La Ermita de la Caridad de Miami celebró este miércoles una misa conmemorativa al cumplirse el 14 aniversario de la muerte de los disidentes cubanos Oswaldo Payá Sardiñas, líder del Movimiento Cristiano Liberación y promotor del Proyecto Varela, y Harold Cepero, su cercano colaborador.
En ese sagrado lugar para los cubanos estuvo Payá por última vez en enero de 2003, luego de viajar desde La Habana a Estrasburgo para recibir el Premio Sajarov, sostener reuniones de alto nivel en Washington y desembarcar seguidamente en Miami, donde lo aguardaban –con orgullo, pero también con cuestionamientos– sus compatriotas exiliados.
La foto rescatada es del 13 de enero de 2003, cuando Payá asistió a una junta editorial de The Miami Herald/El Nuevo Herald. Estuve a cargo de la cobertura de su visita a Miami y había estado en funciones de reportero en la misa del sábado 11 de enero en la Ermita, donde exhortó a sus compatriotas a respaldar juntos los esfuerzos por un futuro democrático para Cuba.
»¡Ayúdenme, esto es tarea de todos!», exclamó esa noche de sábado el reconocido opositor ante unos 500 feligreses asistentes a la misa en la Ermita.
Sin embargo, su visita a Miami estuvo también rodeada de críticas, discordias y desavenencias por parte de sectores del exilio cubano. Guardo en mis archivos todos los documentos y testimonios de esos días históricos, entre ellos un panfleto suscrito por 38 agrupaciones afirmando que »la oposición interna es mucho mayor, variada y extensa que el Proyecto Varela», y cuestionando las posturas de Payá.
No puedo olvidar tampoco los airados ataques en la radio miamense, con acusaciones de presentadores y oyentes que bien valen borrar de la memoria. Muy ilustres combatientes y abanderados de la “línea dura” tomaron parte en la afrenta contra Payá, algunos hoy aún activos en la lucha anticastrista entre nosotros. Todavía creo que deben una disculpa por su ceguera política manifiesta, que no sé si han logrado superar desde entonces.
Payá tuvo la honestidad de reafirmar en Miami su convicción profunda de que el embargo estadounidense no era una herramienta eficaz para promover el cambio democrático en Cuba y sostuvo que la tranformación del país «no puede imponerse desde el exterior».
No sé cuál hubiera sido la suerte del Proyecto Varela con una discusión abierta en redes sociales y en manos del «análisis» de ciertos influencers que hoy nos gastamos. Pero por los latidos actuales de nuestra comunidad puedo imaginármelo como una aventura cruenta.
Recuerdo ese episodio de nuestro pasado reciente en momentos en que la llegada al exilio del artista y prisionero político Luis Manuel Otero Alcántara ha destapado nuevamente la olla de la discordia entre cubanos, quienes –en nombre del patriotismo– dicen defender derechos humanos fundamentales, libertad de expresión, diversidad ideológica y de culto, tolerancia y respeto a las diferencias como preámbulo a la Cuba futura que nos proponemos reconstruir.
Me resisto a pensar que el devenir de nuestra historia nos depare la repetición simétrica de las torpezas y los desvaríos que hemos heredado de seis décadas de totalitarismo en Cuba, y que insistimos en repetir con una persistencia alarmante.
La hidalguía cívica, la lucidez y la lucha tenaz contra la injusticia que conforman el legado de Oswaldo Payá Sardiñas merecen el compromiso de fraguar una Cuba mejor. Es un reto que se nos viene encima y que como nos recordó entonces Payá, “es tarea de todos”.