Ultimatum a Putin: Diez días que no estremecen al mundo

Tras posar como mediador entre Moscú y Kiev, Trump abjura del arte de negociar e ingresa en la élite decadente de Occidente, alucinada con que la OTAN puedeganar la guerra contra Rusia.

Por Arnaldo M. Fernández

Primero 50, después de 10 a 12 y por último 10 días ha dado Donald Trump a Vladimir Putin para concluir la guerra en Ucrania, como si la advertencia del entonces senador Marco Rubio en 2016: “Palestinians are not a real estate deal, Donald!”, no fuera aplicable a los rusos.

Nadie en sus cabales pide a quien está ganando una guerra que deje de proseguirla, a menos que la alternativa sea perderla por otros medios. ¿Y qué tiene Trump para poner a Rusia en ese trance? Tarifas, como si las sanciones económica precedentes de Washington y los 18 paquetes de sanciones de la Unión Europea hubieran surtido algún efecto.

Trump retoma así el camino de Joe Biden y su comparsa, que se creyó poder aplastar a Rusia tanto militarmente, con el poderío de la OTAN, como económicamente por obra y gracia de las sanciones económicas de Occidente. Ambas opciones han fracasado miserablemente y nada indica que, por insistir en ellas, la tortilla ucraniana se vire a favor de la OTAN.

La base de datos sobre ayuda militar, financiera y humanitaria a Ucrania que, con celo de bodeguero, administra el think tank alemán Instituto Kiel para la Economía Mundial, indica que la inversión conjunta de Estados Unidos y Europa en la guerra de Ucrania sobrepasa ya los 270 mil millones de euros (unos $310 mil millones de dólares] desde enero 24 de 2022 hasta el 30 de abril de 2025.

Dado el retorno de esta inversión, no cabe sostener que mantenerla rendirá mejores frutos, sino más bien preguntarle a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que estás haciendo tanto rato en la cocina de guerra.

Decadencia y caída de casi todo Occidente

Igual pregunta cabe hacerle a Trump, quien el 24 de abril de 2025 encaró la tacha de que,para lograr la paz, abogaba porque Ucrania hiciera concesiones a Rusia, como ceder los territorios ocupados, sin que Rusia hiciera concesiones a Ucrania.

Trump repuso que Rusia había hecho ya la “pretty big concession» de aceptar poner fin a la guerra sin haber ocupado Ucrania por entero.Este intervalo de lucidez significativo quedó atrás.

Ilustración: Leopold Maurer/Politics Cartoon – TOONPOOL.

De presidente americano capaz de comprender que toda guerra prolongada es mal negocio, Trump ha pasado a militar en el bando de Sir Keir “Churchilito” Starmer, Emmanuel “Napoleoncillo” Macron y Friedrich “Bismarckito” Merz, azuzado desde dentro por senadores belicosos como el coronel sin acción combativa Lindsey Graham o el sargento Richard Blumenthal, pregonero de falso servicio en Vietnam.

Si la primera ronda presencial de conversaciones de paz en Estambul, el 29 de marzo de 2022, incluyó la advertencia de que Rusia se quedaba con Crimea y las repúblicas de Donetsk y Lugansk, para mayo de este año Moscú advertía en Estambul 2.0 que también la advertencia de que las regiones de Jersón y Zaporiyia iban en la jugada anexionista.

Putin se encamina indefectiblemente a ganar la guerra. La paz no vendrá de la noche a la mañana como resultado del arte de negociar de Trump, sino por efecto de la capitulación de Ucrania como único desenlace plausible. A medida que pasa el tiempo, los rusos seguirán avanzando a paso de elefante: despacito, pero seguros. Irán cayendo Dnipropetrovsk, Járkov, Sumy, Poltava y Chernígov, por ese u otro orden, al efecto de establecer el río Dniéper como frontera natural, sin perjuicio de que el ejército ruso ocupe Nicolaiev y entre por el norte en Odesa para dejar a Ucrania sin salida al mar.

Crimen y castigo

Hay situaciones de las que solo se puede salir muerto o desprestigiado. Tal es la encrucijada de Volodimir Zelensky, quien se retiró de Estambul 1.0 deslumbrado con que la ayuda militar y financiera de la Unión Americana y la Unión Europea bastaban para expulsar al agresor y derrocar a Putin.

Zelensky se arrebató con el prurito psicogénico de hacer historia, sin advertir que tenía que contar primero con la geografía. Al principio las cosas salieron bien. Los rusos tuvieron que retirarse de ciertas zonas ocupadas y Zelensky dio la vuelta al mundo occidental en ochenta días del 2023 pregonando victoria. Ahora se desfoga, junto con el bando encabezado ya por Trump, en peticiones de cese al fuego, como si Putin no supiera que a Occidente no se le puede dar ni un tantico así por lo menos desde que Bill Clinton rompió, en 1994, el pacto de caballeros con Moscú de que la OTAN no se movería una pulgada hacia el este.

La clave de esta guerra reside en nuda geopolítica e indica que Estados Unidos, a la cabeza de eso que llaman Occidente, dejó de campear por sus respetos en el resto del mundo. También lo hacen Rusia y China, conforme a sus propios intereses, y Occidente no puede ya evitarlo ni refrenarlo.

Si los cabecillas de la OTAN no sabían que las aguas cogerían su nivel, como pudo intuir cualquier hijo de vecino por lecturas de historia y geografía, entonces queda una de dos: o toda la inteligencia y pericia militar OTAN-esca es pura ficción bajo el imperio de la arrogancia, o la élite rectora de Occidente actúa bajo influencia del complejo militar-industrial, que siempre saca buen partido de cualquier guerra.

Zelensky pudo convencer a su pueblo de que el ingreso de Ucrania en la OTAN equivalía a entrar en guerra de altísimo costo con Rusia y resultaba mejor entrar en la Unión Europea, pero creyó en Occidente y se embarcó.

La guerra en Ucrania no empezó en 2022, sino en 2014 con la Revolución de la Dignidad que tumbó al presidente rusófilo Viktor Yanukovych. Trump cumple el cuarto período presidencial de Estados Unidos en aquel estado de guerra y a Washington le tomó cuatro presidentes, $978 mil millones de dólares, 2,465 militares muertos y casi 20 años para remplazar al Talibán con el Talibán.

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