Virgilio Piñera sigue aquí, aquí…

Una tarja de recordación a Piñera ha sido colocada en el edificio donde pasó sus últimos años, olvidado y ninguneado por el oficialismo y la represión cultural.
Edificio en la calle N y 27, en el Vedado, que fue la última morada del escritor. Foto: NEM.

El 18 de octubre de 1979, Virgilio Piñera salió por última vez de este edificio. Iba a un encuentro con su amigo, el doctor Sergio Cavarruiz, y a pesar de sentirse mal, no quiso, fiel a sí mismo, faltar a una cita concertada. Subir los cinco pisos de la cercana casa, terminaría siendo el impulso fatal que dio fin a su existencia. El actor Enrique Santiesteban, también amigo de Piñera, lo llevó apresuradamente al hospital Calixto García, pero ya nada se podía hacer. Abilio Estévez y Antón Arrufat, y otros discípulos de Piñera, han referido detalles de ese suceso.

El apartamento de Virgilio, pequeño y modesto, aparece en varia fotografías tomadas durante los años 60, cuando ya estaba aquí tras abandonar la casa de Guanabo, y empezar a residir en esta esquina, acaso como una disculpa nunca pronunciada tras el impacto doloroso que causó en Virgilio el infame acontecimiento de La Noche de las 3 P. Aquí tenía pocos libros, algunos cuadros, y escribía, rigurosamente, lo mismo en esos primeros días tras su llegada que en los momentos en los que ya ninguna editorial, ninguna antología y ningún teatro se interesaban en sus páginas. Pero la Literatura seguía siendo su causa, su fe. Acaso la única ante la cual él, tan descreído de todo lo que oliera a posteridad, aceptaba inclinarse.

Tarja conmemorativa ubicada en el edificio de N, en el Vedado. Foto: NEM.

En octubre de 1962, cuando otra amenaza se cernía sobre Cuba, Piñera escribió desde aquí mismo un poema-testamento, que demoramos muchos años en ver impreso en su propio país.

Si nada va a salvarse
para qué escribir
que nada se salvará.
En esta mañana lluviosa
del 25 de octubre de 1962
habiendo tomado los acuerdos pertinentes
la humanidad está a punto de declararse demente.

Yo, un ciudadano cualquiera del mundo
que habito en la casa sita en N
número 375, Habana, Cuba,
sentado en la cama
en plena posesión de mis facultades mentales
tengo a bien declarar
que me he vuelto loco.

Y como tal,
y en uso de mi insania
declaro
estar listo para el holocausto.

El fin del mundo no sucedió como se temía entonces, ya lo sabemos. Pero la vida de Piñera culminó en ese silencio de su muerte civil en el que intentaron hundirlo enemigos y recelosos. Hoy, por suerte, podemos estar aquí, para cumplir con la iniciativa de su familia y volver a recordarlo, como hicimos en su centenario, dejando en la ciudad otra pieza que nos lo recuerde, en la esquina donde pasó sus últimos años. Hablar de él es comprobar de qué manera el absurdo que intuyó se ha hecho palpable, y su humor, su ironía, su agudeza, se hacen punzantes en otro de esos momentos en los que la isla es sacudida por mucho otros estremecimientos. Leerlo y recordarlo, aun en la hora de otra crisis, es comprobar también su lucidez y su vigencia.

Virgilio Piñera en 1966. Foto: Luc Chessex.

Quiero agradecer profundamente a la familia Piñera, por haber persistido contra tantos obstáculos, para que podamos nombrar a Virgilio aquí, otra vez. A todas las personas que han cuidado su legado, a quienes lo recuerdan como el ser extraordinario que fue, en la literatura y más allá de la literatura. Por eso están aquí hoy las actrices de Teatro de La Luna, la música de Juan Piñera y también su propia voz, cerca de esa puerta tras la cual él vivió y siguió creando, pese a todo, a solo unos pasos de la puerta tras la cual también vivió José Rodríguez Feo. A figuras como ellos la cultura cubana debe mucho y debe más.

Imaginemos que otra vez él vuelve a entrar a este edificio y puede sorprenderse al ver unos versos suyos, y su nombre, en la tarja que diseñó Claudio Sotolongo poco antes de morir tan repentinamente. Imaginemos que esta mañana, lluviosa o no, es también suya. Gracias a María Victoria, a Raúl, a quienes desde el Consejo de las Artes Escénicas y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba nos ayudaron para que llegáramos a este momento. Este instante en el que Virgilio, como en aquel poema suyo que culminaba con su metamorfosis en una isla, la Isla Piñera, nos preguntaba: “¿Así que era verdad?”

Palabras pronunciadas la mañana del 22 de febrero de 2026 en la ceremonia de develación de la tarja que honra a Virgilio Piñera en su última morada. El diseño de la tarja corresponde a Claudio Sotolongo Menéndez. En el acto actuaron integrantes de Teatro de La Luna y alumnos de música del compositor Juan Piñera.

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