Se ha convertido en el símbolo de la decadencia de La Habana y de todo el país: las montañas de basura en plena vía pública.
Mientras la crisis cubana no da tregua, los basureros, escombros y vertederos esparcidos por la casi totalidad de los municipios capitalinos trazan la imagen de una ciudad fantasmal, al borde de una hecatombe sanitaria por la proliferación de la suciedad y la creciente aparición de enfermedades virales.
Las lomas de basura acechan al paso del transeúnte y la empresa de Servicios Comunales de La Habana es ineficiente sanear siquiera los ámbitos más congestionados, con una plantilla incompleta de trabajadores sin estimulación ni condiciones para enfrentar la ingente tarea.
El director de la Dirección Provincial de Servicios Comunales, Mariano Suárez del Villar, no se ha ocultado para mostrar la incapacidad de resolver tan dramática situación.
Las esquinas de las calles habaneras están desbordadas al punto de obstaculizar el tránsito de personas y vehículos. La falta de contenedores y tanques plásticos para el depósito de los desechos ha condicionado que la población arroje la basura indiscriminadamente en el pavimento, al tiempo que la escasez de combustible hace que los camiones recolectores hayan descontinuado la frecuencia diaria que alguna vez caracterizó el servicio de saneamiento.



“Ahora salimos en dos tractores con carreteras. Solo tenemos un camión disponible. Recogemos la basura del municipio tres veces por semana. Cuando no hay petróleo nos envían a chapear en las cercanías aunque haya mucha basura”, comentó un trabajador de la empresa de Comunales de Mantilla, ubicada en Arroyo Naranjo.
Estadísticas oficiales indican que la generación de basura en La Habana supera los 30,000 m³ diarios, lo que equivale entre 2,200 2.300 toneladas de residuos sólidos urbanos.
La basura se ha adueñado de la imagen de los municipios de la capital. Aunque hay municipios de las llamadas zonas congeladas como Miramar, Playa y Vedado que son mas favorecidos por su alojamiento a técnicos extranjeros, turistas y personas vinculadas a las altas esferas del gobierno.

Allí la empresa de Comunales de La Habana trabaja más frecuentemente, pero no puede dar abasto.
El gobierno ha manifestado que continúa buscando alternativas para poner fin a la acumulación de los desechos, pero la situación laboral de los empleados del sector es fehacientemente deplorable.
“Hace tres años atrás nos entregaban guantes y material de higiene una vez al mes. También botas ropa para trabajar una vez al año, pero ya eso acabó”, sostuvo la fuente, quien habló en condición de anonimato. La empresa de Comunales tiene prohibido a sus trabajadores hablar con la prensa sobre el tema.
Los trabajadores de Servicios Comunales en su mayoría son exconvictos o de bajo nivel educacional. Los salarios no exceden la media nacional, situándose en 3,500 pesos mensuales (unos $6 dólares). El salario mínimo en Cuba está fijado en 3 210 pesos.

Mientras la situación continúa siendo caótica, el mayor vertedero y quema de desechos de la ciudad, ubicado en las Ocho Vías, a un costado del municipio Cotorro, no está abarrotado, ya que los camiones recolectores no llegan con la regularidad de antes.
“Yo recojo materias primas hace tres años en las Ocho Vías, en los últimos meses no llegan tantos camiones como antes” declaró José, de 45 años, quien vive de la recogida de plástico y latas para vender en la empresa de materias primas.
Los residuos y basureros entre 2025 y el año en curso también provocaron varias enfermedades virales como el chikungunya, el oropouche y el endémico dengue, debido a la proliferación de mosquitos trasmisores y el empeoramiento higiénico sanitario.
El Ministerio de Salud Pública (MINSAP), nunca ofreció cifras completas de las personas fallecidas con esta oleada arbovirosis.

Los basureros han llegado hasta bloquear algunas avenidas y calzadas importantes de la capital. El descontento y malestar de la población en algunos barrios ha derivado en que los residentes opten por quemarlos. La iniciativa es, para algunos, un llamado positivo, buscando que el gobierno reaccione ante la pasividad del Poder Popular y la propia empresa de Comunales.
“Conocemos que la situación es complicada, pero la quema de basureros provoca que los mosquitos trasmisores valla a refugiarse en los hogares y los contagios aumentan”, declaró a CafeFuerte un trabajador de Control de Vectores, del policlínico de Mantilla, Arroyo Naranjo.
Las autoridades aplican sanciones a quienes atrapen prendiéndoles fuego, pero no ha detenido el descontento popular y hoy la quema de basureros es una forma de protesta casi nacional.
En el pasado, la recogida de basura contó con carros de tracción animal (carretones tirados por caballos) y también los Servicios Comunales rentaba camiones a otras empresas estatales para la recogida de desechos sólidos.
El desabastecimiento de hidrocarburos, el deterioro de los camiones recolectores y la falta de tanques de depósito ha provocado que Comunales adopte alternativas como la inclusión de tractores con personal y palas; también se han incorporado camiones de otras empresas y carretones de caballos para intentar paliar la severa crisis higiénico sanitaria que vive el país.
“La empresa comenzó a realizar contratos con particulares en los municipios del Cotorro y San Miguel del Padrón con carretones tirados por caballos”, dijo la fuente.
La crisis escala en medio de apagones, desabastecimiento de combustible, y el colapso de los servicios públicos y sanitarios. Numerosos trabajadores han abandonado el sector por los bajos salarios y la nula estimulación y mejoras laborales. Esto ha obligado a la empresa de Comunales a utilizar reclusos que purgan condenas o que permanecen en estado de libertad condicional (supervisada) para la recogida de basura hasta que sus penas sean derogadas.
La espiral de la crisis de la basura está asociada al déficit de combustible, que también está fomentando una crisis adicional por los cortes agravados en los suministros de agua en La Habana. La empresa estatal Aguas de La Habana ha incorporado los reportes sobre interrupciones en el servicio de la misma forma que lo viene haciendo la Unión Eléctrica (UNE), a nivel nacional y territorial, con la capacidad energética y los apagones previstos.
La falta de combustible afecta a las estaciones de bombeo de agua, muchas de ellas también limitadas por roturas en las tuberías y la falta de mantenimiento durante décadas. Las protestas callejeras y la desesperación de los residentes ha creado situaciones altamente conflictivas, con intervenciones policiales para sofocar incluso riñas por acceso a pipas de agua. Como era de esperarse, el agua comienza a ser simultáneamente un negocio rentable para los piperos y controladores de la distribución.
La tríada de apagones, basura acumulada y falta de agua parece alineada para una tormenta perfecta, ya en ebullición, con una debacle sanitaria que puede detonar hasta niveles mayores en los meses venideros.