52 Serie Nacional: ¿Cómo le va al hijo de Víctor Mesa?

Víctor Víctor Mesa, tras el legado de su padre.
Víctor Víctor Mesa, tras el legado de su padre.
Por Eric Reynoso

Se ha hablado poco del jugador más joven que participa actualmente en la 52 Serie Nacional de Béisbol en Cuba. Se llama Víctor Víctor Mesa Ríos, tiene 16 años y es uno de los seis novatos que integran el equipo de Matanzas.

Con ese nombre no hay que darle muchas vueltas al asunto: es el hijo del gran Víctor Mesa, quien además de ser su mánager es su acicate.

Víctor Víctor ha entrado en las series nacionales con la misma edad que lo hizo una de las estrellas más espectaculares del firmamento beisbolero cubano de todos los tiempos: Omar Linares, hijo de otro grande como lo fue Fidel Linares, pero que terminó superándolo a ritmo de hazañas con los equipos pinareños y con el team Cuba.

Más allá del detalle de la edad, sobran las comparaciones. En pelota -como en casi todas las disciplinas deportivas- es difícil lanzar predicciones de una carrera que apenas se inicia, por mucho que sus genes sean los de uno de los más espectaculares jugadores que recuerde el béisbol cubano en mucho tiempo. El talento es un don demasiado escurridizo y enigmático, y aunque la genética puede influir no inclina definitivamente la balanza.

Tradición paterna

Víctor Víctor pesa 71 kilogramos y mide 1.78 metros. Siguiendo la tradición paterna, juega en los jardines y batea a la derecha. Empezó a jugar a los seis años en su natal Santa Clara. Ha formado parte de las selecciones nacionales cubanas en las categorías de 9-10 y 11-12 años, acumulando fogueo en lides internacionales.

Fuera una de las promesas beisboleras del conjunto Villa Clara si no fuera porque la familia se mudó a Matanzas cuando papá Víctor asumió las riendas de los entonces maltrechos Cocodrilos y los puso a discutir en campeonato en la 51 Serie Nacional.

Usa el número 32 que llevaba el padre en la espalda. Su ídolo entre los peloteros actuales es el espirituano Yulieski Gourriel, hijo de otro inmenso en los momentos de la verdad: Lourdes Gourriel.

Valga decir que estamos ante un novel jugador, con muchísimas aptitudes, con destrezas que recuerdan por momentos la excepcionalidad de su padre en el jardín central y en el corrido de bases. Y que todo está por demostrar todavía.

Para ser justos, creo que en este caso la presión que significa papá Víctor Mesa -por historia y desde el dogout- pudiera estar marcando el desempeño del joven prospecto.

No ha jugado poco Víctor Víctor, aunque no siempre como regular. De los 23 juegos que acumula su equipo, ha participado en 20 de ellos. Compila para un bajo promedio de 170, con solo ocho hits en 47 turnos al bate. Tiene un doble y dos triples, y se ha ponchado 11 veces con solo dos bases recibidas, propio de un bateador ansioso. Su mejor estadística hasta el momento son las tres bases que se ha robado en igual número de intentos.

Pregunta increíble

Los narradores deportivos cubanos han hecho referencia más de una vez a la atrapada que hizo en su debut en el estadio «Calixto García» de Holguín. Una articulista del diario Juventud Rebelde llamada Lis García Arango habló del excelente desplazamiento y buen brazo como atributos del joven pelotero.

Lo que me parece fuera de lugar y de poca ayuda para los sueños de Víctor Víctor es que la mencionada Lis de Juventud Rebelde le pregunte al muchacho, a boca de jarro en su primera entrevista, si piensa superar la grandeza de su padre. Leí la pregunta dos veces, porque sencillamente no podía creer semejante desliz profesional.

Salió bastante bien Víctor Víctor ante tamaña torpeza periodística. Esta fue su respuesta (o al menos eso fue lo que escribió el entrevistador): «Es algo muy difícil y espero que nunca me comparen, pero pienso hacer las cosas bien para tratar de llegar a ser un buen pelotero».

De esas comparaciones -y de esas preguntas, ¡líbrenos Dios!- va a estar empedrado el camino de Víctor Víctor. Va a necesitar mucho aplomo, madurez y ayuda sicológica para sortear los obstáculos que inevitablemente va a imponerle la figura paterna.

Tal vez va a necesitar mucha comprensión de Víctor Mesa por partida doble, como mánager y como papá. Pero lo que va a pasar con Víctor Víctor en la pelota cubana solo él podrá demostrarlo, día tras día, sobre el terreno de juego.

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