Luto en la música latina: Fallece Eddie Palmieri, el arquitecto de la salsa

Pianista, compositor, director de orquesta y genio musical de nuestro tiempo, Palmieri es considerado un innovador musical que revolucionó la salsa y el jazz latino, con apego a las raíces afrocubanas.

Ha muerto este miércoles un coloso de la música afrolatina, cultor de los ritmos cubanos y creador de las sonoridades que más impactaron la cultura popular en Estados Unidos en el siglo XX: Eddie Palmieri, pianista, compositor, director de orquesta y genio musical de nuestro tiempo. Tenía 88 años.

La familia confirmó el fallecimiento de Palmieri en su casa en Hackensack, Nueva Jersey, tras un largo padecimiento no especificado.

“Un día triste para la música. Se nos fue uno de los más grandes de todos los tiempos, un innovador. El hombre que revolucionó la salsa y el latin jazz. Mi gran amigo Eddie Palmieri”, dijo el célebre pianista cubano Chucho Valdés al conocer la noticia.

El periodista y crítico musical Giovanni Russonello, editor fundador de CapitalBop, ha publicado un documentado obituario en The New York Times que repasa la vida, conducta y pasión febril del artista. Palmieri fue también un hombre visionario, de aguda perspicacia intelectual, forjado en el autodidactismo y la sabiduría de la calle; no llegó a graduarse siquiera de la escuela secundaria, pero sus conocimientos y destrezas lo definieron como un hombre culto.

Y tenía una personalidad recia. A menudo enfrentó a ejecutivos musicales, entidades y personajes turbios de la industria musical –la llamaba “mafia de la música”– ante lo que consideraba injusticias, fue investigado por el FBI y sostuvo sonadas disputas con el Servicio de Rentas Internas (IRS) por los gravámenes impositivos y las regalías de sus creaciones.

Hay demasiados sucesos prominentes que validan la carrera de Palmieri desde el momento en que se lanzó a crear una música singular, con sabor de mezclas portentosas de jazz, patrones rítmicos afrocubanos, rock vanguardista y varias porciones de composiciones clásicas.

Nacido el 15 de diciembre de 1936 en Nueva York, adonde se habían mudado sus padres desde Ponce, Puerto Rico. La familia se estableció en el sur del Bronx y junto a su hermano mayor, Charlie, participó desde pequeño en concursos de talento musical, mientras ayudaba a su padre vendiendo comestibles en El Barrio, epicentro de la comunidad puertorriqueña en la Gran Manzana.

Empezó tocando el piano en su adolescencia, pero pronto se desvió hacia lo que sería su primera fascinación por los timbales, los tambores que marcan la sonoridad impetuosa de la música afrocubana. A los 14 años dirigió una banda con el vocalista Joe Quijano, y pocos años después, en 1956, se unió al conjunto del cantante cubano Vicentico Valdés.

Pero su despegue en el panorama musical neoyorquino va a producirse en 1961, cuando funda su primera banda, llamada La Perfecta, con ocho integrantes, siguiendo el formato clásico de los conjuntos cubanos.

Palmieri a comienzos de los años 60, con La Perfecta. Foto:.Tom Copi/Michael Ochs Archive.

Con La Perfecta, Palmieri va a idear y generar muchos de los cambios estilísticos que conmocionarán la música latina en los tiempos venideros. Rusonello considera que la agrupación “aportó un nuevo nivel de economía e influencia jazzística a una escena del mambo que apenas comenzaba a perder fuerza tras el auge de la posguerra, y sentó las bases de lo que se conocería como salsa”.

Así realmente comenzó a fraguarse ese movimiento llamado salsa, una palabra con la que Palmieri nunca se sintió cómodo para definir lo que había creado. Y ahora que algunos andan redescubriendo las raíces afrocubanas de la salsa, pues él lo había reiterado una y otra vez, desde siempre: “Mi música tiene raíces afrocubanas; soy un afrocaribeño”.

En La Perfecta se verificará uno de sus aportes esenciales al formato y al sonido de las orquestas de música latina con la creación de una “trombanga”, utilizando tres trombones para la charanga en sustitución de los tradicionales violines y flauta. De esa forma, le otorgó el protagonismo a los trombones, insuflándoles un poder especial para impulsar la melodía.

Con el sello Alegre vieron la luz álbumes de inconfundible raigambre afrolatina como Conjunto La Perfecta (1962); El Molestoso (1963); Lo que traigo es sabroso y Echando pa’lante, ambos de 1964; Azúcar pa’ti y Mozambique, de 1965; y Bamboléate (1967). El mozambique –claro está– bajo la inspiración del ritmo que había inaugurado Pello el Afrokán en Cuba, con elementos de conga, rumba y toques del folklore lucumí (Iyesá).

Y ya, entrada la década de los 70s, la fusión se complejiza, combinando jazz, rock, funk e incluso música clásica moderna en producciones como Vámonos pa’l monte y The Sun of Latin Music. Otras dos figuras cubanas impresindibles van a sumarse a sus experimentos de estos años: el contrabajista Israel «Cachao» López en el disco Champagne, y Alfredo «Chocolate» Armenteros en la versión de «Chocolate Ice Cream».

Un coctel de sonoridades, entre las que el sabor afrocubano aflora indefectiblemente, impregnándolo todo con su latido cautivador. No todas las influencias y las aventuras creativas desembocaban siempre en éxitos comerciales, pero sí quedaba claro que el sentido de experimentación estaba alumbrando un producto sonoro diferente.

Para 1975, el historiador y crítico Robert Farris Thompson habló de la salsa en términos de profecía: «Podría decirse que está naciendo una nueva música del mundo».

Es importante destacar que el tema «Azúcar», un punto de inflexión en la popularidad alcanzada por La Perfecta, no tiene que ver con el grito popularizado por Celia Cruz en sus actuaciones y estampado ahora en una moneda de Estados Unidos. El número de Palmieri, incluido en el LP Azúcar pa’ti, era una descarga de larga improvisación, que podía extenderse por hasta 20 minutos y que se convirtió en pieza emblemática de la banda.

Era también un reto de energía para los bailadores y un aldabonazo que selló la suerte de La Perfecta.

La pieza puso a prueba los tiempos permitidos en la radio comercial, con una duración de ocho minutos y medio. Las quejas se sucedían en avalancha cuando los discjockeys no la ponían completo.

En 2009, el tema se incorporó al Registro Nacional de Grabaciones como un hito de la cultura estadounidense.

Palmieri grabó en 1974 el álbum The Sun of Latin Music, con Lalo Rodríguez, el cual se convertiría en la primera producción latina en ganar un premio Grammy.

La cadena de galardones en los Grammy no se hizo esperar. Ganó por Palo pa’ rumba (1984) y Solito (1985), y obtuvo la distinción al Mejor Álbum de Salsa por Masterpiece/Obra Maestra, en colaboración con Tito Puente. en la edición de 2001.

Ganó además otros dos Grammy en la categoría de Mejor Álbum de Jazz Latino por ¡Escúchame aquí! (2005) y Simpático (2006), este último en colaboración con el trompetista Brian Lynch.

En 2013, fue nombrado Maestro de Jazz por el Fondo Nacional para las Artes y recibió el Premio a la Trayectoria Musical durante la 14ta, edición del Grammy Latino.

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