Por Raúl Arce
Con qué compota te criaron, preguntaban los Van Van en uno de sus antológicos hits musicales; más de un cuarto de siglo después, los peloteros cubanos están averiguando cada día con qué pelota les pitchearon.
Al iniciarse en noviembre último la Serie Nacional número 51, se anunciaba que, como excedentes de la temporada anterior, se emplearían de 4 mil a 5 mil bolas Mizuno 150. Al agotarse esas pelotas -al cabo de un mes aproximadamente- serían sustituidas por las Mizuno 200, menos “vivas” según algunos reportes.
El cambio, se dijo, buscaría reducir la ofensiva -después hubo otra versión de los hechos, que los fabricantes japoneses renunciaron a fabricar el modelo 150-, y que además en el intento de aplacar a los bateadores se había elevado el montículo de los lanzadores hasta las 15 pulgadas, tres más que las habituales.
Pero ya transcurrió el primer mes de competencias y nada se sabe acerca del cambio de pelotas. Al trasmitir por última vez en diciembre, los comentaristas de la televisión prometieron que indagarían al respecto tan pronto regresaran a La Habana.
Estamos, pues, en medio de un torneo sui géneris, con 17 equipos en acción por vez primera en la historia, un calendario de 96 partidos para cada concursante -seis más que lo habitua- y una tabla de lanzar más empinada que nunca.
Y en cuanto a la pelota de juego, bueno, esa es otra historia. En medio siglo de estadísticas han desfilado, de Pinar del Río a Guantánamo, bolas muy vivas -con un centro plástico más grande de lo acostumbrado, causantes de récords de carreras anotadas en un juego-, y otras apodadas “fofi” dentro de la crónica deportiva, por su escaso bote y con ello favorecedoras de muchas lechadas y juegos de no hit no run.
Pero ha habido otros sucesos ni siquiera registrados en los libros. Como la introducción, a veces en un solo juego del calendario oficial del año, y casi siempre bien lejos de la capital del país -para eludir los ojos curiosos de los reporteros-, de algunas pelotas diferentes a guisa de experimento, bien fuera porque se habían fabricado a pequeña escala en el país o porque llegaron como souvenir en el equipaje de algún federativo visitante.
Ahora, con el año 2012 todavía remoloneando entre las sábanas, la 51 Serie Nacional en Cuba tiene como fecha de reanudación el 4 de enero. El promedio ofensivo es de 286, hay 64 jugadores sobre los 300 de average y otros nueve lo hacen para 400 o más.
El pitcheo, entonces, sigue siendo la víctima colateral del béisbol cubano. A pesar de que en pleno Día de los Inocentes un derecho de 18 años, Sergio Lauzardo, del debutante equipo de Mayabeque, combinó su recta de 88 millas con la slider para dejar a los fogueados toleteros de Industriales en solo tres hits al cabo de siete innings.
Tal vez, aunque los jerarcas del béisbol cubano no se lo hayan dicho a nadie, Luzardo pitcheó ese día =en silencioso homenaje a los Van Van=, con la pelota de palo.