Por Jorge Fernández Era*
Ahí está. Hoy me toca el carro patrullero 448.
«Sentirlos junto a nosotros, verlos caminar por nuestras calles, patrullar, velar porque la calma prevalezca, supone un motivo de orgullo. Tras el regio uniforme, llevan sobre sus hombros, con enorme sensibilidad, no solo la suya propia, sino la tranquilidad de millones. Agradecer ennoblece al ser humano, y gratitud merecen quienes ofrendan sus carreras, quienes encadenan décadas de labor en aras de preservar el orden interior, ayudar al ciudadano común, proteger al vulnerable».
Eso dice el periódico Granma. Lástima que desde enero de 2023 yo sienta otra cosa. Debe ser que mi grado de peligrosidad desborda cualquier noción de ciudadanía, pues eso de intentar pararse, como intentaré hoy de dos a tres de la tarde, frente al monumento a José Martí del Parque Central, es algo que lacera la integridad de los transeúntes y hasta de los pájaros que allí anidan.
Cuando me conduzcan y me encierren con enorme sensibilidad en una de sus mazmorras, llevarán sobre sus hombros la tranquilidad de millones por los que unos pocos clamamos derechos a costa de que nos encadenen: el derecho a pensar y escribir lo que nos dé la gana; el derecho a denunciar el tarifazo imperialista que nos imponen; el derecho a exigir la liberación de jóvenes inocentes; el derecho a pedir una Cuba que no reprima la libertad y deje vivir en paz a su gente.
El derecho, en fin, a denunciarlos por traicionar una Revolución que no triunfó para que imperara tanta porquería.
*Periodista, escritor y humorista cubano. Las autoridades le mantienen impuesta una medida cautelar con reclusión domiciliaria, sin derecho a salir del país, mientras aguarda por un proceso judicial por supuestos delitos de desobediencia y sedición. Este miércoles 18 de junio fue detenido a la salida de su casa por agentes de Seguridad del Estado y liberado tras siete horas de arresto.