
Por Wilfredo Cancio Isla*
El contratista estadounidense Alan Gross, condenado a 15 años de prisión en Cuba, ha perdido las esperanzas de regresar a su país y planea poner fin a su vida en medio de una profunda depresión, agravada tras la reciente muerte de su anciana madre, sin poder despedirse de ella.
“Él [Alan] está devastado por la imposibilidad de haber visto a su madre antes de morir y no poder asistir a su funeral”, dijo el abogado Scott Gilbert, representante de la familia Gross. “Alan ha perdido las esperanzas de regresar a su hogar… La situación es extrema”.
Gilbert y Judy Gross, esposa de Alan Gross, se encuentran en La Habana desde el pasado martes para visitar al contratista en la cárcel del Hospital Militar “Carlos J. Finlay” de La Habana, donde se encuentra confinado.
El abogado indicó que desde su llegada a Cuba han visitado a Alan Gross por siete horas y volverán a encontrarse con él el próximo viernes antes de retornar a Estados Unidos.
Situación desesperada
La familia de Gross emitió este miércoles un comunicado desde La Habana, relatando la dramática situación del prisionero, con un llamado urgente a los gobiernos de Cuba y Estados Unidos para hallar una solución en el caso.
“Estoy extremadamente preocupada que Alan vaya a hacer algo drástico ahora que su madre ha fallecido”, manifestó Judy Gross en el comunicado. “Mi esposo y yo necesitamos que el presidente Obama todo lo que esté alcance de su poder para poner fin a esta pesadilla y traer a Alan de vuelta a su casa desde Cuba ahora”.
El abogado Gilbert fue aún más explícito sobre las intenciones suicidas de su cliente, y responsabilizó a los gobiernos de Washington y La Habana por un posible desenlace trágico del caso.
“Estoy extremadamente preocupado, pues Alan está cada día más desesperado”, dijo Gilbert. “Ambos gobiernos deben saber que Alan planea terminar su vida para poner fin a su agonía”.
Gilbert agregó que la esperanza de la familia Gross es que el gobierno de Estados Unidos reconozca que ningún ciudadano estadounidense merece estar tras las rejas, sea un soldado o un contratista como Alan, arrestado en cumplimiento de una misión gubernamental en el 2009.
Exhortación a negociar
Judy Gross argumentó que si Estados Unidos puede negociar el regreso a casa de un soldado norteamericano mediante la excarcelación de cinco prisioneros talibanes, como sucedió en el caso del sargento sargento Bowe Bergdahl, el pasado 31 de mayo, es de imaginar un paso similar para liberar a su esposo de las cárceles cubanas.
El gobierno cubano ha dicho que está dispuesto a buscar una “salida humanitaria” al caso, pero negociando la posibilidad de un canje que involucre a Gross y los tres agentes cubanos presos en cárceles de Estados Unidos. Washington ha rechazado la opción alegando que se trata de casos diferentes.
Pero la situación de Gross parece estar llegando al límite de su paciencia. E1 1ro. de abril el contratista inició una huelga de hambre para ejercer presión sobre ambos gobiernos en busca de su liberación. El ayuno quedó interrumpido 11 días después a petición de su madre, Evelyn Gross, quien falleció de cáncer a los 92 años, el pasado 18 de junio en Texas.
A pesar de los numerosos pedidos a las más altas instancias del gobierno cubano, incluyendo varias cartas a Raúl Castro, para que se le permitiera viajar a Texas y despedirse de su madre enferma, la solicitud fue desoída. Tampoco se le otorgó un permiso humanitario asistir al funeral.
Regresar vivo o muerto
Alan Gross tenía una profunda afinidad emocional con su madre, a quien llamaba telefónicamente dos veces por día antes de ser detenido en la isla.
En vísperas de su cumpleaños 65, el pasado 2 de mayo, el contratista le dijo a Gilbert que este sería su último año en prisión y que regresaría a Estados Unidos vivo o muerto.
De acuerdo con el comunicado, Gross ha bajado 100 libras, está perdiendo la visión de su ojo derecho y sus caderas están teniendo problemas, además de otras dolencias físicas y emocionales.
Gross fue detenido en La Habana el 3 de diciembre del 2009 y condenado en marzo de 2011 bajo acusaciones de atentar contra la seguridad nacional. Había sido enviado a Cuba por la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) para facilitar conexiones de internet a miembros de la comunidad judía en la isla.
*Publicado en Diario Las Américas