El enigma sobre el Síndrome de La Habana pudiera estar llegando a su fin después de una década de intrincadas investigaciones, copiosas teorías de inteligencia y más de mil funcionarios estadounidenses con afectaciones reportadas.
Por lo pronto, las pistas están apuntando a la confirmación de que las lesiones cerebrales, dificultades congnitivas y discapacidades visuales que se asociaban al llamado AHI (Incidentes Anómalos de Salud) y que han hecho dudar a decenas de expertos, parecen estar directamente asociadas con un dispositivo de ondas de energía dirigida, fabricado con componentes rusos, que está siendo investigado por la inteligencia estadounidense.
Pero las revelaciones que van saliendo a la luz mientras las víctimas esperan por los informes oficiales respecto al “arma secreta” recién descubierta echan también responsabilidad sobre el entramado del Síndrome de La Habana a la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, particulamente por un alegado encubrimiento masivo de la CIA..
El programa 60 Minutos, de la cadena CBS, informó este domingo sobre las novedades más recientes en torno a la pesquisa en curso, luego de que a comienzos de este año se conociera de la existencia del dispositivo, adquirido por las autoridades estadounidenses en los días finales de la administración de Joe Biden.
Durante nueve años, los productores Oriana Zill de Granados y Michael Rey junto al veterano periodista Scott Pelley, han reportado sobre el misterio de un fenómeno acústico que las primeras víctimas entrevistadas describían como “una fuerza invisible que repentinamente abrumaba sus sentidos”. Es el cuarto reportaje especial de 60 Minutos dedicado en profundidad al tema.
En el reportaje de CBS se informó en primicia que el arma de emisión de energía, obtenida por el gobierno estadounidense, estaría siendo probada en animales para comprobar sus efectos sobre organismos vivos.
«Cuando escuchamos todas estas historias por primera vez, nos pareció extraño y difícil de creer que una pistola de rayos invisibles estuviera golpeando a estas personas y lastimándolas», contó Zill de Granados en un reporte de CBS News. «Ahora creemos que existen armas de energía dirigida que pueden hacer esto, y creemos que en un subconjunto del amplio número de casos, eso es lo que ocurrió».
El dispositivo fue adquirido clandestinamente en las últimas semanas de 2024 por la División de Investigaciones del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), utilizando fondos del Pentágono que alcanzaron los $15 millones de dólares. La adquisición del aparato a una red criminal rusa fue reportada por primera vez por la periodista Sasha Ingber, corresponsal de CNN.
El artefacto es portátil, cabe en una mochila y contiene componentes de origen ruso, según lo han descrito dos fuentes familiarizadas con el asunto.
Todo indica que el Pentágono ha estado probando el dispositivo en un laboratorio militar durante más de un año. Zill de Granados dijo que las pruebas en ratas y ovejas muestran lesiones consistentes con las observadas en humanos.
Funcionarios estadounidenses informaron algunos de sus hallazgos a los comités de supervisión del Congreso, el año pasado.
Zill de Granados y Rey dicen haber hallado vínculos entre los incidentes acústicos y la inteligencia rusa, y mencionaron a más de 65 víctimas que creen haber sido blanco de un arma de energía dirigida.
Los productores anunciaron también que han escrito un libro titulado The Havana Syndrome: Secret Weapons, a Government Cover-Up, and the Greatest Spy Mystery of Our Time (El Síndrome de La Habana: Armas secretas, encubrimiento del gobierno y el mayor misterio de espionaje de nuestra época), que será publicado por la editorial Penguin Random House en octubre y ya está disponible en preventa.
El episodio diplomático se identificó con el término de Síndrome de La Habana debido a que los primeros casos reportados por diplomáticos y oficiales de inteligencia se registraron en la capital cubana, a mediados de 2016. Pero en 2019, el corresponsal Pelley informó por primera vez sobre funcionarios estadounidenses radicados en China que afirmaron haber sido alcanzados por una fuerza invisible en sus hogares.

Zill de Granados y Rey entrevistaron a Mark Lenzi, oficial de seguridad del Departamento de Estado que trabajaba en el consulado estadounidense en Guangzhou, China. Lenzi dijo que él y su esposa comenzaron a sufrir síntomas tras escuchar sonidos extraños en su apartamento en 2017.
Lenzi describió el sonido como una «canica» que giraba por un «embudo de metal», y comentó que lo escuchó cuatro veces, siempre en el mismo lugar y a la misma hora, justo encima de la cuna de su hijo al acostarlo por la noche.
El funcionario insistió en que el sonido no se parecía a nada que hubiera escuchado antes y que era «bastante fuerte».
Poco después de escuchar los sonidos, él, su esposa y sus hijos comenzaron a sentirse mal. Con el tiempo, descubrió que su vecina, Catherine Werner, había experimentado un fenómeno similar y extraño.
Rey dijo que Lenzi está pasando apuros y aún necesita tratamiento para sus lesiones: «Está luchando con estos problemas cognitivos a largo plazo, problemas de equilibrio, problemas de visión y audición».
El equipo de 60 Minutos encontró a otra familia que también escuchó ruidos extraños en su apartamento en Shanghái, China.
Robyn Garfield, funcionario del Departamento de Comercio, y su esposa, Britta Garfield, dijeron que escucharon sonidos extraños durante la noche. A esto le siguieron síntomas de pérdida de memoria, problemas de visión y dificultad para mantener el equilibrio, tanto en ellos como en sus dos hijos.
En 2022, el equipo de 60 Minutos informó sobre incidentes domésticos que involucraron a altos funcionarios gubernamentales en Washington, D.C.
Olivia Troye, exasesora de seguridad nacional y antiterrorismo del entonces vicepresidente Mike Pence, contó a Pelley en una entrevista que sintió una extraña sensación física al bajar las escaleras hacia la Casa Blanca desde el edificio de la Oficina Ejecutiva Eisenhower, en 2019.
Pelley también entrevistó al exdirector de la CIA, William Burns, para el reportaje de 2022.
«[Burns] siguió la línea de lo que la agencia había estado diciendo… seguían considerando improbable que hubiera un adversario extranjero detrás de estos incidentes», señaló Rey.
60 Minutos examinó además el caso de dos diplomáticos canadienses que dijeron haber sido fueron atacados en sus hogares en La Habana, y relataron que sus hijos sufrieron posteriormente síntomas como hemorragias nasales, desmayos, problemas de visión y mareos.
En 2024, de la mano de ambos productores, CBS aportó un importante avance a la historia del Síndrome de La Habana con la ayuda del periodista investigador Christo Grozev.
Grozev identificó a los responsables del envenenamiento del disidente ruso Alexéi Navalny, en agosto de 2020, y también mencionó a otros hombres que intentaron envenenar al oficial de inteligencia militar ruso Serguéi Skripal y a su hija Yulia. Skripal se convirtió posteriormente en agente doble del Reino Unido.
En 2018, Grozev fue el primero en identificar la existencia de una célula de inteligencia rusa altamente secreta, denominada Unidad 29155, la cual describió como “una unidad de élite compuesta por asesinos y saboteadores” con la misión de utilizar contravigilancia, explosivos, veneno y equipo tecnológicamente avanzado contra sus objetivos.
«Esta unidad en particular había participado, de alguna manera, en pruebas empíricas de una unidad de energía dirigida», explicó el periodista.
Grozev encontró un correo electrónico –lo que él considera un recibo– por servicios prestados al gobierno ruso por un miembro de la Unidad 29155 para «posibles capacidades de armas acústicas no letales».
«Ahí está… escrito en blanco y negro», dijo Pelley, mirando el documento.
«Es lo más parecido a un recibo que se puede tener por esto», acotó Grozev.
Según Rey, a medida que se fue conformando una base de datos de víctimas, se comprobó que la mayoría de las personas afectadas trabajaban en temas relacionados con Rusia.

El equipo periodístico habló con Greg Edgreen, quien dirigió la investigación de AHI para la Agencia de Inteligencia de Defensa y también notó la conexión.
El doctor David Relman, profesor de medicina de la Universidad de Stanford, fue solicitado por el gobierno para dirigir dos investigaciones. Sus paneles, compuestos por médicos, físicos, ingenieros y otros profesionales, propusieron una teoría sobre los incidentes en 2020 y 2022.
«La explicación más plausible para un subconjunto de estos casos fue una forma de radiofrecuencia o energía de microondas», declaró Relman en el programa televisivo.
Relman también afirmó que los estudios revelaron que la Unión Soviética había realizado una gran cantidad de investigaciones sobre la creación de un patrón único de microondas que puede dañar el cerebro.

«Descubrimos que la mayor parte del trabajo se realizó en la antigua Unión Soviética. Y determinaron que los efectos podían variar desde pérdida de consciencia hasta convulsiones, lapsos de memoria, incapacidad para concentrarse, dolores de cabeza, presión intensa, dolor, desorientación, dificultad para mantener el equilibrio, muchos de los síntomas que escuchamos de las víctimas del Síndrome de La Habana», declaró Relman.
Años después de la conclusión de los paneles, Relman sugirió que las lesiones en los incidentes del Síndrome de La Habana podrían haber sido causadas por un arma de este tipo, pero la idea fue descartada por funcionarios estadounidenses.
«¿Cree que el gobierno estadounidense minimizó sus estudios?», preguntó Pelley a Relman.
«Por sectores del gobierno estadounidense, sin duda», respondió Relman. «Y no solo los minimizó, sino que los desestimó, en algunos casos, los enterró».
El Departamento de Defensa declinó hacer comentarios para el reportaje de 60 Minutos.
La oficina del Director de Inteligencia Nacional, que supervisa a la CIA, afirmó que una nueva revisión de los incidentes del Síndrome de La Habana será «exhaustiva y completa» y que «mantenemos nuestro compromiso de revelar la verdad».
El presunto encubrimiento por parte de las agencias de inteligencia de Estados Unidos añade un enconado componente sobre el Síndrome de La Habana y sus ramificaciones alrededor del orbe.
“Parte de esa historia consiste en investigar el encubrimiento que creemos ha tenido lugar dentro de la comunidad de inteligencia», explicó Rey.
El productor añadió que están tratando de extraer más historias de las víctimas para ofrecer mayores detalles sobre cómo ha sido este proceso, y el impacto que ha tenido tanto en las familias como en el gobierno».
«Lo hicimos por las víctimas, porque merecen que se cuenten sus verdaderas historias», dijo Zill de Granados sobre el libro de próxima aparición.