Por Saily González*
El trumpismo me ha alejado algunos conocidos, pero también me ha quitado al menos un amigo. Y para alguien que respeta y aprecia la amistad como un regalo divino, esta pérdida es terrible.
Si en octubre, cuando defendía a este y otros conocidos votantes de Trump, me hubiesen dicho de cuánto los transformaría la crueldad en el poder, no solo socialmente aceptada, sino establecida como lo correcto en nombre de Hacer a América Grande Otra Vez (que ni ha ocurrido ni va a ocurrir, por cierto) no lo hubiese creído.
Aún hoy me cuesta entender esta transformación en los cubanos votantes de Donald Trump, gente que igual es capaz de apoyar a los presos políticos en Cuba y a sus familiares, a niños enfermos, y hasta a los activistas más “rosados”.
No entiendo esta transformación del carácter que se hace pública, con orgullo incluso, como si lo oscuro dentro de nosotros tuviera ahora permiso de salir, sin vergüenza ni consecuencias.
Lo que estamos viviendo en este país –hacia el que me sobra agradecimiento y cariño– es el discurso público enfermo que permite que lo que antes era vergonzoso o inaceptable, el racismo, la xenofobia, el egoísmo brutal, se vuelva no solo tolerado, sino aplaudido.
Lo más duro que resulta ver es cómo personas con quien he compartido afectos y a quienes les profeso gratitud, han elegido ponerse del lado de una política de Estado que niega mi propia dignidad, mis derechos como inmigrante, como mujer, como ser humano… también los suyos y los de su familia. Y lo hacen bajo la bandera de una libertad distorsionada que les permite creer que ser cruel es una forma de sinceridad.
Cierto es también que por otro lado he visto como otros amigos, igual votantes de Trump, hoy se arrepienten de haberlo sido por amor a su gente maltratada por el trumpismo en el poder. No cambia la circunstancia actual de cientos de miles de emigrantes viviendo aterrorizados, la pérdida del poderío y del respeto global por Estados Unidos, la inflación que ya se siente y que será enorme, pero al menos me hace sentir que hay esperanza en que volveremos a ser una sociedad que evoluciona en su humanidad como única forma de garantizar un futuro hermoso para nosotros y para nuestros hijos.
Ayer fui al mercado, y noté que todo lo que compraba ha subido de precio. Parece ser que hay muchos que prefieren eso a vivir en un país donde todos tengamos los mismos derechos.
*Activista y emprendedora cubana. Fundadora y directora de Amarillo Works. Fue acosada y reprimida por sus actividades opositoras en Santa Clara, Villa Clara, y amenazada bajo acusación criminal por “instigación a delinquir». Se exilió en Estados Unidos en 2022. Reside actualmente en Washington DC.