Fue una jornada histórica para Cuba en el Campeonato Mundial de Atletismo que se desarrolla en Tokio, con el protagonismo de dos atletas mujeres que están en la plenitud de sus facultades y listas para empeños de grandeza.
El atletismo cubano se agenció un título en triple salto por vía de la pinareña Leyanis Pérez, mientras que la cienfueguera Roxana Gómez llegó sexta en la final de 400 metros, en la carrera femenina más rápida que se haya producido jamás en la distancia, estableciendo un tiempo que desbanca el récord establecido por otra cubana inmensa, la gran Ana Fidelia Quirot.
Día de honores para el deporte cubano y para nuestras atletas, que están sacando la cara por su país en la hora más dramática de las penurias nacionales en todos los terrenos.
Leyanis Pérez se coronó como campeona mundial con un salto de 14.94 metros, desplazando a las dos últimas campeonas olímpicas de la especialidad: la dominiquesa Thea Lafond (14.78), titular en París 2024, y la venezolana Yulimar Rojas (14.76), que lo fue en Tokio 2020. Con otro salto muy respetable de 14.72, otra cubana, Liadagmis Povea, fue cuarta en la competencia para adelantarse a la jamaicana Shanieka Ricketts, quinta con 14.66.

Después de superar lesiones y una actuación para el olvido en la Olimpiada de París 2024, la pinareña, de 23 años, fue subiendo en cada intento y en el cuarto salto logró la marca que le aseguraría la corona. La secuencia de saltos fue escalando del inicial de 14.85 metros, que le hubiera bastado para titularse, luego un 14.90 y el decisivo 14.94, que es la mejor marca de la temporada al aire libre.
Parecía que estaba por alcanzar los 15 metros y lo intentó con perseverancia, sin conseguirlo esta jornada de gloria en Tokio. Pero es cuestión de tiempo, por su juventud y tenacidad.
Casi cerrando la batalla del triple salto, el Estadio Nacional de Tokio quedaba a la expectativa de un acontecimiento que se avizoraba como una carrera para la historia. Y fue eso y algo más también para Cuba.
Para los comentaristas, los expertos en atletismo y los registros estadísticos, los 400 metros planos que se corrieron este jueves en la capital japonesa figuran como la mejor carrera femenina para la distancia en todos los tiempos.
Para que se tenga una idea de la excepcionalidad de lo ocurrido en la pista, debe tenerse en cuenta que la ganadora, la estadounidense Sydney McLaughlin-Levrone, paró los relojes en 47.78 segundos, lo que constituye el segundo mejor registro de la historia, a 18 centésimas de los 47.60 que estableció la alemana Marita Koch el 6 de octubre de 1985, en un récord mundial rodeado por la duda y el descreimiento.

La plata fue para la dominicana Marileidy Paulino, quien hizo un espectacular 47.98, consiguiendo bajar por primera vez en su trayectoria de la barrera de los 48 segundos. La barení Salwa Eid Naser, con 48.19, se quedó con el bronce.
Debe recordarse que antes de la competencia de este jueves, solo Koch y la checa Jarmila Kratochvilová (47.99) habían podido rebajar los 48 segundos en la vuelta al óvalo.
Y en este mapa de proezas es donde hay que situar la virtuosa carrera de Roxana Gómez, que con 49.48 destrozó el 49.61 establecido por Ana Fidelia Quirot el 5 de agosto de 1991, y se situó entre las 50 mejores corredoras del ranking histórico en esta modalidad.
Con 26 años, Gómez es también un ejemplo de disciplina para sobreponerse a las lesiones que entorpecieron su desempeño en años recientes, particularmente cuando llegó a la final olímpica en Tokio 2020, que la pandemia de la COVID aplazó hasta 2021.
En esa ocasión, la velocista cienfueguera fue finalista en los 400 metros con marca personal de 49.71 segundos, el segundo mejor registro histórico de Cuba y a solo 10 centésimas del récord de Quirot, pero se lesionó apenas en la primera curva de la pista y tuvo que abandonar la carrera.
A esta avalancha de victorias de las atletas cubanas hay que sumar las demostraciones de Dayli Cooper, que con registro de 1:58.16 se coló en la semifinal de los 800 metros, y de Anisleidis Ochoa en los 5,000 metros, primera mujer de nuestro país en intervenir en una prueba de fondo en la pista en un Campeonato Mundial.

Solo la participación de Ochoa en la prueba, junto a competidoras con mejores tiempos que ella en su totalidad, era ya un avance enorme. Pero Ochoa consiguió bajar en dos segundos su propio registro personal y fijar un 15:31.35, que es nueva marca absoluta en Cuba.
A la labor desplegada en Tokio por las corredoras, se añade el bronce alcanzado días atrás en el lanzamiento del disco por Silinda Morales con un disparo de 67.25 metros. Cuba se confirma como una potencia de discóbolas, con ocho preseas de distintos colores en el medallero histórico de la especialidad.
Ha sido una gratísima sorpresa este repuntar del atletismo cubano en Tokio con el empuje y el talento de sus representantes femeninas. Una brisa estimulante en un panorama de sequías y tropiezos que, como todo en el país, tendrá que acabar alguna vez.