La joven habanera Gabriela Zequeira Hernández fue uno de los rostros emblemáticos de las protestas del 11-J. Tenía entonces 17 años cuando resultó arrestada tras involucrarse en la manifestación que tomó las calles de la barriada de San Miguel Padrón aquel domingo, cuando ella caminaba a casa desde la peluquería.
Estuvo detenida e incomunicada por diez días en la prisión de 100 y Álabo, en el municipio Boyeros, donde los carceleros la obligaron a desnudarse y le introdujeron un dedo en su vagina para verificar que no ocultaba nada, según registró el reporte anual de Derechos Humanos del Departamento de Estado.
Sus represores le interrumpieron el sueño durante el arresto, se burlaron de ella y la amenazaron con violencia sexual.
Gabriela fue condenada a ocho meses de arresto domiciliario por “desorden público”.
Hoy, con 22 años y convertida en madre de un niño, prosigue su vida en el mismo barrio, angustiada por los tormentos de la sobrevivencia cotidiana y lanza su desesperado clamor por un cambio en Cuba: “Los cubanos no podemos aguantar más”.