García (1897-1969), que muere en Cuba dentro del periodo revolucionario y protegido por las autoridades cubanas. A través de los años, la política cultural del museo fue no incorporar a sus exhibiciones obras de mensaje político. Evitábamos la obra panfleto, la obra de contenido político, y buscábamos dentro de los grandes pintores cubanos las creaciones que no necesariamente antagonizaran con el público, porque no era propósito del museo antagonizar a nadie.

Pero el museo terminó con enfrentamientos irreconciliables entre sus promotores. ¿Qué sucedió?

Lamentablemente, después de varios años de trabajo, hacia 1987-88 surgió aquí en Miami una corriente de pensamiento que planteaba que no se debía exhibir a artistas cubanos que no hubiesen roto con el gobierno de la isla, habiéndose exiliado o habiendo denunciado al sistema imperante en Cuba de una manera pública. Esa gente criticaba nuestro trabajo hasta que un buen día trataron de controlar el museo y expulsar a los que defendíamos la tesis de inclusión de todos los artistas cubanos por sus méritos y no por sus posiciones políticas o lugar de residencia. En esencia, eso fue lo que provocó el gran conflicto y todo lo derivado, como la quema de El pavorreal, de Manuel Mendive, atentados terroristas con bombas, la destrucción de más de 40 pinturas frente al edificio, en fin, que es una larguísima y triste historia.

Hablabas de las conversaciones que han tenido con instituciones estadounidenses como depositarias de la colección. De todas formas, ¿cuál es la idea del tránsito de tu galería y sus tres locaciones de Coral Gables como un espacio museable para el público en general?

Desde sus orígenes, el concepto galería era un lugar en donde se exhibía obra para que un gran público viniera y viera la obra. El coleccionismo era ocasional y más privado, mientras las grandes aperturas reunían a cientos y hasta miles de personas en las galerías. Después de eso el coleccionista podía venir un día entre semana, asistir a deshora fuera de los horarios regulares,para negociar una compra puntual, pero el objetivo de la galería era principalmente cultural. Entonces principalmente en Francia y en Italia, que es donde surgen las primeras galerías hacia finales del siglo XIX, hay que tomar en cuenta que en esa época había muy pocosmuseos abiertos al público, por lo que la galería jugaba entonces el papel de un pequeño museo. El paso del tiempo y los intereses económicos llegaron a convertir a las galerías casi en tiendas donde se venden cuadros, y la dimensión cultural de las galerías ha quedado hoy reducido a casi nada. Por eso, cuando fundamos nuestra galería nos hicimos el propósito de quetuviera una proyección cultural como primer objetivo, y la comercialización de las obras fuera un resultado de ese trabajo. Entonces a través de todos estos años hemos ayudado a museos con donativos, hemos financiado y patrocinado exposiciones de arte en museos en Miami, hemos ayudado prácticamente a casi todos los museos locales financiando posiciones completas, pagándola en su totalidad, hemos publicado libros, hemos invitado a especialistas para que vengan a dar ciclos de conferencias…En este lugar, el profesor Juan Martínez, ofreció más de 60 charlas sobre historia de la pintura cubana, cursos completos, conferencias semanales, y la galería se llenaba de gente que venía a aprender de arte cubano, sin tener que pagar nada. Nuestra visión de la galería ha sido siempre esa: una entidad cultural que además logra sobrevivir gracias al patrocinio de coleccionistas que se interesanen adquirir obras a través de nuestra galería. Pero aquí no es necesario comprar nada paravenir y disfrutar el arte. Atendemos a todos por igual, a nadie se le pregunta si tiene presupuesto para comprar.

Ramón Cernuda. Foto: CF.

Digamos que el proceso de rescate museable está en marcha

Siempre ha sido así, esa ha sido la idea de la galería desde el principio, lo que ahora queremos impulsarlo con más énfasis. Son tres espacios en una misma cuadra, ahora mismo tenemos distintas exposiciones, una de ellas es de interés de un grupo más reducido de personas, y que es el siglo XIX cubano, pero lo espectacular es que ahí hay obras de los fundadores de la pintura cubana. Las primeras dos firmas que aparecen en la pintura cubana de finales del siglo XVIII y principios del XIX son Nicolás de la Escalera [1734-1804] y Vicente Escobar [1757-1834], y ambos están representados en esta muestra. Es rarísimo ver juntos a los dos en una exposición, eso no se ha dado nunca anteriormente aquí. Están también los tres hermanos Chartrand, una familia con una historia fascinante. Y después está el siglo XX, que es el punto culminante de la pintura cubana. La primera y segunda generaciones de la vanguardia llegaron a la cima artística y luego está el arte del resto de los modernistas cubanos, que tiene momentos excepcionales, y lo contemporáneo, que es también excelente.

Estaremos de acuerdo en que la música es el gran aporte cubano a la cultura universal, pero la pintura es también una contribución descollante

Eso tiene una razón de ser. Hay una historia que explica por qué la pintura cubana está considerada conjuntamente con la mexicana los dos movimientos pictóricos más importantes de América Latina. Una de las explicaciones es que Cuba, una isla pequeña con un millón, un millón 200 mil habitantes en el siglo XIX y hasta principios del XX, era una sociedad tan plural y culturalmente variada, compuesta por múltiples nacionalidades y etnias de todo el mundo, que generó un ambiente de competencia cultural dentro de esa isla. Cada quien quería ser reconocido por sus costumbres, por su manera de ser y por su cultura, desde el punto de vista culinario o el punto de vista musical o el punto de vista artístico… Y en la pintura pasó exactamente lo mismo, con el ingrediente adicional de que Cuba no rompe sus lazos con España a principios del siglo XIX, queda la siempre fiel isla de Cuba aliada a la corona española, y España a cambio nos da distintas instituciones culturales, entre ellas la Academia de San Alejandro con extraordinarios recursos que vuelca para darle cultura a Cuba y mantenerla dentro de su órbita de influencia del imperio. O sea, que nuestra pintura obedece a una trayectoria histórica y sin la Academia de San Alejandro no hubiéramos llegado a lo que hemos llegado ni por mucho. Eso se lo debemos a España, que contrató a profesores de Francia, de Italia y de la propia España, y les pagaba muy bien para que vinieran a América a enseñar en San Alejandro durante 10, 20 años… Al final de cada graduación, esos profesores escogían a uno, a dos y hasta tres de los alumnos destacados y España pagaba la beca para que esos alumnos fueran a estudiar a España, Francia o Italia con todos los gastos pagados, lo que les permitían hacer otros cuatro años estudios universitarios. Cuando regresaban a Cuba, esos jóvenes ocupaban un puesto en San Alejandro –ya venía con el contrato debajo del brazo y eso garantizaba que esa persona no iba a tener necesidades económicas. No iba a vivir como un rey, pero tenía un sustento garantizado, y ahí estamos hablando de Armando Menocal [1863-1942], de Leopoldo Romañach [1862-1951] y antes de ellos estábamos hablando hablando de los Melero… Si estudias la historia del arte cubano te das cuenta de que San Alejandro salvó a generaciones de pintores, que a su vez se convertían en maestros y enseñaban a las nuevas generaciones en un proceso gradual de mejoramiento, al punto tal que desde el siglo XIX los grandes pintores cubanos venían a competir en las exhibiciones en Estados Unidos y ganaban premios.

Todo esto es parte del trabajo que queremos hacer en la galería y educar a la gente. Queremos que nuestros visitantes sepan de cada artista, quién es, por qué es interesante y qué es lo que este artista nos quiere transmitir. Cada artista te habla en un idioma distinto y para entender sus mensajes tienes que aprender el idioma específico de ese artista.

De la colección que se exhibe en Cernuda Arte, ¿cómo le podemos presentar al público que no ha venido a tu galería-museo los hitos más importantes?

Sugeriría que el interesado en pintura cubana trate de enfocarse en los distintos grupos generacionales y en las distintas épocas, que se familiarice con los artistas de un grupo, que los estudié en colectivo y después individualmente, porque esas generaciones de artistas vivieron los mismos problemas, las mismas tensiones, las mismas oportunidades o dificultades, y eso de alguna manera condiciona el discurso que cada artista presenta en su obra. Entonces si tú te refieres a la primera generación de la vanguardia, digamos Carlos Enríquez (1950-1957) y Wifredo Lam (1902-1982), esa es una generación que quiere afincar la identidad nacional, una generación que a través de la pintura quiere explicarle a nuestro pueblo el orgullo de la cubanía. De alguna manera, el exilio cubano, especialmente los exiliados que llevan muchos años aquí, ha tenido que luchar para preservar la identidad nacional o elementos de nuestra cultura que nos distingan y que además nos mantienen unidos. A mí también me pasó lo mismo cuando empecé a coleccionar: quería tener obras de la vanguardia cubana de la primera y de la segunda generación… Pero es cuestión de que cada uno vaya encaminándose y tomando también en cuenta sus posibilidades de coleccionista.

¿Cuáles serían los consejos para quien se entusiasma y quiere empezar a coleccionar arte cubano?

Por ejemplo, el siglo XIX cubano hoy día se puede comprar por muy poco dinero. Hay arte contemporáneo cubano –salvando los grandes nombres– y también artistas que están en el nivel medio o emergente de su carrera que se pueden comprar por muy poco dinero. Las piezas de la vanguardia ya están muy caras, porque hay muy pocas y hay mucha demanda; o sea, que en ese sentido cada uno tiene que ir determinando sus intereses. Y una cosa muy importante, quizás lo más importante de todo: hoy un buen coleccionista tiene que ser, primero que todo, un buen lector. Tiene que hacerse de los libros de los críticos de arte que explican a los artistas, de los catálogos de los museos que han patrocinado exposiciones, y desarrollar también la vista viendo muchas imágenes de la obra de un artista y de muchos artistas. Creo que este es un mundo extraordinario, un mundo al que perfectamente bien se le puede dedicar la vida entera, como se la ha dedicado yo, porque es algo fascinante y hay muchísimo que aprender.

Un asunto extremadamente delicado en materia de arte son las falsificaciones, que hacen ola en el mercado global. Tú has protagonizado desde Miami enconadas batallas contra la venta de pintura cubana falsa. ¿Qué podemos recomendarle a la gente?

Hay mucha gente que tiene cuadros falsos y viene a vender cuadros falsos, ajenos a la magnitud que cobró el fenómeno de las falsificaciones de obras en los años 90. Es muy importante antes de empezar a coleccionar, primero hay que identificar fuentes que puedan honestamente orientar y decantar lo que es bueno y lo que no es bueno. Hay muchas obras falsas que están circulando en el mercado, y algunas pertenecen a colecciones privadas que las personas que las tienen ni siquiera saben que lo son. Te diría que semanalmente nosotros descubrimos situaciones de personas que fueron timadas –o fueron timados sus padres– y ahora reciben una herencia y tratan de averiguar qué puede valer una pieza heredada, cuáles son los más importantes artistas, a quién le puede interesar esta obra… Y nos vienen a ver y entonces reciben la triste noticia de que la obra es falsa. Hay que tener mucho cuidado cuando se compra y educar el ojo; es como la musculatura, que la puedes desarrollar si te dedicas a eso, y entonces ir conociendo cada vez más la obra de uno o de los artistas que te interesan, y así es como eventualmente puedes detectar lo que está dudoso.

Me comentaste que hasta has pensado en una muestra en tu galería para identificar obras falsas. ¿Cómo va a ser?

Tenemos en mente una exposición de arte cubano original y falso, en la que vamos a crear grupos de tres o cuatro obras de un mismo artista, y una de ellas va a ser falsa. Entonces vamos a invitar al público a que venga y nos marque en un examen visual cuál es la falsa y cuál la verdadera para que la gente vea y aprenda también. Va a ser fascinante que la gente venga y vea lo que es original y lo que es falso. Los falsos han existido desde la época antigua. En la Roma imperial se falsificaba obra de los griegos, porque los romanos de dinero no querían tener obra de artistas romanos, sino que querían obra de los griegos y entonces empezó el mundo de las falsificaciones engañando a los coleccionistas romanos megaricos vendiéndoles obra falsa de los griegos. Así que este fenómeno ha ocurrido mucho y ha pasado a través de la historia. No somos la excepción los cubanos, aunque sí hay obra falsa abundante en el arte cubano, también por la división. Muchas cosas que se hicieron en Cuba, después el público coleccionista se muda, sale del país, viene del extranjero y entonces empieza a investigar y a buscar, y el clima social se prestaba para el timo.

La galería Cernuda Arte está ubicada en el 3155 Ponce de Leon, Coral Gables, FL 33134, y sus espacios están abiertos de lunes a viernes, de 10:30 am a 6 pm, y los sábados desde las 12 del mediodía a las 5 pm. La visita es totalmente gratuita y pueden ser atendidos de manera individual o en grupos de interesados. Teléfono: (305) 461-1050 / www.cernudaarte.com

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