
Por Ramón Alejandro*
Considerando apesadumbrados el fracaso político del proyecto nacional cubano, con frecuencia olvidamos la esencia misma de nuestra nacionalidad, que no es otra que la misma poesía. Heredia definió nuestro destino al declararlo, magistralmente, como aquel lugar donde se encontraban entrelazadas en su más alto grado las bellezas del físico mundo y los horrores del mundo moral.
También declaró que no en vano entre Cuba y España tiende inmenso sus olas el mar, para dejar bien claro que no por haber conservado la lengua castellana, aunque pronunciándola a nuestra manera entre andaluza y canaria, y que unida a la sangre yoruba, conga, carabalí y mandinga, con un toque de taína, maya y hasta de la china cantonesa, corran por nuestras venas las recias virtudes de aquellas razas celtas, iberas, griegas, fenicias, judías, godas, vascuences, latinas, bereberes, árabes, gitanas y moras, aunque joven, somos una etnia bien definida. A pesar de la herida purulenta que la esclavitud dejó en nuestra ingle, como las cadenas la dejaron en la adolescente carne de aquel noble Jose Martí, hemos llegado a ser e pluribus unum, como los norteamericanos, realizando la unidad de nuestros diversos orígenes.
Somos la única nación iberoamericana -y del mundo- fundada espiritualmente por un gran poeta y quizás lo desmedido de nuestra ambición de ser libres, siendo físicamente y numéricamente tan pequeños, venga de esa misma sublime inspiración que hacía reventar el pecho de aquel joven que nunca olvidó haber visto siendo niño a un negro ahorcado por sus salvajes amos blancos.
Inmensidad de la poesía
El estudioso Cintio Vitier hurgó lo cubano en la poesía, pero debemos tener siempre presente que la poesía es la misma raíz de lo cubano. Desde este mismo Miami, el poeta Orlando González Esteva escudriña con pasión desde hace años, hasta la última nota de papel que nos dejó aquel santo fundador para descifrar la inmensidad de su poesía de la que ha surgido, a pesar de todo, buena parte de nuestra idiosincrasia. Nos muestra a un hombre más poeta que político, más empapado del pensamiento universal que absorbió durante su estadía en Nueva York leyendo a Emerson, Thoreau y Walt Whitman, ellos mismos influenciados por la mística filosofía hindú, que interesado por el gobierno de las sociedades. Fue un investigador insaciable del mundo natural, y de la mente humana, hasta en sus más mínimas manifestaciones.
También somos todo eso y aún más, porque sentimos intensamente la vocación de expresar lo universal que yace en el corazón de cada individuo y en el esplendor de las existencias humanas en esta misma lengua venida de Europa pero transformada por nuestros escritores, artistas, músicos y sobre todo por el genio de la gente humilde, que espontáneamente la ha hecho florecer de mil inesperadas y novedosas maneras.
Cierto día, hace unos pocos años, estando en el llamado Sitio Escondido de las Lomas de Jaruco, vi pasar a un aura tiñosa perseguida por un furioso pitirre, como había visto tantas veces suceder antes de irme de mi país en 1960. Cincuenta años habían transcurrido y el espíritu indomable del propio cuerpo de la isla se manifestaba en esa especie de ave autóctona de nuestro suelo. La legítima ira contra el abusador, el sentido de la justicia y la defensa de la propia prole. Nuestra tierra nos sigue hablando a través de sus criaturas. Aunque actualmente parezcamos estar sordos a su lenguaje y andemos perdidos en insignificancias y tonterías.
Elogio de la hermosura
Hasta los que hoy desgobierna la isla saben que, por fuerza mayor, su régimen político tiene que cambiar, pero por supuesto bien saben que ese cambio significa el fin de sus privilegios, y son tan humanos como nosotros, con nuestros mismos defectos. Nunca mal duró 100 años, ni hubo cuerpo enfermo que los sobreviviese. Nunca nadie pudo bañarse dos veces en el mismo río, porque lo único constante en la realidad es el constante cambio.
Mientras tanto, debemos darnos cuenta de que Cuba no son solo derrumbes, necesidades y abusos, y que las mismas jineteras y pingueros pueden serlo con tanto éxito por ser tan hermosos, y hasta increíblemente cariñosos, porque nos sobra amor y belleza para compartirlo vendiéndolo por todo el mundo.
Porque también Cuba es eso, generosa abundancia de hermosura sensual y esplendor vital, imperiosidad irreprimible del placer de existir, alegría indiscriminada y determinación profunda de perpetuarse contra viento y marea en su particular manera de ser.
Es esa esencia poética nuestra la que prevalecerá por encima de nuestras deficiencias, si fuimos alguna vez felices, sin duda hay dentro de cada uno de nosotros aquella misma poesía de nuestra manera de ver la vida que nos hizo serlo un día.
*Reflexiones de la Caimana es una sección de crónicas y testimonios que publica semanalmente el pintor cubano Ramón Alejandro en CaféFuerte.