Ya retirado de los escenarios, aunque no de la música, el cantautor español Joaquín Sabina, con 77 años, no dejará de estar presente en la vida social, política, cínica y amorosa de miles. Lo respaldan cientos de poemas musicalizados, con su estilo canallesco, a veces pesimista y desgarrado. Para esos textos suyos hacía falta una figura similar y el de Úbeda la construyó: vestido de negro y fumador, burlón, en apariencia poco serio, huidizo, pero fiel a su verdad, con sus vaivenes.
Por ejemplo, a los 73 años entendió que tenía “ojos, oídos y cabeza” para ver lo que estaba sucediendo a su alrededor. En 2022, durante la presentación del documental Sintiéndolo mucho (Fernando León de Aranoa, 2022) el artista confesaba: “Yo era amigo de la Revolución Cubana y de Fidel Castro, pero ya no puedo serlo. No puedo ver lo que pasa en Cuba, en Nicaragua o en Venezuela sin que se me rompa el corazón y la cara de vergüenza. (…) Una izquierda que se ocupa de cosas que no son el pan de la gente, sino de una corrección política que se parece demasiado a la censura. Hoy no se podría escribir 19 días y 500 noches sin que te lincharan”.
Sin embargo, diez años atrás había dicho todo lo contrario en la revista cultural La Garganta Poderosa: “Para mí Cuba fue la luz de esperanza más importante que se encendió en Latinoamérica y tal vez en el mundo, en el Siglo XX. (…) Pero mi corazón sigue siendo muy cubano y estoy seguro de que aquel fuego que encendió la Revolución Cubana, renacerá y ya jamás se apagará».
Es posible que mañana, en medio de su merecido retiro, el artista nos sorprenda con otras declaraciones, en la medida que siga evolucionando o no su manera de pensar. La que no varía es su obra, el mejor y mayor registro que nos ha dejado el cantautor en más de cuarenta años de carrera.

El cancionero de Sabina contiene diversas referencias a Cuba, desde nombres de figuras políticas, músicos, poetas… A diferencia de sus amigos compositores Joan Manuel Serrat o Luis Eduardo Aute, el autor de “Peces de ciudad” fue haciendo guiños a la isla, sorprendentemente, desde su debut discográfico en 1978.
Hagamos un repaso consultando, exclusivamente, la discografía de Joaquín Sabina publicada en www.discogs.com y www.jsabina.com, sin tener en cuenta las colaboraciones con otros artistas.
Entre las diez canciones de Inventario, el primer disco de Sabina, está “1968”. La canción evoca algunos sucesos como la guerra de Vietnam, la primavera de Praga y la muerte de Ernesto Che Guevara:
Mientras Che cavaba su tumba en Bolivia / cantaba Masiel en Eurovisión. Y mi padre llegaba puntual al trabajo / con el cuello blanco y el traje marrón.
Pasaron doce años hasta su segunda producción titulada Malas compañías donde está incluida “Pasándolo bien”, la última del disco. El tema, una celebración a la libertad personal, arranca así:
Creen porque la gente no habla ya de mí / que estoy más acabado que Antonio Machín. Dense prisa si me quieren enterrar / pues tengo la costumbre de resucitar.
Obviamente, los boleros del cubano afincado en España desde 1939, formaron parte de la banda sonora de Joaquín desde su niñez, entre ellos el conocido tema “Angelitos negros”, cuya referencia la encontramos en el quinto álbum de Sabina, de 1987: “Hotel, dulce hotel”. En “Así estoy yo sin ti”, el cantautor dice:
Absurdo como un belga por soleares / Vacío como una isla sin Robinson. / Oscuro como un túnel sin tren expreso / Negro como los ángeles de Machín / Febril como la carta de amor de un preso / Así estoy yo / Así estoy yo sin ti.

Una de las canciones claramente narrativas en el cancionero del andaluz es “Rap del optimista”, una especie de microrrelato incluido en el sexto álbum El hombre del traje gris de 1988. Publicado por BMG/Ariola, el material cuenta con doce canciones producidas por Pancho Varona, Luis Fernández, Antonio García de Diego y el propio Sabina. Algunos conocedores encuentran parecidos entre este tema y “Tangled up in Blue”, de Bob Dylan.
La historia de un grupo que entra a la industria de la música y pierde su estilo original está cargada de sarcasmos y burlas, aunque el autor advierte: “quise hacer un cuento divertido sin parecidos con la realidad.” Casi al final,las alusiones a la música cubana son evidentes cuando menciona los clásicos “Dos gardenias”, de Isolina Carrillo; “Guantanamera” de Joseíto Fernández y juega con el estribillo de “El manisero”, de Moisés Simons.
Ya quisiera yo, en lugar de este reggae, haber escrito Rapsodia en blue / Chelsea hotel, Guantanamera, Tatuaje, o SheLovesyou (yé, yé, yé). / Pedro Navaja, Like a rollingstone, Dos gardenias para ti, Mira que eres canalla / No hago otra cosa que pensar en ti / Marieta, La estatua del jardín botánico, Moon over Bourbon street. /
Qué culpa tengo si a lo más que llego es a / Pongamos que hablo de / Pongamos que hablo de / Pongamos que hablo de… maní / si te quieres con tu novia divertir.
Al llegar 1990, en el mes de mayo, sale a la venta Mentiras piadosas, el séptimo álbum del también poeta y pintor. Seis meses antes había caído el simbólico muro de Berlín, un hecho que posibilitó la reunificación alemana e inspiró a varios artistas, entre ellos, Joaquín Sabina. Con su ironía característica narra en “El muro de Berlín” la historia de un revolucionario de postal:
Ese tipo que va al club de golf / si lo hubieras visto ayer / dando gritos de «Yankiego home»/ coreando slog2ans de Fidel.
Vuelve a la controvertida figura de Ernesto Guevara en el hermoso tema titulado “Con la frente marchita”:
Te sentaba tan bien esa boina calada, al estilo de El Che / Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear.
En el mismo álbum, compuesto por doce temas, se aproxima suavemente al movimiento salsa (trompetas y percusión afrocubana) en “Con un par” dedicado a Dionisio Rodríguez y sale a la luz “Medias negras” con aires de blues hasta que en 1991 el cubano Willy Chirino llevara el tema a su terreno (el son) en el disco Oxígeno, convirtiéndolo en un éxito de tal proporción que se convirtió en un tema imprescindible en su repertorio.

Para 1992 el sello Ariola pone a la venta el trabajo discográfico número ocho de Sabina: Física y Química incluido entre los cien discos que debes tener antes del fin del mundo, según Sony Music en 2012. Entre verdaderas joyas como “Y nos dieron las diez” y “Peor para el sol” encontramos “La del pirata cojo” donde su autor “con un poco de imaginación” expone las vidas y los nombres que nunca llegará a ser. Entre esas identidades, escoge:
Bongosero en La Habana / Casanova en Venecia / Anciano en Shangri La.
En “El blues de lo que pasa en mi escalera” (Esta boca es mía, 1994) Sabina retoma su espíritu rocanrolero e introduce la frase: camino a La Habana, una habanera. Vuelve a los ritmos cubanos junto con su querido amigo Pablo Milanés en el tema “La casa por la ventana”, una canción protesta que critica la situación de los inmigrantes que llegan a España.
Y cada fin de semana / con sus caderas dominicanas /compadre, una guarachita,
candombe, samba o rumbita… / ¿o es que usted nunca estuvo en La Habana?
Precisamente en 1994 realiza su primera visita a Cuba, donde ofrece algunos conciertos. El periodista Mauricio Vicent, corresponsal de El País en La Habana, informaba el miércoles 22 de junio que “el cantautor Joaquín Sabina y el actor Juan Echanove ofrecieron ayer en La Habana el primer recital de una serie de presentaciones de artistas españoles en Cuba que se ha sumado al proyecto “Amo esta isla” de Pablo Milanés. Ana Belén, Víctor Manuel, Luis Eduardo Aute y Joan Manuel Serrat son algunas de las figuras que actuarán en La Habana próximamente en el marco de un proyecto que no está organizado por el Gobierno ni tiene fines políticos”.
Un año después, también en junio, el propio Vicent confirmaba a El País que la Fundación Pablo Milanés había quedado disuelta el 8 de junio tras varios meses de tensiones, problemas económicos y enfrentamientos con el Ministerio de Cultura.
El álbum número diez de Sabina, Yo, mí, me, contigo se pone a la venta en 1996 y en su realización participan, entre otros, los músicos cubanos Carlos Varela, Pancho Amat, Tito Duarte y Luis Dulzaides. Los estudios Ojalá de Silvio Rodríguez también colaboran con el material que incluye la única canción de Sabina dedicada explícitamente a la capital de la isla.
«Postal de La Habana» es el título del retrato que hace Joaquín, a su manera. Mientras la vida en el hotel es completamente diferente, en las calles el artista nota la pobreza de la isla: en cada bicicleta caben tres.

En casi seis minutos trata de reflejar todo lo que puede: figuras, símbolos, deterioro social, poesía. De esa manera aparecen Silvio Rodríguez, Nicolás Guillén, José Martí, Pablo Milanés, Benny Moré, Fidel Castro, Che Guevara, Octavio “Cotán” Sánchez, Compay Segundo, Ernest Hemingway, José Lezama Lima, la religión afrocubana y la prostitución.
A pesar del regalo musical, el tema quedaría censurado en la radio y la televisión de la isla.
En mayo de 1997 Pablo Milanés, Joaquín Sabina y Fito Páez protagonizan un concierto popular en el Parque Lenin de La Habana en favor de los enfermos de sida. Según la reseña de Mauricio Vicent, “fue una noche de música, solidaridad y lazos rojos, que tuvo una carga muy especial. Milanés abrió la velada con “Canto de la felicidad” [sic] un tema de su reciente disco Plegaria que ya se ha convertido en la isla en un himno de los marginados, y siguió con La soledad, mientras en las gradas se repartían condones y se recogía dinero”.
El álbum número once de Sabina se publica en 1998 y es una colaboración con el argentino Fito Páez. Enemigos íntimos lleva catorce temas compuestos entre ambos artistas, excepto “Buenos Aires”, de Fito y “Yo me bajo en Atocha”, de Joaquín. Si “Pongamos…” había logrado convertirse en un tema esencial para los madrileños, “Yo me bajo…” pasó a ser, rápidamente, un himno de amor a la capital española.
En una canción tan importante en la carrera musical de Sabina es gratificante escuchar versos tan sentidos como estos:
He llorado en Venecia / Me he perdido en Manhattan / He crecido en La Habana / He sido un paria en París.
Terminando la década, el imparable y prolífico compositor sorprende al público con un álbum sumamente atractivo y uno de los mejores discos de rock en español: 19 días y 500 noches. La presencia cubana está lo mismo en “Una canción para la Magdalena”, con música de Pablo Milanés, como en el rap de casi nueve minutos: “Como te digo una co’ te digo la o’” donde Sabina, a través de un monólogo ficticio, lanza los siguientes dardos:
¿Que si nos gustó La Habana? / Hija mía, ¿no nos va a gustar? / A una la reciben con ese Caribe y ese malecón. / ¿Y la gente? / Legal, super maja. No sé, diferente. / Y eso que el dichoso bloqueo los dejó / no digo que feos, porque feos no son. / Y hasta el más negrito tiene educación. / Pero pobrecitos, flaquitos, flaquitos / y sin libertad. / Que tengan la culpa Clinton o Fidel a mí, mire usted / lo mismo me da. / Pa’ abreviar el cuento / que no disfruté / que no vuelvo más / que no vuelvo más.
Obviamente, el sarcasmo sabiniano terminó pasándole factura a la canción en la radio y la televisión cubanas.
Al iniciar el tercer milenio, un Sabina popular y consolidado saca al público Dímelo en la calle con catorce composiciones. Una de ellas, demuestra la influencia guilleniana en su propia obra: Ya eyaculé, donde incluye fragmentos de los poemas “Sóngoro cosongo”.
Coincidiendo con su cumpleaños 57, Sabina regresará a La Habana en 2006 para participar en la XV Feria Internacional del Libro. En la capital presenta la edición cubana de su poemario Ciento volando de catorce y comparte con algunos músicos. Cinco años después se publica la obra colectiva La Habana canta a Sabina donde participan Pablo y Haydée Milanés, Carlos Varela e Ivette Cepeda, entre otros.
Las opiniones sobre Cuba y su régimen irán subiendo de tono en lo adelante. En 2014, encontrándose en Chile, comenta ante los medios:
“Fuimos absolutamente pro cubanos y pro castristas y luego, a pesar de seguir siendo amigos, somos un poco amigos separados y reticentes porque no podemos cerrar los ojos a algunas cosas que vemos en Cuba”.
En 2017, mientras promovía su gira “Lo niego todo”, declara:
“…tampoco sé si haya que volver a creer en la utopía, después de ver el desarrollo patético que han tenido las utopías en todo sitio. Fíjate en lo que está sucediendo hoy mismo en Venezuela. O en lo que ha quedado la Cuba castrista, que fue la revolución de mi juventud. Es tremendo lo mal que envejecen las revoluciones… incluso peor que las personas”.
El periódico español El Mundo publica en noviembre de 2022 una amplia entrevista firmada por Antonio Lucas. En ella, el músico afirma:
“Estoy muy cabreado. Y cabreado también con el demoledor fracaso de todas las revoluciones del siglo XX. Fui amigo de la revolución cubana y de Fidel Castro. Pero ya no lo soy, no puedo serlo. Ahora estoy del lado de los que se manifiestan y de los que se exilian de la isla. Los que hemos si6do de izquierdas tenemos la responsabilidad de decir la verdad ante algunos desastres de la izquierda. También me indigna la traición de Daniel Ortega a Nicaragua. Esto es algo de lo que no puedo hablar sin cagarme en la puta madre de los responsables de la infamia, de la traición”.
Ese mismo mes muere su gran amigo Pablo Milanés a los 79 años. Hasta la capilla ardiente instalada en la Casa de América de Madrid, llega una ofrenda floral con el siguiente mensaje: “Contigo, Jimena y Joaquín Sabina”.
Tiempo después, desde un escenario en Uruguay, rinde homenaje al querido Pablo: “Esta canción se la voy a dedicar al último de los grandes amigos y de los grandes maestros míos que se ha ido este año. Le mandé la letra de la canción que viene ahora por teléfono a Pablo Milanés y él me mandó la fantástica melodía que tiene”, refiriéndose a “Una canción para la Magdalena”.
Hasta hoy no ha trascendido ninguna declaración del poeta sobre la debacle cubana. Es muy probable que esté al tanto de lo que sucede en la isla, y muy en el fondo vuelva a sentir pena al ver en ruinas el símbolo de su juventud. Pero, de alguna manera, Cuba quedará perenne en el artista…y viceversa.