Serie Mundial, juego 6: La gloria electrizante del béisbol

Los Dodgers lograron empatar la Serie en una jornada que es ya leyenda. Esta noche habrá juego 7 y un Gran Campeón, sea quien sea el equipo que logre levantar el trofeo en la grama del Rogers Centre, en Toronto.

Este juego fue la esencia misma del béisbol. Competitividad extrema, tensión de punta a cabo y final electrizante.

Los Dodgers de Los Ángeles se impusieron 3×1 a los Azulejos de Toronto, a pura garra y fiereza, como guerreros de estirpe probada, en un partido tenso y emotivo de principio a fin, que permitió prolongar la Serie Mundial hasta el juego 7.

Realmente, esta Serie Mundial se merecía un séptimo partido. Y ya están confirmados los abridores: Shohei Ohtani frente al veterano Max Scherzer, en su apertura de despedida en Grandes Ligas.

Las estadísticas de Grandes Ligas siempre son más interesantes que los parámetros de la economía y la inflación, aunque ambas resulten por igual perturbadoras. Vale recordar que la Serie Mundial había visto hasta ahora 40 partidos decisivos número 7. Este será el 41 desde 1922, cuando el formato de los Clásicos de Otoño pasó de nueve a siete juegos.

Llegar hasta aquí hay que agradecerlo a la noche embrujada del viernes, a dos entradas finales de un juego legendario, especialmente el broche de oro del doble-play impensable que selló la victoria de los campeones.

Esta victoria se llama Yoshinobu Yamamoto, el titán japonés que tiró seis sólidas entradas con parsimonia asiática; se llama Mookie Betts, con el hit más importante en su decaído rendimiento de postemporada; se llama Miguel Rojas y Kike Hernández, con una jugada que vamos a recordar por mucho rato, como para contar a nuestros nietos.

Ese noveno inning es para la leyenda por varios motivos.

Con la ventaja preservada de un octavo inning en que Roki Sasaki demostró gran clase para colgar el cero, llegó el episodio final. A falta de tres out, cuando Sasaki parecía tener dominado con dos strikes sin bolas al peligroso Alejandro Kirk, le pegó un lanzamiento que lo golpeó a la altura de la muñeca izquierda, y eso cambió el desenlace del partido.

Entonces vino el inusitado incidente de la bola muerta en con el batazo de Addison Barger s lo profundo del center field. Una bola trabada en la parte baja de la cerca que determinó que el corredor de primera tuviera que regresar a tercera, declarado el tubey por regla.

Todo parecía desmoronarse para los Dodgers. El Rogers Centre se estremecía con el sueño de que los anfitriones no solo empataran, sino que dejaran tendidos a sus rivales sobre la grama. La memoria suele ser persistente en estas ocasiones y el jonrón de Joe Carter en la Serie Mundial de 1993, está todavía en los recuerdos imperecederos de los canadienses.

Además, estaba a la ofensiva el equipo que más juegos ganó en la temporada por vía de las remontadas. La rebelión de los Azulejos era un hecho y las probabilidades de un viraje en el partido resultaban latentes.

Dave Roberts no esperó más para sacar a Sasaki, una decisión más que acertada. Y en su opción de relevo de emergencia le entregó la bola a Tyler Glasnow, potencial abridor para el partido siete.

Todo el crédito para Glasnow. Con corredores en segunda y tercera, logró un primer out, dominando con un flycito inofensivo de Ernie Clement a las manos del inicialista Freddie Freeman. Y así quedó preparada la escena.

El venezolano Andrés Giménez dio una línea corta al left field. Kike Hernández se apresuró en la captura y, aún en la continuidad del movimiento, tiró a segunda para doblar a Barger. Los Dodgers habían logrado sobrevivir en otro momento épico de esta confrontación.

Tendremos béisbol la primera noche de noviembre y en pocas horas se iniciará la última de las porfías de esta espectacular Serie Mundial de 2025.

Los Dodgers eran los favoritos y han dado prueba de sus profundas fortalezas. Un equipo de élite, con figuras que pueden marcar la diferencia en cualquier momento, en cualquier partido de definición.

Los Azulejos, un equipo cohesionado, combinación de jóvenes estrellas y figuras consagradas, con revelaciones inesperadas como el lanzador novato Trey Yesavage y el cátcher mexicano Kirk. Incansables peleadores, decididos a desafiar los pronósticos, con un capacitado liderazgo de dirección, encabezado por John Schneider.

Habrá un Gran Campeón, sea quien sea el equipo que logre levantar el trofeo al final de la jornada en el Rogers Centre de Toronto. Han sido dos colosos entregados a una batalla de altos quilates y ya han ganado el béisbol y sus seguidores.

Catorce de esos 40 séptimos partidos que se han celebrado en las Series Mundiales se decidieron por una carrera, cuatro requirieron entradas extras y cinco terminaron con walk-offs. Esperemos que algunas de esas variantes se puedan repetir esta noche para darle otro acento de clasicismo beisbolero, de estremecimiento genuino, a esta contienda.

A fin de cuentas, habrá dos ganadores indiscutibles. Ambos equipos han dejado alma y corazón en el terreno, y la gloria será compartida.

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