Arzobispo de Miami: La Iglesia quiere en Cuba una transición digna del cubano

El arzobispo de Miami, Thomas Wenski (centro), oficia una misa en La Habana. Foto tomada de Facebook
El arzobispo de Miami, Thomas Wenski (centro), oficia una misa en La Habana. Foto tomada de Facebook
Homilía del Arzobispo Thomas Wenski, de la Arquidiócesis de Miami, en la Catedral de la Habana, el 27 de marzo de 2012.

Como el Papa Benedicto, estamos aquí en Cuba como peregrinos de la caridad. Somos de Miami y de otros lugares de los Estados Unidos. Somos cubanos nacidos aquí en Cuba, somos hijos del exilio, de otros países: norteamericanos, africanos, polacos, irlandeses, mexicanos. Es una fe común la que nos une. Como dice el lema del jubileo de los 400 años del hallazgo de la virgen de la Caridad: A Jesus por Maria, la caridad nos une. Nuestra presencia hoy en esta histórica catedral es un testimonio más de la unidad que nos caracteriza como miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.

En nombre de todos, quisiera agradecer a su Eminencia, el Cardenal Ortega, por haber hecho posible esta Misa en la Iglesia madre de la Arquidiócesis de la Habana. Las piedras de esta catedral han visto a través de los siglos el desarrollo de la historia de Cuba – con todas sus luces y sus sombras. Y estas piedras testificarán en los años venideros el futuro desarrollo de la historia de Cuba y su pueblo. Llegamos aquí como peregrinos a rezar – como dijo el Beato Juan Pablo II en su visita de hace 14 años – que los cubanos sean los protagonistas de su propia historia; oramos para que el pueblo cubano, inspirado por la Palabra de Dios y los valores de su herencia cristiana que ha dado forma a su identidad por más de 400 años, construya un futuro de esperanza.

Fe y libertad verdadera

En el salmo de hoy, rezábamos: O Señor, escucha mi oración; que te llegue mi llanto…” El salmista ora: «que esto sea escrito para generaciones futuras y que ellos en el futuro glorifiquen al Señor. Que el Señor nos mire desde el cielo. Que escuche los gemidos de los presos y libere a los condenados a morir».

Los condenados a morir, nos dice Jesús en el Evangelio de hoy, son los que mueren en sus pecados por que se rehusaron a reconocerlo como el «Yo soy» de la historia humana. En la fiesta de ayer, de la Anunciación, cuando el Verbo se hizo carne, Jesús se revela como el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. Como el Papa dijo ayer en Santiago de Cuba, Dios nos creó como fruto de su amor infinito; por lo tanto, vivir de acuerdo con su voluntad es el camino para encontrar nuestra verdadera identidad, y la verdad de nuestro ser -mientras que, separados de Dios, estamos alienados de nosotros mismos y arrojados al vacío. La obediencia de la fe es la libertad verdadera, la redención autentica que nos permite unirnos al amor de Jesús y en su determinación de conformarse totalmente a la voluntad del Padre. Como el Papa dijo ayer: «Cuando se excluye a Dios de nuestras vidas, el mundo se vuelve un lugar hostil para el hombre y frustra la vocación verdadera de la creación que es ser un espacio para la alianza, para el Sí al amor entre Dios y la humanidad».
  
Jesucristo cumple el deseo del corazón humano que es que el mundo se convierta en un hogar digno de la humanidad. Para que el mundo se convierta en un hogar digno del hombre no puede cerrarse a la transcendencia, no puede cerrarse a Dios y a la vocación que cada hombre y cada mujer tiene que vivir con Dios y no solamente en el momento presente pero para toda la eternidad.

Lo que el materialismo soviético negó al hombre

El materialismo ideológico representado en este país y en aquellos países del bloque soviético, negó la transcendencia del ser humano, negó que el hombre existía para algo más que simplemente morir un día. Como el Papa comentó en su vuelo a México, el Marxismo es una ideología ya gastada. Aunque la prensa se sorprendió por sus palabras, el arzobispo Dionisio García, de Santiago de Cuba dijo: con estas palabras el Papa no dijo nada que no supiéramos aquí en Cuba.

Pero a la vez que Cuba espera una transición, el Papa y la Iglesia cubana quieren una transición que sea digna del ser humano, digna del cubano. Salir de un materialismo ideológico para caer luego en un materialismo práctico como en muchas sociedades del Occidente, no será tampoco digno del hombre. La Iglesia desea un aterrizaje suave, pero un aterrizaje que se abre a un futuro de esperanza. Como el Santo Padre escribió en su encíclica, Spe Salvi, un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza, un mundo sin futuro. A los que están embriagados por el amor al poder, la Iglesia da un testimonio de esperanza; quiere proponer al mundo y al pueblo cubano el poder del amor.

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