La crisis del Estado totalitario en Cuba genera percepciones alteradas de la realidad social y pérdidas del compromiso político real tanto en las redes sociales como en ciertos medios tradicionales de comunicación.
Al tenor de la civilización del espectáculo, el presidente Donald Trump suelta lo que le viene en ganas sobre la Isla de Cuba pintoresca: desde que constituye una amenaza extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos hasta que puede sacarla de la crisis por vía económica. Asimismo, el director de la CIA, John Ratcliffe, se reúne con segurosos del MININT y el jefe del Comando Sur, Francis L. Donovan, con altos mandos del MINFAR, mientras que el Fiscal General interino Todd Blanche posa de justiciero con el deshielo más que tardío de la causa penal contra Raúl Castro por el derribo alevoso de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.
La lógica de las decisiones o razón práctica aconsejaba librarse del castrismo yéndose de Cuba, porque el país “se fue a la mierda”, tal y como el cineasta insiliado Juan Pin Vilar recicló en 2020 aquel “a Cuba le tocó perder” que el exiliado Justo Carrillo había sentado en 1993, pero Cuba a oscuras, sin pan ni agua ni nada, anima al enjambre digital a salir ahora de la colmena para formar colonias en ambientes virtuales a la espera del deus ex machina.
Ese dios que bajaría de la máquina era ya solo el pueblo oprimido, que jamás sería vencido por rezar el rosario de libertad y democracia, hasta que ciertos creyentes agregaron la tercera intervención americana, viendo que crear dos, tres, muchos 11-J o maleconazos no parece ser la consigna para dar el golpe de gracia al régimen castrista tardío. Sobre todo porque ya casi nadie se cree que morir por la patria es vivir.
Desespero y embullo
Si el Estado totalitario y su pareja sistémica, la llamada economía socialista, han colonizado por más de seis décadas a la nación cubana, el yugo castrista no puede menos que tener cierto agarre y arrastre en ella. Por causa de la longevidad del régimen, como advirtió Giovanni Sartori, la cuestión cubana no es entonces de transición, sino de injerto y comienzo.

El castrismo tardío no tiene ningún proyecto de renovación y suprimir el orden político de partido único es la clave aúrea para superarlo. Sin embargo, el enjambre digital de librea cubiche circula como si no hubiera nada de qué avergonzarse, a pesar de tantos y tantos proyectos de liberación velados con el misterio de lo incumplido, y repite, a manera de reguetón barato, que la dictadura de partido único descansa en la familia Castro.
Así han salido al ruedo digital una pléyade de personajes de las más disímiles estirpes y filiaciones: una nieta de Batista y una hija de Fidel Castro; un Cangrejo sabelotodo, sacerdotes y hacedores de una nueva teología liberadora, excomunistas reciclados y hasta veteranos de las Brigadas de Respuesta Rápida invocando a los mambises para justificar la intervención militar americana; voceros y lídercitos de no se sabe qué, analistas y expertos que no saben ni cómo ni cuándo, y otros muchos figurines de la civilización del espectáculo enzarzados en dimes y diretes, exigencias y berretines.
Nunca antes en las agitadas aguas del exilio anticastrista habíamos asistido a la emergencia de tantos personajes pretendidamente presidenciables, con las soluciones de futuro a boca de jarro y vertidas en redes sociales desde el más solaz esparcimiento combativo, en Miami o en Madrid.
Tres lecciones anticastristas al tiro
El desespero porque el régimen no acaba de caerse y el embullo con que tiene que caerse pueden y deben atemperarse para que el cambio necesario no derive de cierta revolución de la ira, sino más bien de una revolución de lareflexión, según la pauta de quien casi todo cubano hace para sí un tambor: José Martí.
Reforcemos esa pauta con tres reflexiones de quienes estuvieron muy atentos a las malditas circunstancias del castrismo:
- Howard Hunt (1918 – 2007). Oficial de la CIA encargado de preparar a los líderes que formarían gobierno provisional tras la caída prevista de Castro como resultado de la invasión por Bahía de Cochinos: “Washington should put Castro in the file and forget basket, and make clear to Cubans still clinging to their dreams here that we didn’t have the cojones to follow through (…) and we aren’t going to do a reprise” [Washington debería dejar a Castro en la cesta de archivar y olvidar, y dejar claro a los cubanos que aún se aferran a sus sueños aquí que no tuvimos cojones para concluir el asunto (…) y no vamos a repetir la gestión] (The Miami Herald, 28 de junio de 2001).
- Antonio Veciana (1928-2020). Autor intelectual de cuatro planes de atentado contra Fidel Castro: “Muchos en el exilio piensan que Estados Unidos les va a sacar las castañas del fuego, y que va a intervenir. Los políticos de aquí, que dirigen este país, el establishment, no tienen esa decisión” (La Noche se Mueve, WNMA, 1210 AM, Miami Springs, 3 de julio de 2007).
- Eugenio “Musculito” Martínez (1922-2021). Agente de la CIA (AMSNAP-3) a quien se atribuyen más de 300 misiones de infiltración en Cuba y este dictamen sobre la oposición interna: “Los líderes que nosotros estamos construyendo son muy endebles porque el gobierno los conoce y los conoce todo el mundo, que son líderes por la ayuda que reciben de aquí” (El Sentinel [Orlando], 15 de marzo de 2014).
Principio de incertidumbre
Así como la muerte de un autócrata (e incluso de dos) se consideró por largo tiempo la película que marcaría el comienzo del fin del castrismo, ahora se espera que, como el desgobierno de Miguel Díaz-Canel ha puesto la tapa al pomo de la frustración del pueblo, el pomo cerrado reviente y se allane el camino de los cubanos hacia una vida soportable.

Trump supone que obligará a los lidercillos del castrismo tardío a colgar los guantes antes de que el calor del pueblo dentro del pomo provoque una explosión social liberadora, y que el estrés dictatorial se aliviará por vía económica. En ese compás de espera, las redes sociales completan el entierro virtual del castrismo tardío por obra y gracia de la revolución digital que anunció Yoani Sánchez (Foro de Oslo, 2014). Hoy Rosa María Payá plantea la disyuntiva crucial: más atinada: “O nos organizamos, o nos pasa por arriba la historia” (Foro DDC, 2026).
Por un lado, la oposición pacífica, la disidencia y/o la resistencia cívica distan de coordinar sus acciones para galvanizar la voluntad política dentro contra el gobierno. Tampoco propician la movilización efectiva del exilio. Y por otro lado, el castrismo tardío pervive —antes que con la familia Castro— con la gente presta a conservar privilegios a costa de la miseria de los demás.
Y eso me hace pensar que si bien no ha muerto al final aquella advertencia del cubanólogo Fidel Castro a fines del 2006: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.
Eso que llaman pueblo cubano —que no sigue ni seguirá de corazón a ninguno de los dictadorzuelos que vengan en la comparsa del Buró Político—no cerrará filas con ningún insiliado o exiliado por mucho que se presenten en formato mediático como Martí es re(in)surrectos. La dinámica de injerto y comienzo arrojará resultados impredecibles e incluso paradójicos, más allá o más acá de las intenciones del interventor americano o del cubano emergente que se lleve el gato del poder politico al agua social desbordada.