En la espléndida oleada de arte cubano que se adueñó este verano de varias exhibiciones en espacios de Miami, la muestra Modern Cuban Painters from Havana to New York Revisited (Pintores cubanos modernos de La Habana a Nueva York: Una nueva mirada), resulta un acontecimiento de obligada visita.
La exposición, que permanece abierta en el Frost Museum de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) desde el pasado mayo, se remonta a un momento crucial de 1944, cuando el arte moderno cubano consiguió integrarse al panorama cultural de Estados Unidos a partir de la primera muestra dedicada a pintores de la isla, en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York.
Fue un punto de inflexión para la pintura cubana en el mercado de Estados Unidos de la posguerra, y también un momento en que despertó su atención entre coleccionistas, galeristas y museos de Europa.
Bajo la curaduría de Elizabeth T. Goizueta y Cristina Figueroa Vives, la muestra reexamina el papel de Alfred H. Barr Jr., director fundador del MoMA, y de las galerías del entorno neoyorquino en la promoción del modernismo cubano durante la década de 1940.
La muestra reúne en total 51 pinturas y dibujos de una pléyade de artistas en plena efervescencia creativa y que devendrían maestros de la modernismo pictórico en Cuba. Entre ellos figuran Mariano Rodríguez, Mario Carreño, Carlos Enríquez, Roberto Diago, Cundo Bermúdez, René Portocarrero, Wifredo Lam, Fidelio Ponce y Amelia Peláez, cuyas obras contribuyeron a forjar la identidad artística de la vanguardia cubana y a ampliar su visibilidad internacional desde mediados del siglo XX.

La exhibición incluye además materiales de archivo y documentos históricos que reflejan el apogeo del movimiento y también sus tensiones internas en cuanto a porfías estéticas y diferendos personales, lo que convierte la experiencia en una enriquecedora inmersión en la época.
Vale remontarse al momento histórico en que se produce este renacimiento en la vida cultural cubana de la república (1940-1952), con un impacto en la cristalización de un vigoroso movimiento moderno que desborda las fronteras del país.
Y Nueva York fue un imán que a la vez que catapultó a los artistas cubanos hacia otros mercados hemisféricos y Europa. Como ha registado el historiador Alejandro Anreus, por entonces Mario Carreño y Luis Martínez Pedro exhibían en Perls Galleries, Fidelio Ponce tenía una muestra individual con Delphics Studios, mientras Portocarrero se presentaba en Julien Levy, y Amelia en la Galería Norte.
Lam está entonces representado por la galería Pierre Matisse, pero es preciso recordar que sus cuadros no estuvieron en la muestra antológica del MoMA de 1944, pues se negó a participar argumentando falsamente que se trataba de una «exposición oficial» con patrocinio del gobierno de Fulgencio Batista. El pretexto de Lam para salirse del grupo es falaz, porque en estricta verdad la muestra se organizó con los auspicios de la mecenas María Luisa Gómez Mena, esposa de Mario Carreño por esos días, y la asesoría del crítico y curador José Gómez Sicre.
La carta de Carlos Enríquez a Gómez Sircre sobre la repercusión en Cuba de la muestra neoyorquina es reveladora en muchos sentidos, y exonera a Lam de la campaña negativa desatada en los corrillos artísticos.
“Aquí se ha reflejado el éxito de dicha exposición, y salvo algunos envidiosos profesionales, que sabes existen por razón de mediocridad o por creerse genios, la prensa se ha portado muy bien haciendo elogios a la manera criolla –escribe el pintor desde La Habana–. No creo que haya sido Lam en persona el promotor de cierta campaña insidiosa que murió al nacer, pues no había bases para mantener tal actitud, puedes pensar más bien que fue debido a ciertos críticos y cierto artista ajeno a nosotros que se creen profesionales y sospechan han perdido una oportunidad tan brillante como la de llevar una representación de pintura cubana a N.Y. Por lo demás, nosotros, los correspondientes, firmamos una carta abierta haciendo una aclaración en firme sobre nuestra voluntad de estar representados en esa por Pepe Gómez Sicre”.
El trabajo de las curadoras Goizueta y Figueroa ha rescatado los hitos esenciales de la exhibición inaugurada en la primavera de 1944, que le descubrió al público neoyorquino la visualidad de un arte portensoso y original del vecindario latinoamericano, sin ataduras al esquema fijo de politización que había impuesto el muralismo mexicano desde comienzos de siglo. Como ha escrito Anreus en su libro Modern Cuban Art of the 1940s. Havana’s Artists, Critics and Exhibitions (2025), “la pintura cubana era figurativa, pero expresiva, revelando una poética de colorido y movimiento, sin caer en lo ilustrativo”.
La muestra que puede verse en el Frost Museum fue concebida y presentada inicialmente, con un total de 42 obras, en la casa de subastas Bonhams, en Nueva York, entre febrero y marzo de este año. Ahora se le han añadido seis piezas de la colección de Ramón y Nercys Cernuda, y una pieza del pintor Felipe Orlando (1911-2001).

De todas las pinturas en exhibición, resaltan con especial poder de seducción y fuerza visual, El desayuno (1943), de Mariano Rodríguez, pieza definitoria en la evolución del artista; Marpacífico (1936), una figuración llena de misterio y voluptuosidad con el sello de Amelia Peláez; y Desnudo (1940), de Carlos Enríquez, hermoso cuadro que sería luego víctima de la vandalización por un espectador alarmado ante su desafiante esplendor. Esa es la única pieza que Enriquez pide a Sicre no comercializarla entre los potenciales compradores neoyorquinos, pues pertenece a su musa inspiradora de entonces, Eva Frejaville.
La exposición, que se mantendrá abierta en FIU hasta el 18 de octubre, es una oportunidad tanto para el conocedor avanzado como para el espectador iniciado de recibir un aliento de auténtico arte cubano. Un encuentro selectivo con clásicos de una etapa que enalteció el virtuosismo de la pintura cubana y la legitimó como aporte excepcional al patrimonio pictórico del mundo.
El próximo 10 de septiembre, a las 11 am, en la sede del Frost Museum, el crítico e historiador Alejandro Anreus ofrecerá una conferencia dedicada a tres figuras emblemáticas de la vanguardia cubana: Fidelio Ponce, Carlos Enríquez y Amelia Peláez. ¿Qué hizo que estos tres artistas fueran singularmente originales, profundamente cubanos y, a la vez, universales?
Exhibición Modern Cuban Painters from Havana to New York Revisited en el Patricia & Phllip Frost Art Museum de FIU, 10975 SW 17 Ave, Miami, FL 33199. Abierta al público de martes a domingos, de 11 am a 5 pm. Entrada gratuita. Teléfono: (305) 348-2890.