
Por Alberto Aguila
Fui al reencuentro con el estelar ex lanzador Luis Tiant como quien va a una cita de nostalgias con su pasado. Pero descubrí que las memorias pueden retoñar y fructificar en el presente cuando el protagonista es un hombre como Tiant, interesado y fraterno con sus compatriotas de hoy.
Fue la segunda vez que la vida me depara compartir de cerca con Tiant, una de las glorias latinoamericanas de Grandes Ligas y el lanzador cubano con más victorias en las Mayores, con récord de 229-172 en 18 años de duro bregar.
Tiant se apareció en el Juego de las Estrellas cubanas, efectuado en el parque Bucky Dent en Hialeah. Compartió con el recién llegado José Dariel Abreu, firmado por los Medias Blancas de Chicago, y elogió a Yasiel Puig, que sorprendió con su presencia a los asistentes al partido amistoso. En medio de la alegría de los aficionados y de infinidad de periodistas, pude conversar brevemente con él, 54 años después de nuestra primera charla en una Habana que ya es puro recuerdo.
Tiant hizo el primer lanzamiento del juego frente a «Pito» Abreu y estuvo todo el tiempo rodeado de admiradores, que le removieron en la cabeza las estampas pasadas de su paso por Grandes Ligas.
Asombrosa recuperación
«Me he quedado sin palabras, yo no pensé que la gente me recordara tanto por acá», confesó.
Le pregunté de su asombrosa recuperación después de lesionarse seriamente el brazo de lanzar en 1969. “Trabajé muy fuerte, me preparé mucho, corrí demasiado y poco a poco volví a ser yo”, me respondió.
En su campaña de novato en 1964, a los 23 años, el tirador nativo de Marianao obtuvo 10 éxitos y cuatro reveses hasta completar 66 triunfos en cinco contiendas, pero en 1969, su brazo derecho le falló estrepitosmente y bajó a nueve victorias y 20 derrotas.
En 1970, reapareció con el uniforme de los Mellizos de Minnesota y trabajó solo 92 innings con 7-3. Fue cambiado al Atlanta y luego a Ligas Menores. Un año después llegó a los Medias Rojas de Boston, donde tuvo una desastrosa temporada, con una sola victoria y siete reveses en 71 episodios.

Pero la confianza en sí mismo y su voluntad por triunfar no cesaron. Al año siguiente reapareció con mejor desempeño que antes. «Gané 15 y seis, y tiré para 1.91 en 179 entradas, ante el asombro de todos”, recordó.
Traté de desentrañar uno de los secretos de veteranos peloteros cubanos en Grandes Ligas y lidiaron con el invierno estadounidense.
-Tiant, tu compatriota Conrado Marrero me dijo que el siempre usaba un jaquet para proteger su brazo. ¿Qué hacía usted?
-Eh, yo también, siempre estaba abrigado o con camisas de mangas largas a través de 22 crudos inviernos… El frío de Cleveland y de Boston y otras ciudades, son como para no recordarlos.
-¿Hay en Ligas Mayores algún pitcher que se parezca a usted en la forma de lanzar?
-Sí, uno solo, Johnny Cueto, un dominicano del Cincinnati, que vira el número en la espalda para los bateadores como yo hacía.
En la pelota venezolana
Muchos no saben que «El Tiante» jugó 10 años en Venezuela. Cuando finalizaba en a temprada de Grandes Ligas, enseguida caía por los terrenos venezolanos. En 1963 militó en el Valencia, después en el Caracas durante cinco años y tres veces con la Guaira. En total ganó allí 37 y perdió 24, con un fenomenal 2.27 de efectividad.
Por eso, sus consejos como asesor de pitcheo de los Medias Rojas de Boston se salgan un poco de la tendencia protectora de brazos que hoy está en boga. No podría ser de otra manera para un hombre que tiró 3,486,1 entradas en su carera.
«Lanzar y lanzar, los brazos jóvenes se fortalecen cuanto más tires», dijo «El Bigotudo», que cumplirá 74 anos el próximo 23 de noviembre.
La jornada del pasado sábado en Hialeah le sirvió para conocer a Puig: «Un pelotero fenomenal, sus condiciones no las he visto en mucho tiempo… Si asienta cabeza y se ajusta a la disciplina de Grandes Ligas, puede llegar a ser muy grande, un nuevo Roberto Clemente».
Viaje a La Habana
Entonces vino el viaje imaginario a La Habana de 1960. Conocí a Tiant a través de mi compañero de estudios José Tartabull, quien a la sazón era jardinero del Marianao en la Liga Cubana de Béisbol.
En 1951, “Wilile” -como apodaban a Tartabull- había sido mi compañero de aula en la Escuela Intermedia, primero, y después en la Superior, situadas ambas en la esquina de Santa Cruz y Cuartel en la ciudad de Cienfuegos. Tartabull y yo teníamos en común repiquetear en los pupitres la música de las comparsas y estar enamorados de la misma mujer: Georgina Weiss, nuestra profesora de Inglés, alta, linda, con ojos azules y elegante.
Por esa vieja relación de adolescencia, mi amigo Tartabull me entraba gratis a los juegos del Marianao en el estadio del Cerro. Una de esas noches, al salir del parque, lo hizo en compañía de Zoilo Versalles, Chico Ruiz y Tiant, quien ese día no jugó. El desafío fue entre Marianao y Cienfuegos, y al terminar me fui con ellos a cenar.
Sentados en una espléndida cafeteria-restaurante de la Calzada del Cerro, los cuatro peloteros pidieron el mismo menú: bistec con papas fritas y una cerveza nacional. Yo, en cambio, solicité un pargo frito, tostones y una fría “Cabeza de Perro”.
Ahí mismo, sentado frente a mi, el jovencito Tiant, me pronosticó: «Compadre, usted va a durar mil años, porque te alimentas bien…”
Todos nos reímos con sus palabras. No pasarán tantos, pero ya hicieron 54 de aquella inolvidable cena habanera.