La emergencia epidemiológica que atraviesa Cuba por la circulación simultánea de varios virus ha causado ya unos tres millones de enfermos y al menos al menos 8,700 fallecidos, afirma un informe independiente difundido este lunes.
De acuerdo con el Dossier 42: El colapso sanitario en Cuba, elaborado por el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC), la cifra de muertes por las arbovirosis es 185 veces mayor que lo que reconoce el gobierno cubano, y pone en evidencia el colapso del sistema de sanitario del país como resultado directo de decisiones políticas que han debilitado de forma sistemática la capacidad del Estado para proteger la vida y la salud de su población.
Las autoridades cubanas han reportado 55 personas fallecidas por la epidemia conjunta de dengue y chikungunya que sacude al país desde mediados de año.
El informe de OCAC afirma quelos reportes oficiales, “minimizan el alcance real de la crisis y subestiman tanto la morbilidad como la mortalidad asociada a las arbovirosis”.
Profesionales de la salud entrevistados para el dossier coinciden en que la mayoría de los casos no se registran, ya sea por la ausencia de reactivos diagnósticos o porque los pacientes optan por no acudir a instituciones médicas que carecen de recursos para atenderlos.
El informe señala que la actual situación epidemiológica —marcada por la circulación de dengue, chikungunya y otros virus— se desarrolla sobre un sistema sanitario previamente devastado.
“La combinación de desinversión crónica, deterioro de la infraestructura hospitalaria, escasez extrema de medicamentos e insumos, emigración masiva del personal médico y manipulación de la información epidemiológica ha creado un escenario de daño evitable, conocido y persistente”, afirma el documento, de 34 páginas.
Especial atención merece en el informe el impacto a mediano y largo plazo del chikungunya. La evidencia internacional indica que entre un 30% y un 60% de los infectados puede desarrollar secuelas crónicas, como dolor articular persistente, fatiga extrema y limitaciones funcionales.
“En Cuba, estas secuelas quedan prácticamente sin tratamiento debido a la inexistencia de programas de rehabilitación, la falta de medicamentos y la descomposición del primer nivel de atención. El resultado es una creciente carga de discapacidad que afecta la productividad, los ingresos familiares y la calidad de vida, especialmente entre adultos en edad laboral, niños y ancianos”, señala el informe.
Entre otros aspectos documentados sobre la gravedad de la crisis aparecen mencionados los siguientes:
- Crítica situación en hospitales y policlínicos. Se registran centros de salud sin agua corriente, con cortes eléctricos prolongados, equipos médicos fuera de servicio y carencias básicas como guantes, jeringuillas, soluciones intravenosas o medicamentos antipiréticos. Datos oficiales citados en el Dossier indican que más del 64 % de los medicamentos que debía suministrar la industria farmacéutica estatal se encontraban en falta a inicios de 2025, y desde entonces no se publican actualizaciones, lo que profundiza la opacidad informativa.
- Drástica reducción del personal sanitario. En los últimos años, decenas de miles de médicos y enfermeros han abandonado el sistema, ya sea por emigración o por cambio de ocupación, empujados por salarios insuficientes, sobrecarga laboral y condiciones de trabajo extremas. Paralelamente, el Estado continúa priorizando el envío de profesionales de la salud al extranjero como fuente de ingresos, mientras el sistema interno se vacía de capacidades esenciales.
- Crisis sanitaria vinculada a problemas acumulados. La expansión de las epidemias ocurre en un contexto de inseguridad alimentaria severa, colapso de los servicios de recogida de basura, proliferación de vectores y una profunda crisis energética que somete a la población a apagones prolongados. La malnutrición crónica y el estrés constante han debilitado la respuesta inmunológica de millones de personas, incrementando la gravedad de las infecciones y el riesgo de complicaciones.
- Manipulación deliberada de las estadísticas de mortalidad y el alcance de la epidemia. Médicos entrevistados describen prácticas sistemáticas para omitir las infecciones virales como causas antecedentes en los certificados de defunción, una estrategia destinada a reducir el costo político del desastre sanitario. Esta opacidad se ve reforzada por la aceptación acrítica de cifras oficiales por parte de organismos internacionales, lo que contribuye a distorsionar la percepción global de la situación real en la isla.
“El colapso sanitario constituye una forma de violencia estructural ejercida desde el poder”, considera OCAC. “Mantener a millones de personas en condiciones de malnutrición, indefensión sanitaria y exposición permanente a riesgos epidemiológicos no es un accidente, sino la consecuencia de un modelo de gobernanza que ha dejado de priorizar el bienestar humano básico”.
El dossier concluye que la crisis de salud pública en Cuba es inseparable del colapso integral del sistema político y económico vigente.
“La suma de la emergencia sanitaria, la crisis alimentaria, el deterioro ambiental y la falta de transparencia configura una violación sistemática de las obligaciones fundamentales de protección del Estado hacia su ciudadanía”, asevera el documento.
El OCAC es una entidad independiente dedicada a la investigación y el análisis de temas críticos para la sociedad cubana, y labora como una red descentralizada en asociación con el laboratorio de ideas Cuba Siglo 21.
CaféFuerte reproduce a continuación la versión en español del dossier elaborado el OCAC.