Por Raúl Hernández Ortega
Desde principios de septiembre los medios de prensa en Cuba, controlados absolutamente por el Estado, se hacen eco del llamado proceso de nominación de candidatos a las Asambleas Municipales del Poder Popular, inicio de la farsa electoral cubana que anuncia votación en primera vuelta para el 21 de octubre.
La nominación concluyó finalmente el sábado. Este lunes el oficialísimo diario Granma informa que las fotos y biografías de los más de 50 mil 900 candidatos nominados están siendo expuestas en sitios de afluencia pública en cada una de circunscripciones en que se ha dividido el territorio nacional para las elecciones.
Como parte de esta alharaca electorera, desde hoy se efectuarán seminarios de capacitación de los miembros de las mesas electorales que dirigirán los comicios en más de 29 mil 500 colegios en toda la isla.
Pero los latidos del país andan por otra parte y la gente de a pie parece más interesada por la suerte de las elecciones en Venezuela y Estados Unidos que por la cansona pantomima que se perfila en Cuba.
Elegidos para asentir
A nadie más que a la élite gobernante le interesan estas elecciones en Cuba. El pueblo sabe de sobra que los delegados no tienen ningún poder, además de ser impuestos por el Partido Comunista en un proceso formal que se controla desde arriba y que tiene como único objetivo tratar de mostrar al mundo una máscara de sociedad democrática.
Hace más de 20 años conocí la historia de un joven periodista que se fue a residir a una comunidad rural y la gente comenzó a comentar que lo iban a proponer como delgado, pues había contribuido a la solución de algunos problemas. Cuando se reunieron los militantes del Partido Comunista del barrio, recibieron la orientación de quienes debían aparecer en las boletas. Enseguida entre la gente comenzó a circular el rumor de que no se podía proponer al joven periodista y como era de suponer, nadie lo propuso. El miedo y la falta de libertad se imponen y la inmensa mayoría no quiere buscarse problemas.
En el proceso anterior de nominación de candidatos pude conversar con varias personas que se negaron a aceptar ser propuestas para delegados. Los expulsaron de las filas del Partido y fueron sancionados en sus centros de trabajo.
Las asambleas son convocadas por los Comités de Defensa de la Revolución. Después van casa por casa diciendo que salgan, que la asamblea va a comenzar. La gente se reúne de pie. Se canta un himno nacional que va languideciendo hacia el final. Después, según un guión preelaborado, los militantes del Partido hacen las dos o tres propuestas orientadas y la gente levanta la mano con apatía para regresar a la casa a ver la televisión.
Mujeres y negros
Ahora está de moda proponer mujeres y personas de la raza negra. No importa su condición moral, ni siquiera su historial delictivo. Mujeres y negros aportan cifras que pueden ser interesantes en foros internacionales para reforzar la idea de una sociedad participativa y sin discriminación.
El día de la votación sucede algo semejante al de la asamblea. Desde temprano empiezan los del Comité a tocar en las casas para que la gente vaya a votar. Antes se han publicado las insulsas biografías y las fotos de los candidatos. Esto se hace a nivel de barrio. La gente va y hace una cruz por cualquiera. Da lo mismo. El elegido irá a una asamblea para votar por el que el Partido Comunista haya designado para presidente de la Asamblea Municipal, un cargo semejante al de un alcalde, pero sin ningún poder de decisión.
Mientras se gastan dinero y recursos en este manipulado proceso, solo para dar una apariencia de democracia, los edificios se derrumban, las calles se llenan de huecos, falta el agua en las casas, no hay transporte público y la gente pasa las de Caín para poder comer algo cada día.
La llamada democracia socialista es una de las mayores falacias que ha concebido la dictadura totalitarista en Cuba. Encima de que la gente no tiene derecho a expresarse libremente ni a afiliarse a un partido político si así lo deseara, tiene que admitir por decreto que viven en una democracia. Lo peor de todo es que esta farsa está refrendada por una Constitución, por la que se dice que votaron casi por unanimidad los todos cubanos en 1976.
Farsas y maniobras
Sería interesante ver qué sucedería si se hace un nuevo plebiscito para conocer lo que piensan hoy los cubanos con respecto a este modelo democrático. Se debería tener en cuenta el hecho de que millones de los que votaron afirmativamente en aquella oportunidad ya fallecieron, abandonaron el país o sencillamente ya cambiaron de opinión, y que millones de los que hoy tienen derecho al voto, no lo tenían entonces. Además, se debería considerar también la opinión de todos los cubanos sin distinción de su lugar de residencia.
Acaso lo más singular que viene ocurriendo en este proceso es la negativa de algunas comunidades del interior del país a realizar las asambleas de nominación, y la firme determinación de la delegada Sirley Ávila León, elegida tres veces por sus vecinos de Limones, en Las Tunas, y quien ha llevado su caso ante la opinión pública internacional tras el silencio de la máxima dirigencia ante sus reclamos por el cierre de una escuela local.
La democracia en Cuba es un espejismo. Todos los cargos públicos y empresariales son controlados por el Estado. El dirigente es dirigente siempre. Puede estar hoy al frente de un central y mañana de un hotel, una tienda o una empresa textil. Dirigir es un arte y para eso cuentan con su agenda debajo del brazo y su discurso hueco. Solo se tiene que cumplir a pie juntillas las orientaciones y hacer fehaciente la incondicionalidad al Partido y sus líderes. Siempre que el dirigente «cumpla políticamente» y no se le vaya mucho la mano en el bienestar personal, podrá seguir disfrutando algunas prebendas. No le faltará automóvil, combustible, buena casa, comida y vacaciones en la playa.
En la larga lista de defenestrados, algunos sacaron la mano, el pie o la lengua. Ahí están los casos de Carlos Aldana y Robertico Robaina, Hassán Pérez y Yadira García, Felipe Pérez Roque y Carlos Lage. La democracia socialista los cogió fuera de base y ya nadie se atrevería a proponerlos ni siquiera para delegados de circunscripción.
Pero habrá que seguir el proceso que está en marcha, porque pudiera sacar a la luz más de una sorpresa. No por los resultados previsibles, sino por las maniobras que se verá obligado a hacer entretelones el régimen para perpetuar la farsa. Entre la población cubana -y particularmente entre los más jóvenes- hay muchos que no quieren seguir llevando la máscara.