
Por Sergio Valdivieso
El gobernante Raúl Castro recibió este martes en audiencias separadas a dos connotados visitantes que coincidieron en Cuba con misiones de alta política: Federica Mogherini, representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y vicepresidenta de la Comisión Europea, y el canciller ruso Serguéi V. Lavrov,
Los mayores despliegues en la prensa cubana -empezando por el diario Granma y siguiendo por sus réplicas nacionales- se los ha llevado Lavrov, algo entendible en el caso de un aliado estratégico que viene a la isla en «visita de trabajo» de una cooperación ampliamente consumada, a diferencia de los pasos que intenta consolidar la diplomática italiana.
Las fotos publicadas son también suficientemente ilustrativas. Sonrisas para Mogherini -no menos merecería una dama socialista- y carcajadas con el enviado de la Federación Rusa.
La nota oficial se refirió a que el encuentro de Castro y Mogherini transcurrió en un ambiente cordial, y a que ambos «coincidieron en el interés de desarrollar relaciones de respeto mutuo, basadas en los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas».

El lenguaje directo que omite el texto oficial es que Cuba y la UE acordaron acelerar el ritmo de las negociaciones que sostienen desde el pasado año para lograr un acuerdo de diálogo político y cooperación a fines del 2015, según declaró Mogherini en una rueda de prensa al término de su visita de dos días a La Habana.
El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla manifestó también la disposición del gobierno cubano a dar impulso a las relaciones con el bloque comunitario europeo, lo que deja entrever un entendimiento entre ambas partes que lima ciertas asperezas generadas sobre el tema de los derechos humanos durante la visita del negociador europeo Christian Leffler, a comienzos de marzo.
Aunque Mogherini no soslayó que Cuba y la UE pueden hablar de temas en los que no coinciden sus perspectivas, en alusión a los derechos humanos universales, su visita parece sellar el objetivo trazado de no perder terreno en la normalización de relaciones con el gobierno cubano.
Definitivamente su presencia en Cuba fue algo más que una visita simbólica y el hecho del recibimiento por Raúl Castro terminó por despejar la incógnita sobre el tono que primó en la mesa de negociaciones.
Tema escabroso
Las conversaciones sobre derechos humanos, acaso el tema más escabroso de la negociación bilateral, se reanudarán en junio, pero ya Mogherini ha adelantado el camino. Y no debe dudarse que el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación sea firmado a fines de este año.
En su estancia en La Habana, Mogherini sostuvo conversaciones oficiales con Rodríguez Parrilla, y fue recibida por el presidente de la Asamblea Nacional de Poder Popular, Esteban Lazo; el vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo Jorge; y por el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca Díaz.
La mención a Malmierca en el comunicado oficial despeja dudas sobre su suerte política, luego de meses de ausencia de la vida pública, al parecer por motivos de enfermedad.
En la misma jornada, Raúl Castro recibió al canciller ruso Lavrov, con quien sostuvo «un diálogo fraternal», justamente enmarcado en la visita de su homóloga de la UE.
El recorrido latinoamericano de Lavrov a pocos días de iniciarse la VII Cumbre de las Américas en Panamá en medio de crecientes tensiones entre EEUU y Venezuela, apunta a que Moscú está apostando seriamente por la región y no quiere quedarse rezagado en el dominó político que se juegan los grandes bloques de influencia respecto a Cuba.
Raúl Castro no puede quejarse. Para La Habana todo va saliendo a pedir de boca en el terreno diplomático. Es tiempo de sonreir de cara al mundo, aunque la baja producción de papas y el tráfico de huevos sigan dando la nota fea isla adentro.
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