Si hoy las críticas y los ataques a nuevos músicos por parte de artistas ya consagrados le parecen algo nuevo –pensemos, por ejemplo, en lo que se dice sobre Bad Bunny o Rosalía) le propongo hacer un viaje rápido a La Habana de 1958 y descubrir esta historia entre dos colosos de la música popular cubana. Nada es nuevo bajo el sol.
Acaba de empezar el año y si bien el país figura entre los más prósperos de América Latina por varios indicadores, entre ellos, abundancia alimentaria y un mercado laboral abierto, en temas políticos las cosas no tienen un buen pronóstico y el conflicto entre las fuerzas militares de Fulgencio Batista y las tropas guerrilleras de Fidel Castro tendrá su desenlace en la madrugada del 31 de diciembre.
La capital, con esa belleza arquitectónica que la distinguía a nivel mundial, es el principal foco de presentaciones artísticas. La vida cultural habanera es de otro nivel, a cualquier hora y en cualquier punto de la ciudad.
En 1958 la revista Bohemia, propiedad de Miguel Ángel Quevedo, celebra los 50 años de su fundación como una de las publicaciones más leídas en Cuba y también fuera del territorio nacional. Por ejemplo, en pueblos como Tapachula, México, se vende semanalmente.
En las páginas del magazine cubano aparecen relevantes firmas, entre ellas las del poeta y periodista tunero Guillermo González Gómez, más conocido como Guillermo Villarronda, con una notable labor literaria que figura en la selección La poesía cubana en 1936, de Juan Ramón Jiménez.
Villarronda, reconocido también por sus entrevistas a personajes de la cultura cubana, publica en Bohemia una impactante conversación con María Teresa Vera, bajo un título conmovedor: «¡La Reina de la vieja guardia puede morir de hambre!»
Con diez fotografías de Pedro Barcalá, el artículo recoge la precaria situación que vive la artista, hace un balance de sus triunfos ycuenta algunas anécdotas relacionadas con sus canciones.

Pero, en un momento del diálogo, la intérprete de “Santa Cecilia” estalla. Así lo describe el periodista:
“Riendo sosegadamente —saltando de la pena ancha al ancho regocijo— se refirió al cantante Rolando Laserie—cuya serie de despropósitos musicales encienden la sangre de la magnífica trovadora —con estos conceptos”.
Entre mentiras y prejuicios
Para 1958 Rolando Laserie ya había comenzado su ascenso meteórico en la interpretación, después de desempeñarse como percusionista en la orquesta del programa televisivo El Show del Mediodía, con Germán Pinelli, y en el cabaret Sans Souci, donde su faceta de cantante quedaba relegada a un segundo plano.
Su descubrimiento como solista fue el resultado de la visión compartida entre Guillermo Álvarez Guedes y Ernesto Duarte. Después de formalizar el contrato de exclusividad, ambos productores seleccionaron para Laserie el bolero “Mentiras tuyas”, de Mario Fernández Porta.
El escritor Lázaro Caballero Aranzola, autor de la biografía ¡De película! Rolando Laserie, sostiene que la grabación se realizó con el respaldo de la orquesta de Duarte, buscando establecer desde el principio un estilo vocal innovador que diferenciara a Laserie de otros intérpretes de la época.
“Aunque las emisoras de radio no mostraron un interés unánime al principio, la respuesta del público cambió el panorama rápidamente. Las constantes peticiones telefónicas de los oyentes transformaron la grabación en un fenómeno de popularidad, permitiendo que el nuevo cantante compitiera en las listas de éxitos con figuras de la talla de Benny Moré y Olga Guillot. A partir de ese triunfo, el repertorio se expandió con otros temas, consolidando definitivamente la carrera del artista bajo la guía de sus descubridores”, nos cuenta Caballero Aranzola.
Pero, hay un detalle: Fernández Porta no entiende el estilo de Laserie y mucho menos acepta que un tema de su autoría sea versionado de esa manera. Lo tilda de insultante y un destrozo musical. Sin embargo, la versión de “Mentiras tuyas” siguió escalando y llegó a posicionarse en los primeros lugares de popularidad. Además, alcanzó la considerable cifra de treinta mil copias venidas. La realidad rompió con los prejuicios del autor.
“El éxito de Rolando Laserie en 1957 marcó un hito en la música cubana con el bolero “Mentiras tuyas”. Inicialmente, su nombre apareció en los créditos del primer tiraje del sello GEMA, oculto tras el nombre de la Orquesta de Ernesto Duarte, no obstante, la abrumadora respuesta del público obligó a una reedición que puso al cantante en primer plano”, explica Lázaro Caballero.
Delitos de lesa música
Lo que no imagina Laserie es que un año después volverían los ataques, esta vez desde una artista convertida ya en leyenda de la música cubana.
Volvamos a la entrevista de Guillermo Villarronda y a las enérgicas declaraciones de María Teresa Vera:
—Creo que no hay derecho a que este señor Laserie siga asesinando canciones, boleros, guarachas, rumbas, etc., como un nuevo destripador de las Antillas. Resulta intolerable que un individuo, por el solo afán de “romper con la rutina”, como algunos suelen decir, arremeta impunemente contra los sagrados intereses de infinidad de autores, cubanos o extranjeros, vivos o muertos. Por lo que a mi respecta, le prohíbo al señor Laserie que cante cualquiera de mis producciones.
¿Y si lo hace?
—Entonces tendré que buscar el auxilio de los Tribunales de Justicia. Porque, si hay delitos de lesa música, los del señor Laserie son de extrema gravedad.
María Teresa Vera tenía entonces 63 años y Rolando Laserie, apenas 35. La diferencia generacional era inmensa, y la Madre de la Trova no logra comprender, en ese momento, que la música también está sometida a transformaciones.
Es muy probable que el factor edad haya influido en esas enérgicas apreciaciones de María Teresa, con 47 años de carrera artística, y defensora tenaz de un estilo tradicional. Desafiar las estructuras establecidas —como lo hizo ella misma décadas atrás— no siempre fue ni es aceptado por la mayoría y, desafortunadamente, quienes están decididos a innovar o buscar otros caminos tendrán que enfrentarse a criterios injustos, ataques e incluso veladas amenazas, como fue el caso.
No encontramos otras referencias en la prensa de la época sobre aquellas declaraciones. Tampoco hay evidencias gráficas de que ambos artistas compartieran escenario o en algún programa de la televisión. Incluso, en la discografía de Rolando Laserie no aparecen versiones de los temas más clásicos de María Teresa Vera como “Santa Cecilia”, “Longina” o “Veinte años”.
Sin embargo, una foto guardada durante más de 60 años en una casa de Coral Gables, Florida, demuestra lo que sospechábamos: El Guapachoso sí estuvo al tanto de los dardos lanzados por María Teresa contra él en Bohemia.
Fechada en 1958, la imagen —inédita hasta ahora— recoge el instante en que Rolando Laserie lee la entrevista con una discreta sonrisa, desde su casa en la calle Concepción, en la barriada habanera de Lawton.
En 1965 murió la insigne trovadora a la edad de 70 años. Para entonces, Rolando Laserie había emigrado a Venezuela y luego se radica en Estados Unidos donde fallece en 1998, con 75 años. Tanto ella como él, con sus estilos y contrastes, forman parte de las esencias musicales de la gran Cuba.
Ahí están sus voces, cantándonos al oído, con guapería y elegancia. Con el magisterio de los grandes de siempre.