Obama y Raúl Castro, sincronizando el reloj para la democracia

ObamaRaul-display
Barack Obama durante la conversación sostenida con Raúl Castro para cerrar el canje de prisioneros, el pasado martes. Foto: Cortesía de la Casa Blanca.

Por Carlos Cabrera Pérez

A sus 83 años, Raúl Modesto Castro Ruz  acaba de asegurarse un lugar en la historia, al comenzar el desmontaje paulatino del castrismo, en una demostración de fuerza evidente ante el mundo y los cubanos de ambas orillas, aún conmocionados.

Barack Hussein Obama ha dado un portazo al último conflicto de la Guerra Fría en América. Se ha granjeado el odio eterno de los cubanos que soñaban con una derrota humillante del castrismo y ha asumido el coste político interno de tender la mano a La Habana, a cambio de que lleguen los dólares y la democracia.

Raúl Castro, convencido de que el castrismo es inviable, ha sabido hacer de la necesidad, virtud, y ha contribuido al inicio del restablecimiento de relaciones diplomáticas con el enemigo histórico, que es también el mercado más dinámico del mundo a 180 kilómetros de las costas cubanas.

Quizás en un principio haya tenido la tentación de reformar y traspasar el mando, pero cada vez que intentaba arreglar un sector se encontraba con tres murallas: desorden legislativo y organizativo, corrupción y resistencia de unos burócratas con carné del PCC y cuantas medallas han sido posible en 55 años, pero incapaces de pensar en favor de su país y temerosos de perder su pequeño reino de taifa; una actitud lógica tras décadas de totalitarismo.

Un Buena Vista Social Club político

A Raúl Castro le ha pasado casi como a los músicos de Buena Vista Social Club, que solo alcanzaron reconocimiento mundial con más de 80 años cumplidos, pero nunca es tarde, si la dicha llega y en vez de aplazar el arreglo bilateral, decidió aprovechar el último tren de su vida política y casi biológica.

Esta vez, Raúl Castro no ha obviado evocar al «compañero Fidel», pero se ha reservado el show del recibimiento de los espías y del reencuentro con sus familiares, al que solo asistieron su hijo Alejandro Castro Espín y su nieto, Raúl Rodríguez Castro. Mas claro, el agua.

La noticia del año es el mejor regalo navideño para los cubanos que sueñan con construir una Cuba posible en la que quepamos todos con justicia. Ello no implica que la hoja de ruta esté exenta de peligros y de enemigos a ambos lados del Estrecho de la Florida.

Cuba sigue siendo una nación empobrecida, dependiente de uno o más socios externos y sin una clase media que amortigüe las tentaciones ciudadanas de tomarse justicia por su mano por años de agravios, injusticias y marginaciones. Ahora mismo, la mayoría de los cubanos no tiene nada que perder.

Tampoco faltarán los castristas anonadados y temerosos, que a esta hora se creen traicionados por un pacto cocinado a tres bandas y del que apenas se han dado detalles; y del otro lado, anticastristas anonadados que también se sienten traicionados por un presidente norteamericano y creen que han perdido frente a los Castro.

Ambos bandos saben, aunque no lo reconozcan públicamente, que -en estos casos- siempre es preferible un mal acuerdo, en el que las dos partes cedan y pierdan algo; a un pleito prolongado que siga posponiendo la democracia, el desarrollo económico y la justicia social.

Peligros de la libre competencia

Pero estos no son los únicos adversarios o peligros de la búsqueda de la normalidad entre Cuba y Estados Unidos; también cabe mencionar aquí a muchos empresarios cubanoamericanos que han hecho suficiente dinero con el diferendo bilateral.

El incipiente grupo de emprendedores cubanos, unos hijos de la nomenclatura y otros con el dinero enviado por familiares en el exilio o ganado por ellos en diferentes actividades, pueden ver en peligro su posición de privilegio en un mercado aún cerrado, pero que acabará abriéndose a la libre competencia.

Por si fuera poco, la noticia es la peor posible para los vecinos caribeños e iberoamericanos que -hasta ahora- habían jugado la carta de usar a Cuba como contrapeso en sus relaciones con Estados Unidos, criticándole por mantener el embargo económico, pero con los dedos cruzados para que Washington no lo hiciera porque una Cuba normal, aflorará el valioso capital humano que formó la revolución, deseoso de probarse con sus pares del mundo desarrollado y ávido de libertad, desodorante y carne de ternera.

El acuerdo es una oportunidad de oro para la oposición interna y el exilio cubano, obligados ahora al pragmatismo y la generosidad; aunque les duela que Castro se haya salido parcialmente con la suya, al triunfar en una primera etapa su tesis de que el diferendo era con Estados Unidos y no con un sector de su pueblo.

Una relación bilateral respetuosa y equilibrada será el mejor aliado de los demócratas cubanos, aunque en esta hora, algunos no lo vean o no quieran verlo y se afanen en disparar contra Obama y Raúl Castro.

Un reto de altos quilates

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos es un reto para todo el arco político cubano -incluidos los congresistas y senadores cubanoamericanos- mientras el castrismo ya ha perdido el comodín de culpar de casi todos sus males al enemigo yanqui y sigue sin liquidez monetaria.

Al menos, una familia norteamericana y cuatro cubanas celebrarán estas navidades con la alegría del reencuentro, tras años de cárcel y extravío; en la mayoría de las mesas cubanas habrá abundancia de esperanzas y buenos deseos, pero seguirá faltando de casi todo para llevarse a la boca.

La fecha elegida para el anuncio, puede ser un guiño a los creyentes y al mediador, el Papa Francisco I. Día de San Lázaro, Obispo de Betania, pero también aquel pobre tullido de la parábola arrojado a los pies del rico Epulón y comiendo de sus sobras; y Babalú Ayé, una de las deidades yorubas con más seguidores dentro de la isla, al que acuden en peregrinación anual para rogarle salud y desenvolvimiento.

El 17 de diciembre de 2014, a las 12 del mediodía (hora cubana y del Este de Estados Unidos acabó la partida de ping pong más larga, absurda e injusta de la historia y que ha contribuido a la ruina de una país con virtudes para ser libre y próspero. Motivos hay para la alegría, pero aún no lancemos las campanas al vuelo, el dominó acaba de comenzar y algún jugador guarda el doble blanco.

Compartir: