
Hay un nuevo rey en la pelota cubana. El capitalino Enrique Díaz, con el uniforme de Metropolitanos y como visitante en Pinar del Río, mejoró la marca de hits en las Series Nacionales, 2 356, que le pertenecía al ex integrante de la selección nacional Antonio Pacheco.
Más allá de transitar por su temporada número 26, que ya es sacrificio suficiente, el veterano de la barriada de Cayo Hueso ha enfrentado incomprensiones e injusticias. Eternamente relegado del equipo Cuba, Enriquito soportó una y otra vez el acoso de fanáticos -casi siempre alcoholizados- que en la cuasi soledad de los estadios más pequeños, como el Santiago “Changa” Mederos, de La Habana, se han prodigado insultando al jugador a partir de sus rasgos físicos o burlándose, ¡nada menos! que de su veteranía.
Catapultado varias veces de un equipo capitalino al otro, Enriquito fue llamado por Industriales cuando un absurdo accidente decretó el retiro del estelar segunda base Juan Padilla, al iniciar el actual siglo. Después de conquistar varios torneos del patio, con el moreno Enriquito como sustituto del rubio Padilla, Industriales juzgó como acabado a nuestro hombre, quien se aferró al béisbol y volvió, a cambio de nada, a las filas del colista Metropolitanos.
Un día histórico
Y así el martes último, a la altura de la sexta entrada, este pelotero de 43 años le pegó un sencillo al pinareño Reinier Verano, bueno para igualar la marca de Pacheco y de paso romper lo que parecía convertirse en un juego de no hit-no run. Un día después -anoten la fecha, siete de marzo de 2012- frente a Julio Alfredo Martínez y en la tercera entrada, llegó el batazo récord, 2 357, con la afición de Pinar del Río como testigo.
El capitalino ha participado como jugador de posición en más temporadas de Cuba que cualquier otro -Antonio Muñoz y Victor Bejerano alinearon por 24 años- y solo el lanzador Carlos Yanes se puso el uniforme del equipo Isla de la Juventud durante 28 torneos.
¿Hay algo más que exigir de Enrique Díaz? Ahora mismo, y con la frente erguida, el pelotero -autor de un error que en los años 90 eliminó a Industriales de cierto play off inolvidable- podría decir adiós a los terrenos. Aquella pifia y la debacle del equipo azul están inmortalizados en un documental sobre el controvertido elenco de la capital.
Pocos supieron, en cambio, que el entonces aún joven jugador de la segunda base, atormentado por la vergüenza, pensó en privarse de la vida.
Por eso, y por tu larga entrega, ¡Salud, Enrique Díaz, el béisbol cubano está en deuda contigo!
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