
El escritor y periodista cubano Jaime Sarusky Miller, Premio Nacional de Literatura 2004, falleció en la madrugada de este jueves en La Habana, a los 82 años, víctima de compliaciones cerebrovasculares.
Una nota del Ministerio de Cultura divulgó la noticia del fallecimiento de Sarusky, a quien sus amigos y allegados llamaban cariñosamente «El Polaco» en referencia a sus orígenes judíos.
Investigador acucioso, conversador ameno y hombre de vasta cultura, Sarusky deja una obra narrativa y periodística marcada por la exploración de las migraciones hacia Cuba y los componentes de la identidad nacional.
Nacido en La Habana en 1931, Sarusky pudo haber seguido tras los pasos del exitoso negocio familiar y convertirse en un próspero comerciante, pero optó por la escritura y el periodismo.
A comienzos de los años 50 inició estudios de Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana, y publicó sus primeros cuentos y artículos en el peródico El Sol, de Marianao.
En 1954 viajó a París, donde realizó estudios en La Sorbona y recibió clases de literatura francesa de maestros como Roland Barthes, Michel Butor y Pierre Francastel,
De regreso en Cuba, al triunfo de la revolución de Fidel Castro trabajó como redactor y reportero del periódico Revolución y estuvo entre los fundadores del suplemento cultural Lunes de Revolución.
Investigador y cronista
Laboró también como jefe de la página cultural del diario Granma, colaborador de La Gaceta de Cuba y las revistas Bohemia y Cuba, y en los últimos años en la revista Revolución y Cultura.
En 1961 su novela La búsqueda recibió mención en el Concurso Casa de las Américas, distinción que también obtuvo por Rebelión en la octava casa, en 1967.
Pero junto a su narrativa, Sarusky nos deja una vasta producción de crónicas y periodismo investigativo que constituye parte indispensable de su aporte literario.
Entre sus títulos figuran El tiempo de los desconocidos (crónicas, 1977), Los fantasmas de Omaja (1986), El unicornio y otras invenciones (ensayos y crónicas, 1996) y La aventura de los suecos en Cuba (1999).
Su novela Un hombre providencial recibió el Premio alejo Carpentier en el 2001.
En reconocimiento a su obra, le fue dedicada la XX Feria Internacional del Libro de La Habana del 2011.
En 1999 fue condecorado con el Premio José Antonio Fernández de Castro por su trayectoria de más de 45 años en el periodismo cultural.
Su cadáver se encuentra expuesto en la funeraria de Zanja y Belascoaín, en Centro Habana, y su sepelio se efectuará hoy, a las 3 p.m., en el Cementerio Hebreo de Guanabacoa.